En RSI, desde las primeras clases, Lacan comienza a interrogar de manera sistemática la cantidad de consistencias implicadas en un anudamiento. Esta preocupación no surge de la nada: ya en Aún había aparecido la cuestión al poner en primer plano la especificidad del modo de lazo, lo que le permitió comparar cadenas compuestas por distintos números de anillos y diferenciar, por ejemplo, una cadena borromea de una thomeana.
A lo largo del seminario, esta indagación adquiere un estatuto central. El punto clave es la diferencia estructural entre una cadena de tres y una de cuatro consistencias.
En una cadena borromea de tres toros, ningún elemento limita el intercambio de posiciones entre los registros. Las consistencias pueden permutarse sin restricciones, lo cual tiene una consecuencia precisa: un nudo de tres no es orientable. La falta de una orientación estable remite directamente al problema del sentido, que permanece flotante mientras nada opere como freno o detención.
Cuando en cambio la cadena cuenta con cuatro anillos, la situación cambia radicalmente. La función del cuarto elemento consiste en restringir ciertos movimientos posibles entre los registros: algunos intercambios quedan permitidos, pero otros se vuelven imposibles. Como indica la RAE al definir restringir —“ceñir, circunscribir, constreñir”—, se trata de una operación de prohibición, una limitación estructural. Y es precisamente esta restricción la que hace posible orientar el nudo, imprimirle un sentido.
Este pasaje —de la libre permutación a la orientación por efecto de la prohibición— muestra todo el espesor lógico de la enseñanza lacaniana. No es casual que Lacan conecte esta función del cuarto anillo con una formulación temprana, en Las psicosis: “El significante ser-padre hace de carretera principal hacia las relaciones sexuales con una mujer”.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario