viernes, 28 de noviembre de 2025

RSI: el punto de llegada y el giro de la nominación

El Seminario RSI representa la culminación de un extenso recorrido, porque en él se materializa una apuesta sostenida durante años: dotar a la estructura de una formalización propia, la cadena borromea. No se trata de un artificio ni de un simple modelo, sino de un hallazgo en el sentido más estricto, algo encontrado en la manipulación de las consistencias que permite captar la estructura del sujeto desde otro lugar.

Al mismo tiempo, RSI marca un punto de inflexión en una enseñanza que, para entonces, ya se extendía por casi veinticinco años. Ese viraje se vuelve evidente cuando Lacan interroga si la nominación puede mantenerse ligada exclusivamente a la operación paterna. Lejos de significar un abandono de Freud —Lacan mismo lo reafirma en Caracas, en 1980— esta pregunta permite subrayar una diferencia insistente entre el inconsciente freudiano y el inconsciente que se recorta en su propia transmisión.

En RSI, los registros se reordenan bajo el estatuto de categorías, en el sentido aristotélico: modos del decir que operan de manera irreductible pero comparable. Esta consideración es importante porque introduce una medida común entre lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario. Si cada registro permaneciera estrictamente en su heterogeneidad, quedaría sin resolver la pregunta, tantas veces retomada: ¿qué hace nudo entre los tres?

La solución lacaniana consiste en mostrar que lo imaginario —lejos de su papel especular inicial— aporta una función operatoria esencial, la consistencia, sin la cual no habría anudamiento posible. Esta consistencia imaginaria es la que vuelve posible leer, distinguir y manipular el lazo borromeo en tanto estructura.

Algo de esta orientación ya podía entreverse, desde otro ángulo, en las referencias lacanianas a la lógica de los números imaginarios y de los complejos, tanto en La identificación como en Subversión del sujeto…. Allí ya se vislumbraba que lo imaginario no es mero reflejo, sino un recurso estructural que permite pensar y operar con lo que no tiene representación directa.

En RSI, esta intuición alcanza su punto máximo: la escritura borromea solo se sostiene porque las tres categorías —real, simbólico, imaginario— se anudan como consistencias, y es en ese anudamiento donde la experiencia analítica encuentra su soporte estructural más radical.

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