lunes, 1 de diciembre de 2025

Cuando el nudo se sostiene “de no anudarse”: Sobre la ex-sistencia en lo borromeo

Fabián Shejtman subraya un aspecto decisivo del anudamiento borromeo en Ensayos de clínica psicoanalítica nodal: en este tipo de lazo, las consistencias no se sostienen por la interpenetración de un toro en el agujero del otro. No se “enganchan” ocupando mutuamente sus agujeros; más bien se apoyan unas en otras.

Tomando el caso de tres consistencias, dos pueden considerarse apoyadas, pero el anudamiento depende de un tercero que, pasando por debajo de una y por encima de la otra, las mantiene unidas. El problema es evidente: si el nudo de tres no es orientable, ¿cuál es ese tercero? Esta dificultad abre, en el propio desarrollo del Seminario RSI, la vía hacia la necesidad de un cuarto.

Si los registros —Real, Simbólico e Imaginario— no se enlazan penetrándose, sino sosteniéndose mutuamente, entonces es el cuarto el que opera la función anudante, el que aporta la orientación y asegura la cohesión borromea.

Shejtman diferencia claramente dos modalidades de lazo:

  • aquellas donde los registros se interpenetran y, por lo tanto, no hay lugar para la ex-sistencia como soporte,

  • y aquellas donde uno de los elementos ex-siste a los otros, sosteniéndolos desde fuera.

En sus palabras:
“…en el caso del lazo borromeo cada uno de los eslabones ex-siste a los otros dos, es decir, se mantiene por fuera, suelto de ellos: sus eslabones no utilizan sus agujeros para el engarce, ‘se anudan de no anudarse’, en fin, soportan su lazo de su recíproca ex-sistencia. Mientras que en el acople o interpenetración, la ex-sistencia no tiene lugar alguno como soporte del encadenamiento…”.

Esto permite deslindar con precisión diversos tipos de nudos: algunos efectivamente borromeos y otros que sólo aparentan serlo, como sucede con el nudo thomeano, que puede presentarse como borromeo sin cumplir con su lógica estructural.

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