Los trastornos que hoy entendemos como depresión tienen una historia larga: ya en la antigüedad hubo descripciones de lo que se denominaba “melancolía”. Médicos de la Grecia clásica vinculaban esos estados con desequilibrios de los humores corporales.
Es el siglo XX cuando los manuales la instituyen a la “depresión” como categoría diagnóstica, fijándola como diagnóstico técnico.
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DSM-I (1952): habla de "reacción depresiva" y "depresión involutiva".
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DSM-II (1968): introduce “depresión neurótica” y “endógena/reactiva”.
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DSM-III (1980): ocurre gran giro biologicista, aparece Major Depressive Disorder (MDD) como entidad formal. Este es el momento en que el término depression queda definitivamente cristalizado.
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CIE-9 y especialmente CIE-10 (1990): consolidan todo el capítulo con los códigos F32-F33.
Así que, aunque lo que hoy llamamos “depresión” tiene raíces muy antiguas (melancolía, desequilibrio de humores, tristeza patológica, etc.), su formulación como categoría clínica moderna es fruto de transformaciones históricas, médicas y psiquiátricas que se consolidaron hacia fines del siglo XIX y se formalizaron en las grandes clasificaciones del siglo XX.
Actualmente, la depresión dejó de ser una noción difusa y se volvió un síndrome con criterios, una categoría nosográfica, una unidad en investigación y un diagnóstico escribible (para estadísticas, tratamientos, sistemas de salud). Los manuales hacen de la depresión una entidad discreta, cuantificable. Por otro lado, aparece despojada del conflicto, del duelo, del sentido, y quedó más alineada con un modelo médico-biológico.
Podemos decir que la depresión que aparece como tal, en su sentido técnico actual, es por los manuales. Es decir, el término no surgió de ellos, porque ya existía en el lenguaje general y en la psiquiatría del XIX como descripción de un estado. La categoría clínica “depresión”, con criterios formales, umbrales, subtipos y codificación, sí aparece en los manuales (primero DSM, luego CIE).
Esto es similar a lo que pasó con “esquizofrenia”, que de su idea previa sufrió cristalización manualística.
Ahora bien, es el mismo CIE-10 el que nos informa sobre esto:
"Las formas más graves del trastorno depresivo recurrente (F33.2 y F33.3) tienen mucho en común con conceptos más primarios, como los de depresión maníaco-depresiva, melancolía, depresión vital y depresión endógena.
(...)
El riesgo de que un paciente con un trastorno depresivo recurrente sufra un episodio de manía no desaparece jamás totalmente, por muchos que hayan sido los episodios depresivos que haya experimentado. Si esto ocurre, debe modificarse el diagnóstico por el de trastorno afectivo bipolar (F31.–)."
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