martes, 2 de diciembre de 2025

El padre como síntoma: orientación, suplencia y localización en lo borromeo

La función paterna introduce una per-versión en un sentido estrictamente lacaniano: no como desviación moral, sino como versión, giro u orientación que organiza un modo singular de satisfacción. En su operación como excepción, el padre funda una dirección posible para el goce, una manera particular —propia de cada sujeto— de responder a aquello que no tiene solución: lo imposible del goce sexual entendido como complementariedad.

Esta orientación no es metafórica. En la lógica del nudo, orientar es limitar, fijar un modo de lazo. El padre, en tanto operador, instala una suplencia frente a la imposibilidad de la relación sexual. Allí donde no hay relación entre los toros —donde el nudo falla— se forma el síntoma como aquello que anuda, que mantiene unidos los registros pese al lapsus estructural. En este sentido, el síntoma no sólo demuestra un real; permite operar sobre él.

Es en este punto que el padre, como nombre, deviene síntoma. Milner lo expresa con precisión: todo nombre señalado en un punto del nudo se revela, inmediatamente, como el punto del cual el nudo entero depende. Ese punto es aquel donde las tres consistencias se tocan y comparten un mismo lugar. De allí se sigue que todo nombre está simultáneamente tomado en lo simbólico, lo imaginario y lo real.

Nombrar, entonces, implica lazo y localización. Ambas dimensiones son fundamentales: constituyen el sostén mismo de la cadena borromea, cuyo anudamiento se desharía sin ese punto de apoyo. Así, el padre —en tanto nombre que hace función— ocupa la posición de punto de capitón del inconsciente, fijando la orientación desde la cual el sujeto podrá situarse frente a su goce.

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