viernes, 19 de diciembre de 2025

La palabra, la resonancia y el tiempo en la operación analítica

La propia organización del texto “Función y campo…” introduce dos ejes fundamentales para pensar la operación analítica. Por un lado, la noción de resonancia permite situar una dimensión de lo simbólico que no se reduce al efecto de sentido; por otro, se subraya la relevancia de la temporalidad en relación con el sujeto, lo que remite directamente al problema del momento oportuno de la intervención.

Desde este encuadre se abre la cuestión de la técnica analítica, que exige una delimitación rigurosa. Lacan parte de una crítica a la idea de técnica entendida como procedimiento estandarizado. En este contexto, la técnica se define como esencialmente verbal: la palabra constituye tanto el instrumento como el marco mismo de la experiencia analítica.

Aunque este punto podría parecer evidente, no deja de ser pertinente interrogar cuántas veces las intervenciones analíticas derivan hacia la elucidación o la producción de significaciones, como si allí se agotara su alcance.

Ahora bien, si desde el comienzo se sostiene que la primacía de lo simbólico no implica que todo el campo sea significable, se vuelve necesario dar lugar a lo inefable, a lo que no se puede explicar con palabras. Lejos de ser ajeno al orden simbólico, lo inefable lo caracteriza: no todo puede ser simbolizado, y por ello la cuestión se desplaza hacia su modo de retorno. ¿De qué manera y en qué lugar retorna aquello que no puede decirse?, ¿cómo se lo escucha?, ¿qué implica, en este sentido, que algo “resuene”?

Es en el campo así delimitado donde Lacan puede retomar la problemática de lo indecible de la pulsión, esa mudez con la que Freud la describe. Si bien pueden señalarse diferencias entre ambos planteos, Lacan sitúa la pulsión como un efecto de la palabra, aun cuando esta no pueda sino hacerla resonar.

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