La diferencia epistemológica entre la ciencia y el psicoanálisis es formulada por Lacan en torno a sus objetos de estudio: el saber y la verdad. Para el psicoanálisis lacaniano, saber y verdad no son equivalentes: el saber se articula en el registro simbólico como sistema de significantes, mientras que la verdad es la verdad del deseo (inseparable del goce), una negatividad que excede al sujeto y constituye un efecto involuntario de su división.
“La inscripción no muerde el mismo lado del pergamino, viniendo de la plancha de imprimir de la verdad o de la del saber.” (Lacan, 1966)
El saber se organiza en cadenas significantes, en discursos que buscan certezas y explicaciones; la ciencia, como discurso, produce saber y lo acumula para suturar la falta. La verdad, en cambio, no es un saber oculto, sino la división del sujeto: la hiancia que se manifiesta en el deseo y que nunca puede ser dicha del todo. Lacan se diferencia de Freud al no tomar la ciencia como su ideal, pues la verdad del inconsciente no es un saber escondido que espera ser descubierto, sino el efecto de los significantes sobre el cuerpo viviente que engendra el deseo y el goce.
Así como para Marx el trabajo imprime plusvalía sobre los insumos, el cuerpo imprime sobre el lenguaje un plus de goce. Mientras el saber se organiza en discursos y explicaciones que buscan suturar la falta, la verdad es la división misma, aquello que nunca puede ser dicho completamente porque marca el límite del saber. La verdad se manifiesta como exceso, como resto que no puede ser absorbido por el sistema significante:
“El deseo implica no saber qué es lo que se desea. No se sabe qué es lo que se desea en eso que se desea.” (Lacan, 1963)
Típicamente, el sujeto que entra en análisis exigiendo certeza busca desesperadamente conocimiento; pero lo que la experiencia psicoanalítica demuestra una y otra vez es que este mismo sujeto está, al mismo tiempo, desesperado por no saber nada acerca de la verdad de su deseo.
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