viernes, 9 de enero de 2026

Discurso, necesidad y suplencia: el síntoma como artificio lógico

Ese eslabón que constituye la estructura de los discursos, y que se sitúa en el pasaje de lo serial a lo modal, abre la posibilidad de comenzar a delimitar la función de la suplencia. No se trata ya de una mera sucesión de elementos, sino de una operatoria que introduce modalidades lógicas capaces de ordenar lo que, de otro modo, quedaría librado a la dispersión.

El discurso, soportado en la barra como escritura de un corte, se instituye como un artefacto y, en tanto tal, como un organizador del goce. Con ello queremos indicar que a través del discurso se erige una verdadera economía política del goce, que viene a desplazar el campo de la energética freudiana. Mientras que en esta última predomina una lógica afín al mecanicismo, el abordaje discursivo introduce un campo estrictamente lógico para pensar el goce y su distribución.

En tanto artificio, el discurso permite emplazar aquello que Lacan denomina, en un primer momento, una “necesidad de discurso”. Más adelante, esta formulación adquiere el estatuto lógico de lo necesario, prefigurando la función del síntoma como suplencia. La necesidad lógica no es exterior al discurso: es un hecho de discurso, se inscribe en él y está hecha de él. Es allí donde se juega lo que no cesa de escribirse.

¿Por qué resulta necesario, precisamente, poner en forma este estatuto del síntoma, este retorno sobre su función? Porque allí donde el sujeto se encuentra separado del goce, se vuelve imprescindible el funcionamiento de algún artificio que haga posible su acceso al cuerpo de un partenaire. En esta perspectiva puede leerse la afirmación de De un discurso que no fuese del semblante: dado que la escritura de la relación sexual es imposible, “sólo hay relación lógica”.

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