jueves, 8 de enero de 2026

El sujeto lacaniano: génesis, causalidad y temporalidad

A lo largo de la enseñanza de Lacan, el concepto de sujeto atraviesa una serie de precisiones y reformulaciones, aunque ciertas constantes permanecen inalteradas: el sujeto no se define por la autonomía ni por la transparencia de la conciencia, y tampoco queda asimilado a la función del agente. Desde el inicio, se trata de un sujeto descentrado, no dueño de sus actos ni fundamento de sí mismo.

Su introducción en la teoría puede pensarse como el resultado de una operación de lectura que Lacan realiza sobre el texto freudiano. Esta lectura se articula con una perspectiva creacionista respecto de la incidencia del significante, en la medida en que el sujeto no preexiste a dicha incidencia, sino que emerge a partir de ella.

La dimensión ex nihilo —la posibilidad de creación a partir de la nada, radicalmente opuesta al razonamiento helénico— permite situar un primer abordaje del problema del inicio. Definir al sujeto como algo que está por advenir implica no sólo que deben darse determinadas condiciones simbólicas para que pueda producirse como efecto, sino también que el sujeto queda excluido de toda referencia a lo eterno o substancial. Se trata, en consecuencia, de un sujeto radicalmente desustancializado.

Las condiciones simbólicas y significantes del inicio abren directamente al problema de la causalidad en psicoanálisis, interrogado por Lacan desde sus primeros escritos, en particular en Acerca de la causalidad psíquica. Allí, la causalidad se define a partir de la hiancia entre causa y efecto, y también mediante la articulación específica entre causa y sujeto, una articulación que no puede reducirse a un esquema determinista clásico.

Esta última formulación encuentra un desarrollo estructural claro en el grafo del deseo, donde se pone en juego un tratamiento singular de dos coordenadas fundamentales de la ciencia: el tiempo y el espacio. Entre ambas se despliega una temporalidad que quiebra la secuencia lineal pasado–presente–futuro, introduciendo una lógica retroactiva en la constitución misma del sujeto.

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