Uno de los planteos más novedosos que Lacan introduce respecto de la verdad consiste en situarla en su dimensión de causa, a la luz de la doctrina aristotélica de las cuatro causas. Este desplazamiento permite sustraer a la verdad de una concepción meramente epistemológica para inscribirla en una lógica causal propia del psicoanálisis.
Un primer punto, reiteradamente subrayado a lo largo de su enseñanza, es la separación entre saber y verdad. Por un lado, siempre hay un saber que falta sobre la verdad; por otro, y de modo concomitante, la verdad del saber se ubica en el límite de aquello que el saber no logra escribir. Ese límite introduce a lo real como horizonte, marcando el punto donde el saber tropieza con su imposibilidad.
Es Freud quien, a través del síntoma, reintroduce la verdad que la ciencia había dejado de lado. Para el psicoanálisis, la verdad se pone en juego de manera amordazada en el síntoma: se trata de la verdad del deseo, en tanto “lo que pasó por el Otro”, tal como se formula en Función y campo…. La articulación entre verdad y deseo delimita así un límite estructural que conducirá a Lacan a afirmar, en otro momento, que la verdad es no-toda, ya que sólo puede decirse a medias.
Ahora bien, que aquello que pasó por el Otro se entrame en el deseo en el campo de la verdad, bajo la forma cifrada del síntoma, no implica que la verdad del deseo conlleve la posibilidad de saberla. De allí que Lacan subraye el carácter de “drama subjetivo” que puede implicar la verdad, en tanto a veces confronta al sujeto con un agujero sin mediación, como puede observarse en el caso de Cantor, entre otros.
Para el psicoanálisis, entonces, la verdad adquiere el estatuto de causa material, precisamente por la incidencia del significante en el advenimiento del sujeto. En este sentido, el significante se sitúa como causa material del inconsciente. Se trata de una operación primaria y fundante, que Freud pensó bajo la forma de la Bejahung o afirmación primordial: la incidencia del significante cuenta aquí por su materialidad, en total independencia de los efectos de significación que pueda producir.
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