La distinción entre inconsciente intérprete e inconsciente real corresponde al último período de la enseñanza de Jacques Lacan. No es una oposición formal establecida como dos conceptos cerrados en un mismo momento, sino una diferenciación progresiva que aparece cuando Lacan empieza a cuestionar los límites del inconsciente pensado únicamente como estructura de lenguaje.
En los años 50 y comienzos de los 60, en su primera enseñanza, Lacan define el inconsciente con su famosa fórmula:
“El inconsciente está estructurado como un lenguaje.”
Aquí el inconsciente funciona como un sistema de significantes que produce sentido y que puede ser interpretado. En este punto, el inconsciente está organizado como cadena significante y se manifiesta en formaciones del inconsciente: lapsus, sueños, chistes, síntomas. Se trata del inconsciente que responde a la interpretación del analista: la interpretación permite desplazar o producir nuevos sentidos.
En este modelo, el inconsciente habla, quiere decir algo y se descifra.
Por eso muchos autores lo llaman “inconsciente intérprete” o “inconsciente transferencial”: es el inconsciente que produce significaciones en transferencia. Este es el inconsciente del Seminario 11 (1964): El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis
A partir de los años 70, Lacan encuentra un límite clínico importante: aparece el problema de los fenómenos que no se dejan interpretar. Por ejemplo, ciertas repeticiones de goce, síntomas que no cambian aunque se interpreten, fijaciones del cuerpo y fenómenos de goce opaco.
Entonces Lacan empieza a decir que no todo en el inconsciente produce sentido. De esta manera, aparece la idea de inconsciente real.
Este inconsciente no está hecho para ser interpretado, ni produce sentido. Es un resto de goce y aparece como repetición automática. En lugar de significantes que quieren decir algo, encontramos S1 aislados, letras, marcas de goce en el cuerpo. Este inconsciente se vincula con conceptos como el sinthome, la letra, el goce opaco. También tiene que ver con la famosa frase "el inconsciente es lo que no deja de no escribirse"
Todo esto puede consultarse especialmente en:
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El Seminario, Libro 20: Aún (1972–73)
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El Seminario, Libro 23: El sinthome (1975–76)
Muchos autores lacanianos señalan ese parentesco entre inconsciente real y el ello freudiano. En realidad la relación entre inconsciente real y ello es compleja: hay continuidad, aunque también una reformulación fuerte.
Primero recordemos qué es el ello en Sigmund Freud, que aparece formalmente en El yo y el ello (1923). El ello es impersonal (no hay sujeto), es pulsional, funciona por proceso primario: no tiene lógica ni temporalidad e insiste como empuje de satisfacción.
Freud lo formula con esa famosa frase: “El yo no es amo en su propia casa.”
El ello es básicamente la fuente de las pulsiones. Es cierto que el inconsciente real se parece al ello en varios puntos:
| Ello (Freud) | Inconsciente real (Lacan) |
|---|---|
| empuje pulsional | empuje de goce |
| no produce sentido | no produce sentido |
| impersonal | impersonal |
| repetición | repetición |
| no interpretable | poco interpretable |
Por eso muchos dicen que el inconsciente real es una especie de reencuentro con el ello, pero reformulado.
Aun así, Lacan no vuelve simplemente a Freud. El ello freudiano es una instancia tópica, mientras que el inconsciente real lacaniano es más bien una marca de goce, una una escritura y algo del orden de la letra
Lacan incluso retoma el ello freudiano diciendo: “Wo Es war, soll Ich werden” pero lo interpreta de otra manera: no como dominación del yo, sino como hacer algo con ese real de goce. El análisis ya no apunta solo a interpretar el inconsciente, sino a arreglárselas con ese núcleo de goce.
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