lunes, 20 de abril de 2026

La Culpa como Brújula: Entre el Deseo y el Impulso de Goce

 La culpa no es solo un malestar, sino un operador clínico esencial. Para el analista, funciona como un GPS que revela cómo el sujeto se posiciona frente a dos territorios en tensión: el deseo y el goce.

El Doble Sentido de la Falta. En su seminario sobre la ética, Lacan explora la ambigüedad del término francés faute, que significa simultáneamente "culpa" y "falta". Esta dualidad sugiere que la experiencia de sentirse culpable está intrínsecamente ligada a cómo el sujeto gestiona el vacío o la falta que lo constituye.

La Deuda con el Deseo

La famosa sentencia lacaniana —"solo se es culpable de haber cedido en su deseo"— abre un interrogante clínico profundo. ¿Qué significa "ceder"?

  • El dilema del Otro: ¿Se siente culpa por cumplir el deseo del Otro o, por el contrario, el sujeto asume la culpa como un acto de libertad para trascender esa demanda externa?

  • El margen de libertad: Ese "su" deseo implica un espacio subjetivo donde el individuo se juega su propia verdad, más allá de las determinaciones impuestas.

El Goce y la Transgresión

Más adelante, la culpa se vincula con el goce. Aquí, la culpa testimonia un "empuje" del sujeto hacia los límites. Lacan plantea que existe un goce en la transgresión misma: aunque por estructura es imposible atravesar el límite absoluto, el sujeto encuentra satisfacción en el intento de forzar ese borde.

Conclusión: El Litoral Clínico

En última instancia, la culpa habita el litoral —esa frontera borrosa— entre el deseo y el goce. Su valor diagnóstico es inmenso: nos muestra que un sujeto solo puede sostener su lugar en el deseo si logra ponerle un freno al empuje desmedido del goce. Es, en esencia, el punto donde el sujeto se pone en juego.

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