En distintas ocasiones hemos subrayado la relevancia conceptual y clínica de la identificación. La pregunta que orienta esta reflexión es la siguiente: ¿en qué nivel opera la identificación?
A partir de su seminario 9, Jacques Lacan introduce una reformulación decisiva de este concepto. No resulta casual que gran parte de dicho seminario esté dedicado a la repetición, cuestión que invita a interrogar el vínculo estructural entre ambos términos. Allí la identificación deja de pensarse únicamente como un fenómeno ligado a lo imaginario para pasar a concebirse como una operación que instituye un lazo en el sujeto.
En este movimiento, Lacan despeja la posibilidad de reducir la identificación al plano de la egomímesis o de la captación especular. Su apuesta consiste en situarla en el registro del significante, permitiendo pensar así un modo de anclaje del sujeto en el campo del Otro.
Desde esta perspectiva, la identificación debe localizarse en la cadena de la enunciación, tal como aparece articulada en la estructura del grafo del deseo. De este modo, sus efectos pueden escucharse en el nivel mismo del discurso, particularmente en sus desplazamientos metafóricos y metonímicos.
Un concepto especialmente esclarecedor para pensar esta lógica es el de sutura. La sutura designa la operación mediante la cual el sujeto se enlaza a la cadena significante, aunque inicialmente sólo pueda contarse allí bajo la forma de una falta. La identificación produce entonces un lazo que sutura la relación del sujeto con dicha cadena, sin por ello abolir su condición de falta estructural. Ningún significante logra nombrarlo plenamente; sin embargo, la identificación opera como aquello que viene a ocupar el lugar de ese elemento faltante, posibilitando su inclusión en la estructura.
Es en este punto donde adquiere importancia la función del nombre propio. A través de la letra, el nombre propio permite construir un anclaje posible para un sujeto definido por su evanescencia. Sus retornos, tanto metafóricos como metonímicos, se juegan en esa modalidad de satisfacción mediante la cual el sujeto intenta nombrarse a sí mismo, restituyendo de manera ilusoria una consistencia y completud al Otro.
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