martes, 23 de junio de 2026

El peligro traumático y la falta de garantías en el Otro

 La concepción freudiana de la defensa no se organiza únicamente en relación con amenazas provenientes del mundo exterior. Su punto más decisivo emerge cuando el peligro procede de aquello de lo que el sujeto no puede sustraerse: la pulsión, la irrupción traumática y la ausencia de garantías en el Otro.

El peligro puede adoptar distintas formas. En algunos casos, interpela al sujeto respecto de la posibilidad de actuar sobre él, modificarlo o incluso resolverlo. Sin embargo, esta perspectiva permite distinguir entre aquellos peligros frente a los cuales es posible alguna maniobra y aquellos de otra naturaleza, respecto de los cuales no existe posibilidad de evasión.

En este sentido, la clásica oposición entre interior y exterior resulta insuficiente. La pulsión constituye precisamente un tipo de peligro del que el sujeto no puede escapar, lo que obliga a reconsiderar la noción misma de espacio implicada. Se trata de una dimensión ligada al borde, a una continuidad que desarticula la oposición euclidiana entre adentro y afuera.

Uno de los aportes fundamentales de Freud consiste en haber podido situar tempranamente esta dimensión del peligro desprendiéndola de cualquier cualidad específica. El peligro deja así de definirse por su contenido y pasa a vincularse con la irrupción traumática de un factor económico, es decir, con una magnitud de excitación que excede las posibilidades de elaboración psíquica.

Será Lacan quien, apoyándose en esta formulación freudiana —según la cual lo traumático se define por aquello que rompe las barreras de protección del aparato psíquico—, llevará esta dimensión a un grado mayor de formalización. Lo traumático podrá entonces ser escrito bajo la forma del matema.

Nos encontramos aquí con una de las formulaciones más radicales del psicoanálisis: el significante de una falta en el Otro. Dado que el matema no pertenece al orden de la representación sino al de la escritura, su función no consiste en reproducir una experiencia, sino en inscribir una estructura.

De este modo, el matema del Otro barrado (SȺ) escribe el peligro inherente a la inexistencia de garantías últimas para el sujeto. Señala aquello que, en ciertos puntos, lo confronta con una radical soledad estructural. Al mismo tiempo, expresa que existe algo que el significante no logra escribir, un resto imposible de simbolizar que insiste y que suele quedar velado por las múltiples "ficciones de la mundanidad" con las que se procura suturar esa falta constitutiva.

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