martes, 4 de agosto de 2026

3. Las etapas del sueño


El sueño no es un estado uniforme

En el capítulo anterior vimos que dormir no significa "apagar" el cerebro, sino entrar en un estado biológico complejo regulado por múltiples sistemas. Sin embargo, todavía falta responder una pregunta importante: ¿ocurre siempre lo mismo mientras dormimos?

La respuesta es no.

Una noche de sueño no constituye un estado continuo y homogéneo. Por el contrario, está formada por una sucesión de etapas que se repiten siguiendo un orden relativamente predecible. Algunas de ellas corresponden a un sueño ligero, otras a un sueño profundo y otras presentan una intensa actividad cerebral acompañada por movimientos rápidos de los ojos y la aparición de la mayoría de los sueños vívidos.

Comprender esta organización resulta esencial porque muchos trastornos del sueño afectan de manera selectiva determinadas etapas. Asimismo, numerosos medicamentos modifican la arquitectura normal del sueño, alterando la proporción de unas fases respecto de otras.

Dos grandes tipos de sueño

Desde el descubrimiento del sueño REM en la década de 1950, el sueño humano se divide en dos grandes estados fisiológicos:
  • Sueño NREM (Non-Rapid Eye Movement, o sueño sin movimientos oculares rápidos).
  • Sueño REM (Rapid Eye Movement, o sueño con movimientos oculares rápidos).
Lejos de ser compartimentos aislados, ambos forman parte de un ciclo que se repite varias veces a lo largo de la noche.
El sueño NREM

El sueño NREM representa aproximadamente entre el 75 % y el 80 % del tiempo total de sueño en un adulto sano.

Se caracteriza por una disminución progresiva de la actividad cerebral, del tono muscular, de la frecuencia cardíaca, de la respiración y de la temperatura corporal. El organismo entra gradualmente en un estado de recuperación física y ahorro energético.

Actualmente se distinguen tres etapas dentro del sueño NREM.

N1: el comienzo del sueñoEs la transición entre la vigilia y el sueño.

Se trata de una etapa breve y relativamente superficial. La persona comienza a desconectarse del ambiente, aunque todavía puede despertarse con facilidad y muchas veces tiene la sensación de no haber llegado a dormirse.

Son frecuentes las llamadas sacudidas hipnagógicas (pequeños sobresaltos musculares) y la sensación de caer al vacío, experiencias completamente normales que suelen sorprender a quienes las viven por primera vez.

Desde el punto de vista electroencefalográfico, desaparece progresivamente el ritmo alfa propio de la vigilia relajada y comienzan a aparecer ondas de menor frecuencia.

N2: el sueño estable

Es la etapa más abundante de toda la noche y representa aproximadamente la mitad del tiempo total de sueño.

Durante esta fase disminuye aún más la respuesta a los estímulos externos. La temperatura corporal desciende, la frecuencia cardíaca se hace más lenta y el organismo continúa preparándose para el sueño profundo.

En el electroencefalograma aparecen dos fenómenos característicos:
  • los husos del sueño, breves ráfagas de actividad eléctrica;
  • los complejos K, grandes ondas que parecen participar en la protección del sueño frente a estímulos externos.
Aunque la persona puede despertarse durante esta etapa, requiere un estímulo mayor que en el sueño N1.

N3: el sueño profundo

Es la etapa de sueño más profundo y reparador.

Predominan las llamadas ondas lentas o ondas delta, que reflejan una actividad cerebral altamente sincronizada.

Despertar a una persona durante esta fase resulta difícil. Si lo hace, suele experimentar durante algunos minutos una marcada sensación de desorientación, conocida como inercia del sueño.

Diversos procesos fisiológicos alcanzan aquí su máxima expresión:
  • liberación de hormona de crecimiento;
  • reparación tisular;
  • fortalecimiento del sistema inmunológico;
  • recuperación física.
Muchas parasomnias aparecen durante esta etapa, como el sonambulismo, los terrores nocturnos o hablar dormido.

Curiosamente, estas personas no están soñando como suele imaginarse. Su cerebro permanece parcialmente dormido mientras determinadas áreas relacionadas con el movimiento se activan de manera incompleta.

El sueño REM

Después de aproximadamente noventa minutos desde el inicio del sueño aparece un estado completamente diferente.

Aunque el cuerpo permanece profundamente relajado, el cerebro incrementa notablemente su actividad.

Este fenómeno sorprendió a los primeros investigadores porque el electroencefalograma del sueño REM se parece mucho al de una persona despierta.

Por esa razón el sueño REM ha recibido también el nombre de sueño paradójico.

Sus principales características son:
  • movimientos rápidos de los ojos;
  • intensa actividad cerebral;
  • pérdida casi completa del tono muscular;
  • respiración y frecuencia cardíaca irregulares;
  • mayor frecuencia de sueños vívidos.
La disminución extrema del tono muscular cumple una función protectora: impide que representemos físicamente aquello que estamos soñando.

Cuando este mecanismo falla aparece el trastorno de conducta del sueño REM, en el cual el paciente puede golpear, hablar, correr o realizar movimientos complejos mientras sueña.

¿Soñamos sólo durante el sueño REM?

Durante muchos años se creyó que los sueños aparecían exclusivamente durante el sueño REM.

Actualmente sabemos que esta afirmación no es del todo correcta.

Las personas pueden relatar experiencias oníricas luego de despertar tanto del sueño REM como del sueño NREM. Sin embargo, existen diferencias importantes.

Los sueños REM suelen ser:
  • más largos;
  • emocionalmente intensos;
  • visualmente ricos;
  • narrativamente complejos.
Los sueños NREM, en cambio, tienden a ser:
  • más breves;
  • más cercanos al pensamiento;
  • menos elaborados desde el punto de vista narrativo.
Esta diferencia será especialmente interesante cuando abordemos la concepción psicoanalítica del soñar, ya que permite distinguir entre la actividad fisiológica del sueño y la elaboración subjetiva de la experiencia onírica.

La arquitectura del sueño

Las distintas etapas no aparecen al azar.

Durante una noche normal siguen una organización característica denominada arquitectura del sueño.

El ciclo típico es el siguiente:

Vigilia → N1 → N2 → N3 → regreso a N2 → REM.

Este recorrido dura aproximadamente entre noventa y ciento diez minutos y suele repetirse entre cuatro y seis veces durante la noche.

Sin embargo, los ciclos no son idénticos.

En las primeras horas predomina el sueño profundo (N3), mientras que hacia el final de la noche disminuye progresivamente el sueño profundo y aumentan la duración y la frecuencia de los episodios REM.

Esta distribución explica por qué los sueños más largos suelen recordarse al despertar por la mañana.

El hipnograma

La forma más sencilla de representar gráficamente la organización del sueño es mediante un hipnograma.

Un hipnograma muestra en un eje horizontal el paso del tiempo y, en un eje vertical, las diferentes etapas del sueño.

Su aspecto recuerda una sucesión de descensos y ascensos.

Cada descenso representa el paso hacia un sueño más profundo.

Cada ascenso indica el retorno a fases más superficiales antes de ingresar nuevamente en sueño REM.

En medicina del sueño, el hipnograma constituye una herramienta muy útil para detectar alteraciones de la arquitectura normal, despertares repetidos o fragmentación del sueño.

A lo largo del curso veremos distintos ejemplos clínicos.
Los cambios durante la noche

Una idea muy difundida sostiene que cuanto más profundamente dormimos, mejor descansamos.

La realidad es más compleja.

Cada etapa cumple funciones diferentes y todas resultan necesarias.

Durante las primeras horas predominan los procesos relacionados con la recuperación física y el sueño profundo.

En cambio, hacia el final de la noche aumentan los períodos REM, estrechamente vinculados con la regulación emocional, la consolidación de ciertos tipos de memoria y la actividad onírica.

Interrumpir sistemáticamente la segunda mitad de la noche —por ejemplo, debido a horarios laborales muy tempranos— puede reducir significativamente la cantidad de sueño REM, aun cuando el tiempo total de sueño no parezca demasiado corto.

Esta observación ayuda a comprender por qué dos personas que duermen la misma cantidad de horas pueden experimentar niveles muy distintos de descanso.

La calidad del sueño depende tanto de su duración como de la conservación de su arquitectura normal.

Una mirada clínica
Comprender las etapas del sueño permite interpretar muchos síntomas que los pacientes describen en consulta.

No es lo mismo un despertar confuso tras un episodio de sonambulismo que un despertar angustiado luego de una pesadilla. Tampoco es equivalente la somnolencia provocada por una reducción del sueño profundo que aquella relacionada con una fragmentación continua del sueño causada por una apnea obstructiva.

El psicólogo no necesita convertirse en un experto en electroencefalografía, pero sí conocer la organización normal del sueño para formular mejores preguntas, comprender los síntomas y reconocer cuándo determinadas manifestaciones requieren una evaluación médica especializada.

La arquitectura del sueño constituye, en definitiva, una parte del funcionamiento normal del organismo. Conocerla es el primer paso para identificar cuándo ese funcionamiento comienza a alterarse.

Ideas principales
  • El sueño está compuesto por dos grandes estados: sueño NREM y sueño REM.
  • El sueño NREM incluye tres etapas (N1, N2 y N3), que representan una profundización progresiva del sueño.
  • El sueño profundo (N3) se asocia principalmente con la recuperación física y es el momento en que suelen aparecer el sonambulismo y los terrores nocturnos.
  • El sueño REM se caracteriza por una intensa actividad cerebral, movimientos rápidos de los ojos, atonía muscular y la presencia de la mayoría de los sueños vívidos.
  • Una noche de sueño está organizada en ciclos de aproximadamente noventa a ciento diez minutos que se repiten varias veces.
  • En la primera mitad de la noche predomina el sueño profundo; en la segunda aumentan los episodios REM.
  • La representación gráfica de esta organización recibe el nombre de hipnograma y constituye una herramienta fundamental para la evaluación de numerosos trastornos del sueño.
Próxima entrada: 4. El sueño a lo largo de la vida

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