La terapia electroconvulsiva (TEC) es uno de los tratamientos más eficaces para las depresiones graves, especialmente cuando hay riesgo suicida elevado, síntomas psicóticos, estupor/catatonía o falta de respuesta a tratamientos farmacológicos.
Lo interesante es que su mecanismo no se reduce simplemente a "provocar una convulsión". La convulsión terapéutica desencadena una serie de cambios neurobiológicos.
Se coloca al paciente bajo anestesia general breve y se administra una corriente eléctrica controlada mediante electrodos en el cuero cabelludo. Esto produce una crisis convulsiva generalizada, que suele durar menos de un minuto.
- Neurotransmisores: aumenta y se normaliza la actividad de sistemas serotoninérgicos, noradrenérgicos y dopaminérgicos, implicados en regulación del ánimo, motivación y recompensa.
- Neuroplasticidad: aumenta la expresión de factores neurotróficos, especialmente BDNF, favoreciendo procesos de plasticidad y adaptación neuronal.
- Circuitos cerebrales: modifica la actividad y conectividad de circuitos relacionados con la regulación emocional, particularmente los circuitos fronto-límbicos.
- Eje del estrés: puede producir una regulación de sistemas neuroendocrinos relacionados con la respuesta al estrés.
- Actividad cerebral: la crisis produce una enorme descarga neuronal sincronizada que parece funcionar como una especie de "reinicio" o reorganización funcional de redes cerebrales alteradas.
Por eso, aunque coloquialmente se habla de "electroshock", la idea de que la corriente simplemente "daña" o "quema" el cerebro es incorrecta. La TEC moderna se administra con parámetros cuidadosamente controlados y bajo anestesia.
Esto es particularmente importante en la depresión severa.
Los antidepresivos necesitan producir cambios adaptativos progresivos en los sistemas neuronales y pueden tardar varias semanas. La TEC, en cambio, puede producir una mejoría marcada en pocos días o semanas, especialmente en síntomas como:
- inhibición psicomotriz extrema;
- desesperanza intensa;
- ideas suicidas;
- síntomas psicóticos;
- rechazo de alimentos;
- catatonía.
Por eso puede ser particularmente valiosa cuando no hay tiempo para esperar la respuesta de un antidepresivo.
Es el principal efecto adverso que se tiene en cuenta. Puede aparecer:
- confusión inmediatamente después de la sesión;
- dificultad para recordar acontecimientos recientes;
- pérdida de recuerdos correspondientes al período alrededor del tratamiento.
En algunos pacientes puede persistir cierta amnesia autobiográfica, aunque la magnitud depende de factores como la técnica utilizada, la localización de los electrodos, la frecuencia de las sesiones y la susceptibilidad individual.
Actualmente se utilizan diferentes modalidades de TEC —por ejemplo, unilateral derecha o bilateral— buscando equilibrar eficacia y efectos cognitivos.
¿De cuánta electricidad se trata?
No hay un único voltaje fijo en la TEC. Además, el voltaje no es el parámetro principal que se utiliza para describir la dosis; se controla principalmente la carga eléctrica administrada, expresada en milicoulombs (mC), junto con corriente, duración y frecuencia de los pulsos.
En equipos modernos, la tensión aplicada puede estar en el orden de cientos de voltios, típicamente alrededor de ~200–500 V, dependiendo del aparato y de la configuración. La corriente suele ser del orden de ~0,8–0,9 A, pero se administra en pulsos muy breves.
Esto explica una aparente paradoja: el voltaje puede ser relativamente alto, pero la cantidad total de energía entregada es pequeña y está cuidadosamente dosificada.
Y hay un detalle importante: la resistencia eléctrica del cuerpo hace que el voltaje necesario para conseguir la corriente programada varíe entre personas y según el contacto de los electrodos.

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