martes, 8 de septiembre de 2026

Del concepto freudiano al estatuto de lo real: reformulaciones entre los Seminarios 10 y 11

Podemos sostener que entre La angustia y Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis asistimos a una serie de reformulaciones respecto del estatuto que determinados conceptos freudianos adquieren en la enseñanza de Lacan.

Tal es el caso, en primer lugar, de la angustia. Lacan se interroga acerca de si esta debe ser reducida a su función de señal en el yo. Algo semejante ocurre con el complejo de castración: la pregunta apunta a establecer si este puede quedar circunscripto a su definición como deuda simbólica, o si es preciso situar allí una dimensión que exceda dicha formulación.

Entre el final del Seminario 10 y el comienzo del Seminario 11 encontramos ya ciertas inflexiones que anuncian este desplazamiento. Ya no se trata únicamente de la angustia como señal, sino de la angustia en tanto concepto. Del mismo modo, respecto del inconsciente, comienza a hacerse posible distinguir el inconsciente freudiano de aquel que se desprende de la elaboración lacaniana. En esta última perspectiva, un real, por la vía de la pulsión, encuentra un modo de empalme con el inconsciente. Se abre así el camino hacia una concepción del inconsciente que progresivamente adquirirá el estatuto de real.

Entendemos que, en consonancia con este movimiento, Lacan puede reformular también el campo de la transferencia, comenzando precisamente por interrogarse acerca de cuál es su «concepto». Esta pregunta nos retrotrae, en cierto sentido, al problema planteado respecto de la angustia: ¿qué estatuto tiene aquello que Freud ha conceptualizado bajo determinado término cuando se lo retoma desde la enseñanza de Lacan?

La transferencia, por ejemplo, ¿puede reducirse al amor? Ciertamente no. Lacan sitúa allí una dimensión que excede esa vertiente, entre ellas la transferencia negativa, respecto de la cual señala que los analistas proceden con mayor «prudencia». Cabe preguntarse si esta observación constituye simplemente una descripción de la práctica analítica o si comporta, al mismo tiempo, una crítica. A esto se agrega el campo de aquello que Freud denominó «neurosis de transferencia».

Sin embargo, estas distintas acepciones no hacen más que constituir lo que podríamos denominar el carácter «semántico» de la transferencia: los distintos sentidos y usos que el concepto adquiere en la tradición freudiana. Es precisamente este campo semántico el que Lacan pondrá en tensión con otra dimensión que comienza a elaborar: la de una transferencia real.

Esta transferencia real presenta una consistencia particular en relación con la concepción lacaniana del inconsciente. Ya no se trata simplemente de los sentidos que la transferencia puede asumir en la experiencia analítica, sino de situar aquello que, en ella, toca un real y que permite establecer un punto de articulación con el inconsciente. En este sentido, la elaboración de la transferencia en el Seminario 11 no constituye únicamente una reformulación de un concepto freudiano, sino que participa de un movimiento teórico más amplio: aquel que conduce a Lacan desde el inconsciente freudiano hacia la formulación de un inconsciente de estatuto real.

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