miércoles, 30 de septiembre de 2026

La banalización de los sueños de examen

Freud los trabaja en La interpretación de los sueños, inicialmente en relación con los sueños de angustia frente a exámenes ya realizados o situaciones que, objetivamente, ya no deberían representar un peligro. En las ampliaciones posteriores agrega observaciones que permiten pensar algo especialmente fecundo: el sueño no parece responder tanto a la situación actual del examen como a una escena anterior en la que el sujeto estuvo efectivamente sometido al juicio del Otro.

El tema es: ¿Por qué soñamos que tenemos que rendir un examen cuando ya no tenemos ningún examen que rendir?

Y desde allí llevarlo hacia la cuestión del juicio del Otro, la deuda, la autorización y la repetición de una escena de evaluación. Muchos analistas llevan a la cuestión a que el paciente soñó eso porque está frente a una evaluación actual que lo preocupa.

Para Freud, lo decisivo del sueño de examen no es el examen, sino que el examen funciona como una escena actual que permite representar otra cosa.

Freud observó la paradoja de que personas que ya han aprobado exámenes importantes soñaban que tenían que volver a rendirlos y fracasaban. Si lo pensamos desde la psicología ordinaria, resulta extraño: el examen ya pasó, la persona sabe que aprobó y, sin embargo, el sueño produce justamente la escena contraria.

Freud introduce entonces una lógica distinta: el sueño toma una situación actual o una situación aparentemente banal para poner en escena un deseo, un temor o un conflicto cuya procedencia es otra. De esta forma, no podríamos decir banalmente “El sujeto tiene ansiedad ante los exámenes.”

Esto es porque esa interpretación deja intacta una pregunta fundamental: ¿por qué justamente ese examen? La cuestión psicoanalítica sería qué tiene la escena del examen que permite representar algo que pertenece a otra escena.

El sueño del examen tiene una estructura muy particular:

  • hay alguien que pregunta;
  • alguien que debe responder;
  • hay un saber que se supone que el sujeto debería poseer;
  • existe un juicio sobre la respuesta;
  • hay una autoridad que puede declarar si se ha cumplido o no;
  • y, sobre todo, hay una dimensión de aprobación o desaprobación.

Esto permite pensar el examen como una especie de escena: el Otro pregunta, el sujeto debe responder y finalmente el Otro juzga.

Entonces quizá el sueño no esté hablando tanto de “rendimiento” como de estar nuevamente colocado en el lugar de quien debe responder ante el Otro. Y eso, en un análisis, abriría muchísimo el campo.

Por ejemplo, en un examen, el sujeto no solamente tiene que saber. Tiene que responder a una pregunta que viene del Otro. ¿Qué pregunta está siendo formulada al sujeto en ese sueño? Y más importante, ¿Quién es el que pregunta?

Quizás el profesor del sueño sea relativamente indiferente. Puede ser una figura sustitutiva. El problema podría estar en la posición misma de tener que responder ante una instancia que reclama una respuesta.

Esto permitiría enlazar el sueño de examen con una problemática mucho más amplia: situaciones en las que el sujeto se encuentra permanentemente intentando demostrar que sabe, que puede, que está a la altura, que merece, que cumplió.

Encontramos también la dimensión del fracaso. ¿Por qué tantas veces el sueño no consiste simplemente en “tener que rendir”, sino en fracasar? No podríamos apurarnos a traducir fracaso como “miedo a fracasar, tiene inseguridad”. Si vamos por el lado de la satisfacción, ¿Qué satisfacción puede haber en fracasar en el examen?

El fracaso puede tener una función subjetiva: mantener al sujeto en una determinada posición frente al Otro. Por ejemplo, si siempre hay algo que falta, siempre queda pendiente demostrar algo, siempre hay una nueva prueba que superar, entonces el examen nunca termina realmente.

También podríamos articular la relación entre examen y deuda. El sujeto puede quedar atrapado en una serie interminable de pruebas: profesional, laboral, amorosa, familiar, intelectual, incluso moral. Todo esto sin que haya un punto posible de decir "Listo, aprobé". Se trata de un sujeto atrapado en el círculo infernal de la demanda, y en este caso el examen supone que hay algo que el sujeto debería saber y todavía tiene que demostrar.

Incluso, sumo una nueva posibilidad. Todos sabemos de "los que fracasan cuando triunfan": ¿Y si el sujeto sueña que fracasa precisamente cuando ya aprobó? La realidad le dice al paciente que aprobó y el sueño responde “todavía no”. 

Eso permite introducir una diferencia entre haber obtenido una certificación y haber resuelto subjetivamente aquello que esa certificación pretendía garantizar.

Es cierto que en las ampliaciones que Freud hace en las ediciones posteriores, aparece que los sueños de examen remiten a experiencias infantiles de angustia ante las pruebas escolares, pero también pueden adquirir valor sustitutivo respecto de otras situaciones posteriores.

Aun así, habría que evitar una lectura demasiado lineal del tipo "Como el paciente está frente a un examen actual, entonces recuerda un examen infantil", porque la posición subjetiva del examen puede reactivarse en una situación completamente distinta.. Hoy en día, podríamos apostar a que una escena actual ofrece su estructura para que algo de una escena anterior pueda volver a ponerse en juego.

El examen podría ser una de las formas imaginarias que adopta una pregunta mucho más radical: ¿Estoy autorizado? El sueño de examen no sería solamente un sueño sobre el miedo a ser evaluado, sino una puesta en escena de la posición de un sujeto frente a un Otro supuesto capaz de juzgar su saber y, eventualmente, autorizarlo. Y ahí tenemos un excelente punto de entrada para pensar el superyó, la demanda del Otro y la imposibilidad de convertir una prueba externa en una autorización subjetiva.


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