miércoles, 2 de septiembre de 2026

Las posiciones del analista en la transferencia

Aunque sea la misma persona quien se encuentra sentada frente al analizante, el lugar que ocupa el analista en una cura no permanece necesariamente idéntico. De acuerdo con el momento del análisis y con aquello que se despliega en la transferencia, el analista puede verse convocado a ocupar diferentes posiciones. Saber leer cuál es la posición que corresponde en cada momento constituye una parte fundamental de su función.

Esta acomodación, a la que nos hemos referido en distintas oportunidades, se vuelve posible, en parte, a partir de haber podido situar quién es el Otro al que el sujeto se dirige. Esta localización funciona como una orientación para el analista, permitiéndole no quedar atrapado en la demanda del analizante. A partir de allí pueden delimitarse una serie de posiciones posibles que el analista podrá ocupar en la transferencia.

En los comienzos de la cura, el analista podrá ocupar el lugar del Sujeto Supuesto Saber: aquel que es supuesto saber, pero precisamente bajo la condición de no hacer uso de ese saber como un saber propio. El saber supuesto al analista es el que pone en marcha la transferencia, pero no debe convertirse en un saber que el analista venga a imponer al sujeto.

En otro momento, podrá ocupar el lugar del muerto, tomando la expresión que Lacan extrae de la función del muerto en el bridge: participa del juego, pero no apuesta. Se trata de una posición que implica sustraerse de la demanda y de las coordenadas imaginarias en las que el analizante podría intentar situarlo.

En otro momento de la cura, el analista podrá ocupar el lugar del Otro, pero no como un Otro completo y garante del sentido, sino como campo en su inconsistencia e incompletud. Se presta así a soportar esa falta de garantías que introduce la barra del Otro y que resulta consustancial a la posición del sujeto.

Finalmente, en otro momento, podrá hacer semblante de objeto a, ocupando el lugar que dicho objeto tiene para el sujeto en el fantasma. En esta posición, el analista soporta la función separadora propia del objeto a, posibilitando que el sujeto pueda producir cierto desasimiento respecto de aquello que lo mantenía fijado a su posición fantasmática.

Como vemos, no se trata de diferentes tipos de analista ni de una elección voluntaria entre distintas modalidades de intervención. Se trata de posiciones que responden a distintos momentos de la cura y a las exigencias que plantea el trabajo analítico. De allí la necesidad de esa acomodación: el analista es el mismo, pero su lugar en la transferencia puede modificarse según aquello que el análisis va haciendo aparecer.

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