martes, 9 de julio de 2019

Diario de un psicólogo en apuros: ¿qué decir y qué no en un velorio?


La ética epicúrea propone que para vivir una vida feliz, se debe superar el miedo a la muerte; Epicuro dice "La muerte no nos concierne, pues mientras existimos, la muerte no está presente y cuando llega la muerte, nosotros ya no existimos". Lo que a la persona viva le concierne, en cambio, es hacer con otro miedo que es al dolor, según Epicuro. Con los desarrollos del psicoanálisis podemos agregar que de lo que se trata es hacer algo con aquello que amenaza desintegrar nuestra pretendida unidad. Entonces, con la única muerte con la que tenemos la posibilidad de hacer algo -un trabajo de duelo, en el mejor de los casos-, es con la muerte de otro. Y es ahí cundo uno va a un velorio, ya sea a despedir un ser querido o por compromiso

¿Qué decir en un velorio?, es una pregunta que frecuentemente me acecha. Sabemos que en un clima de tristeza tal, las palabras sobran. Pero resulta que es inevitable entablar esas incómodas charlas con los amigos y familiares, en donde generalmente me dedico a escuchar. Buena razón tengo para esto: de la muerte nada puede decirse sin derrapar hacia lo inadecuado. El caso es que de tanto escuchar, logré recopilar algunas frases populares desafortunadas que se dicen en estos eventos.

“Sé como te sentís”. No es posible saber exactamente como se siente el doliente ni el lugar de su herida.
Propuesta: Hablar de tus propios sentimientos. Las tragedias son menos terribles cuando le pasan a muchos.

“Esa muerte era un plan de Dios”. Nadie acepta ese consuelo a medias de que una muerte sea el plan de Dios o del destino, que para Freud son figuras del padre. Es un intento de ponerle sentido a algo que no lo tiene. 
Propuesta: “Esto es realmente me tomó por sorpresa, no lo puedo creer. Pensar que hace solamente 2 días estábamos en...”

“Era como un hermano para mí” Hipócrita y trillado al extremo, porque seguramente ya se lo dijeron otras 3 personas antes. Invocar un vínculo tan cercano a veces aparece en personas que no pueden dejar de ser las protagonistas.
Propuesta: Hacer hincapié con lo buena que era su amistad, con todo lo que esa persona hacía en ese vínculo más creíble. Es más modesto y realista decir "Era muy buen compañero de trabajo" a meterse en una novela insostenible.

“Tenés muchas otras cosas por las cuales estar agradecido” Esta salida maníaca viene muy de la mano de las terapias actuales de "mirar el lado lleno del vaso". Esa persona solo quiere tener con vida al pariente que ha ido y hay que tolerar su pérdida. 
Propuesta: "No tengo palabras para este momento, solo nos queda valorar las cosas que aún nos quedan"

“Se lo que te duele esto” Nadie puede saber como duele a cada quien la muerte de un pariente, porque el dolor es subjetivo.
Propuesta: “Quiero que sepas que realmente lamento tu perdida y ojala puedas superar este inmenso dolor”

“Ahora está en un mejor lugar” Ironía macabra y de mal gusto. El doliente no cree, por su estado emocional, que su ser querido pueda estar mejor que entre su familia.
Propuesta: “No me hago a la idea de cómo van a ser las cosas sin su presencia física" o “¿Y ahora qué vamos a hacer nosotros sin él?"

“Contá conmigo. Estoy a tu disposición para lo que necesites. Solo tenés que llamarme y listo” Esto es directamente una trampa transferencial, sobre todo cuando se dice en un consultorio. Nunca se debería ofrecer algo que vayas a poder cumplir. Se deben medir las palabras y ofertas en un momento como este, pues los malos momentos se fijan perfectamente en la memoria. 
Propuesta: Ofrecé algo posible y real. Si te llaman para reclarmarte la disponibilidad ofrecida, quizá no puedas cumplirla. Quiero que sepas que en las medidas de mis posibilidades te apoyo” o “Estoy a tu disposición en lo que pueda ayudarte”... Siempre aclarando un límite.

¿Qué nos queda, entonces, más que la imposibilidad trágica de salir airosos de una situación como esta? Con la sexualidad (complemento de los sexos), lo femenino y la muerte, estamos en el terreno de la no inscripción significante. Uno puede - digámoslo en criollo- arrimar el bochín mediante una palabra sobre estos temas, pero hay algo que siempre se escapa y hay un borde que nunca puede ser significado. Se trata de un resto que insiste y que su desconocimiento nos lleva a intervenciones ingenuas, como las que hoy vimos.

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