Hoy vamos a ver uno de los capítulos centrales del modelo clínico-comunicacional de David Liberman, “Esquizoidía; carácter esquizoide; persona observadora no participante; el paciente que busca incógnitas sin crear suspenso (la esquizofrenia como fracaso de las defensas esquizoides)”, dentro de Comunicación y psicoanálisis, cuya idea central.
Liberman parte de una operación bastante interesante: en lugar de describir al paciente diciendo simplemente “tiene una personalidad esquizoide”, propone describir cómo se comunica y cómo se posiciona frente al otro. De ahí sale el nombre “persona observadora no participante”.
La oposición fundamental sería observar - participar. Este problema ya lo habíamos detectado cuando hablamos sobre el discurso depresivo, pero hoy vamos a ver otra lógica.
Un paciente puede tener una enorme capacidad para observar, analizar, discriminar y comprender, pero justamente esa capacidad puede funcionar como defensa frente a la participación afectiva. Liberman lo vincula con lo que denomina estilo reflexivo. La persona se distancia de la situación para poder observarla. En formulaciones posteriores de su teoría, este estilo corresponde al paciente esquizoide.
Hay una formulación atribuida a Liberman que resume extraordinariamente bien el funcionamiento: “El yo se achica y el objeto se agranda.” Es decir: cuanto más se distancia el sujeto, más puede convertir al objeto en algo que observa, estudia y analiza. Esto produce una especie de posición de espectador de la propia vida, en donde el sujeto puede percibir muchísimo. El problema está en la participación.
Por eso aparecen esos pacientes que pueden pasar muchísimo tiempo hablando de qué es la verdad, qué es la vida ò los vìnculos, pero cuando el analista intenta llevar esa cuestión hacia “¿y esto qué tiene que ver con usted?”, aparece una dificultad enorme.
Liberman dice, sobre estos pacientes: “Busca incógnitas sin crear suspenso”. El paciente plantea incógnitas, pero no construye con ellas un suspenso interpersonal. Es decir, puede formular una pregunta intelectual extraordinariamente compleja, pero no está invitando verdaderamente al otro a entrar en la pregunta.
Por eso Liberman posteriormente reformula la denominación como “persona que busca incógnitas sin despertar suspenso”, lo que tiene consecuencias transferenciales muy concretas.
El analista puede sentir que está frente a alguien que habla pero no termina de comunicarse, que observa al analista en lugar de relacionarse con él o que transforma la sesión en un objeto de investigación. Son pacientes que mantienen una distancia afectiva y deja al analista con la sensación de que hay algo detrás de lo que dice, pero que nunca termina de entrar en juego.
Para Liberman, el problema no es solamente qué dice el paciente sino cómo lo dice y qué tipo de vínculo comunicacional produce al decirlo. Su teoría intenta justamente articular psicopatología, transferencia y estilo comunicacional.
En su clasificación inicial distinguía seis grandes tipos: la persona observadora no participante, depresiva, de acción, lógica, atemorizada/huidiza y demostrativa. Y la persona observadora no participante corresponde al polo esquizoide.
Además, Liberman relaciona este estilo con una fijación en el nivel oral primario, anterior a la diferenciación plena entre sujeto y objeto, y con determinados modos de comunicación predominantemente preverbal.
Me parece que el aporte de Liberman enriquece la mera observaciòn de “el esquizoide es frío y distante”, al tratar de mostrar que la distancia misma constituye una modalidad de relación.
El paciente se mantiene fuera de la escena para poder observarla. Y esto puede convertirse incluso en una fortaleza yoica: cuando funciona operativamente, la capacidad de tomar distancia permite una visión amplia, objetiva y reflexiva.
El problema aparece cuando observar reemplaza participar. Y ahí la fórmula podría ser: “Puedo comprenderlo mientras permanezca afuera de eso.” Me parece que ésta es, en el fondo, una de las intuiciones clínicas más potentes del capítulo.
Distinción con la fobia
En la defensa fóbica hay un objeto o situación que concentra la angustia. El sujeto quiere algo —aproximarse, salir, encontrarse, relacionarse, etc.— pero aparece una señal de angustia que hace que ese objeto quede marcado como peligroso.
Entonces, la evitación es una defensa contra la angustia. El objeto conserva un enorme valor libidinal, de manera que el fóbico evita precisamente porque aquello importa.
Por eso la evitación fóbica tiene una estructura paradójica: “No quiero acercarme porque quiero acercarme demasiado.” El objeto está hiperpresente.
En el esquizoide, la lógica es diferente. El problema fundamental no es necesariamente que un objeto particular sea peligroso, sino que la participación misma en el vínculo resulta problemática.
El sujeto puede adoptar una posición de observador y esto es justamente lo que Liberman llama “persona observadora no participante”.
No necesariamente encontramos la angustia y la evitación, sino más bien una forma de relación condicionada por cierta distancia. Esta distancia no aparece necesariamente como una respuesta secundaria a una fobia, sino que es parte de la modalidad de relación.
| Fóbico | Esquizoide | |
|---|---|---|
| Objeto | Está intensamente investido | Puede quedar desinvestido o distante |
| Problema | La proximidad desencadena angustia | La participación compromete la distancia |
| Defensa | Evitación | Retirada, observación, aislamiento |
| Relación con el objeto | Lo desea y lo teme | Lo observa sin participar plenamente |
| Angustia | Señala el peligro | Puede aparecer ante la pérdida de distancia |
| Fantasía | “Si me acerco, algo malo ocurrirá” | “Si entro demasiado, pierdo mi autonomía/posición” |
Un fóbico puede estar obsesivamente pendiente de aquello que evita, mientras que el esquizoide puede estar perfectamente ocupado en observarlo desde afuera.
Imaginemos que ambos tienen que ir a una fiesta. El fóbico podría decir: “No quiero ir porque va a estar mucha gente. Me voy a sentir mal. ¿Y si me agarra algo? ¿Y si no puedo salir?”
Pero probablemente esté pensando en la fiesta todo el día, es más bien un "quiero pero no puedo", un impedimento. Puede imaginar quién va a estar, cómo será, qué pasará, cómo escapar, qué pensará el otro. El objeto está cargadísimo.
El esquizoide, en cambio, podría decir: “No entiendo por qué tendría que ir. Puedo estar perfectamente en mi casa. Las conversaciones sociales me resultan innecesarias.”
Y este último paciente puede incluso analizar brillantemente la dinámica social de la fiesta sin experimentar la necesidad de entrar en ella. Ese es el punto libermaniano: no necesariamente hay un objeto fobígeno al que se le teme; hay una posición de observación que permite mantenerse fuera de la experiencia.
Dato clínico: Algo a considerar es que el aislamiento también puede funcionar como defensa en estructuras neuróticas. No se puede homologar el aislamiento a la esquizoidía ni la evitación a la fobia. No debemos confundir ambos fenómenos simplemente porque en los dos aparece “evitación”.
El analista debe preguntarse: ¿qué está evitando el sujeto y qué obtiene con esa evitación? ¿Se aleja para no encontrarse con algo que desea y teme, o se mantiene a distancia porque la participación misma amenaza su posición subjetiva?
En el primer caso del ejemplo estamos mucho más cerca de la lógica fóbica. En el segundo aparece la problemática esquizoide que Liberman está tratando de describir.
El nombre “observador no participante” es mucho más preciso que simplemente “personalidad esquizoide”, porque señala que observar puede ser una forma de no quedar implicado.
El paciente puede saber muchísimo sobre sí mismo, sobre los demás y sobre el análisis. Incluso puede producir interpretaciones excelentes. Pero uno podría preguntarse: ¿Está hablando sobre la experiencia o está participando de ella?
Diferenciamos también:
- El fóbico puede estar demasiado implicado con el objeto que evita.
- El esquizoide puede estar demasiado poco implicado con el objeto que observa.
De esta manera, si bien no es exactamente el vocabulario de Liberman, diríamos que en la fobia, el problema es que el sujeto no consigue separarse suficientemente de un objeto que lo angustia; en la posición esquizoide, la separación puede convertirse en el modo mismo de sostener el vínculo.
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