Por Roberto Reyes
Lacan llegó a calificar al psicoanálisis como una estafa, en un tono irónico y provocador, para subrayar que no ofrece un contenido positivo ni una promesa de sentido. El sujeto se confronta con la falta estructural y en lugar de ofrecer nuevas formas de llenarla, el análisis busca sostenerla. Tampoco organiza un sistema de valores o un camino a seguir, ya que seguir el propio deseo tiene más carácter de apuesta que de certeza.
El objetivo de la práctica analítica es generar la capacidad de sustracción de las cadenas significantes y crear un espacio vacío que permita la desestructuración de los discursos inconscientes que sostienen al sujeto, de modo que ese vacío funcione como espacio de producción. Una experiencia que permite dejar de tomar al vacío en forma peyorativa y habitarlo como neutralidad operativa; una técnica que obliga al analizante a inventar su propio discurso.
Por ello resulta difícil pensar en una ideología lacaniana. En todo caso, sería paradójica, ya que tendría que poner en el centro el agujero de lo Real. Para ilustrarlo creo que podríamos pensar el psicoanálisis como una maquina de perforar que termina por perforarse a sí misma; el barramiento del Otro incluye al propio psicoanálisis como en este testimonio de Florencia Dassen (AE):
"El pase comenzaba a dar lugar a lo imprevisible, a lo impar, al pasaje de lo ya sabido a lo que no sabía, lo que permitió localizar una zona de ignorancia ya separada del análisis, la verificación efectiva de lo nuevo. El pase fue un medio para comenzar a tomar la palabra, soportar cargar sobre sí la función del sujeto supuesto saber, dejándose reducir a un significante cualquiera. Para eso fue necesario dejar de amar el propio análisis."
La pasión por el psicoanálisis debe ser templada y moderada por el analista, cualquier orientación es un riesgo de empalmarlo a un nuevo Otro o de ser reabsorbido por alguna ideología, aunque también es inevitable puesto que la verdad ‘habla’ y no tiene otro medio para hacerlo. El Otro barrado no deja de funcionar: seguimos actuando "como si" el Otro existiera; por lo que el psicoanálisis no disuelve el Otro sino que lo despoja de su pretensión de consistencia y lo trata como semblante.
Advertencias hay varias señaladas por Lacan:
Todo sentido es religioso. (S22)
No tenemos medio de saber si el inconsciente existe fuera del psicoanálisis. (Conferencia en Yale)
El Otro, en el sentido en que lo introducimos, provisto de esta A mayúscula, adquiere valor destacado no por ser el Otro entre todos ni tampoco por ser el único, sino solamente porque podría no estar y en su lugar sólo habría un conjunto vacío. A = ∅. (S16)
La primera cosa sería extinguir la noción de bello. Nosotros no tenemos nada bello que decir. Es de otra resonancia que se trata, a fundar sobre el chiste. Un chiste no es bello. No se sostiene sino por un equivoco o, como lo dice Freud, por una economía. Nada más ambiguo que esta noción de economía Pero se puede decir que la economía funda el valor. ¡Y bien! una práctica sin valor, esto es lo que se trataría de instituir para nosotros. (S14)
Para que el psicoanálisis no sea una religión, como tiende a ello irresistiblemente desde que uno se imagina que la interpretación sólo opera del sentido. Enseño que su resorte está en otro lado, nominalmente, en el significante como tal […] Nuestro punto de partida, el punto al que siempre volvemos, pues siempre estaremos en el punto de partida, es que todo verdadero significante es, en tanto tal, un significante que no significa nada. (S3)
“El psicoanálisis es una práctica para desconocerse” (Nasso, 2026) y podemos hacer del psicoanálisis una revelación de la nada, podemos incluso considerar que, en su curso, la operación analítica por excelencia apunta a esa nada. A su vez, Lacan señala que usar el psicoanálisis en otro contexto que no sea el dispositivo analítico es "tan estúpido como remar en la arena" (E1) ya que su objetivo no es explicar desde una posición de saber y fuera del dispositivo que permite la perforación de los significantes amo que determinan la vida de un sujeto, de la vida no sabemos nada. Es un movimiento que corresponde al de los nudos borromeos de Lacan al poner la vida del lado de Real.
'El sesgo práctico para sentirse mejor' consiste en poder detener la maquinaria significante en vez de generar más sentidos. Por ello en el final del análisis, lo decisivo no es seguir hablando, sino poder callar: "La esencia de la teoría psicoanalítica es un discurso sin palabras." (S16) Por lo que el psicoanálisis no es un saber que se posee, es una operación que perfora, un artificio que se deshace de sí mismo.
Si es una “estafa”, lo es en el sentido más radical: engaña al sujeto para liberarlo del engaño mayor, el de creer que hay un Otro consistente y desde ese vacío promover que el sujeto pueda inventar (sin garantías), la única verdad que le queda: la de su propio decir.
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