Hoy vamos a desplegar un tema que tanto dolor de cabeza nos ha dado en la facultad: la distinción entre privación, frustración y castración del Seminario 6, El deseo y su interpretación.
¿Por qué tanta distinción? Porque Lacan quiere dejar de pensar la falta como una categoría única. De esta manera, logra superar la obviedad de que al sujeto le falta algo para intentar situar: ¿qué falta, a quién le falta, quién es el agente de esa falta y sobre qué objeto recae? Esa diferenciación cambia muchísimo la lectura clínica y vamos a intentar ver de qué manera.
En este seminario, Lacan está tratando de despegarse de una cierta tendencia a hacer de la castración una especie de explicación universal del conflicto neurótico. Si todo puede traducirse como “El sujeto se encuentra con que no tiene el falo, tiene angustia de castración y por eso padece el conflicto edípico”, se pierden las distintas modalidades en que el objeto puede faltar.
Entonces elabora el famoso cuadro:
| Agente | Falta sobre | |
|---|---|---|
| Privación (I) | agente real | objeto simbólico |
| Frustración (S) | agente imaginario | objeto real |
| Castración (R) | agente simbólico | objeto imaginario |
Como vemos en el cuadro, la falta se constituye de acuerdo con la articulación entre Real, Simbólico e Imaginario.
Hablemos de cada uno, de manera de desplegar el cuadro.
La privación implica que algo real está ausente allí donde debería haber algo que, sin embargo, está simbolizado.
El ejemplo clásico es la niña y el pene: el órgano real está ausente, pero esa ausencia sólo adquiere estatuto de privación porque existe un orden simbólico en el cual ese objeto cuenta.
En la privación, la falta puede quedar localizada del lado del Otro real: no tuve, no me dieron, me quitaron, no estuvo, no me reconocieron, no me quisieron suficientemente. Y eso puede producir una posición subjetiva donde el sujeto queda esperando una restitución.
Esto nos enseña que no es la ausencia real la que produce por sí misma la falta. Un objeto puede estar físicamente ausente sin que eso constituya privación. La falta depende de una estructura simbólica que permite que esa ausencia sea localizada como tal.
Esto anticipa que la falta no es un agujero empírico en la realidad; es una operación estructural.
Frustración
En la frustración hay otra lógica: el objeto es real, pero falta porque alguien, un agente imaginario, no se lo da.
Por ejemplo, el pecho materno. El niño puede experimentar que la madre no da algo que podría dar. Entonces la cuestión no es simplemente la ausencia del objeto, sino la dimensión del don.
Acá el problema no es tanto que algo esté ausente, sino que el sujeto queda atrapado en una relación con un Otro que supuestamente podría darle aquello que le falta. Por eso la frustración tiene una estructura muy próxima a la demanda. El objeto puede ser perfectamente real y concreto. Pero lo que sostiene la frustración es que ese objeto funciona como signo de algo que se espera del Otro.
Acá aparece algo decisivo para la teoría del deseo: lo que está en juego no es solamente el objeto que se recibe, sino aquello que el objeto representa como signo del amor del Otro.
Por eso Lacan puede pasar de la frustración de un objeto a la problemática de la demanda. Además de que el niño demanda leche, presencia, cuidado, etc. también demanda algo que está más allá del objeto: el signo del amor del Otro.
Castración
La castración no consiste en que falte realmente un objeto, porque su objeto es imaginario, el falo. El falo es un objeto que promete una satisfacción sin límites, solo existe como el valor de falo que algo puede tener. El agente es simbólico, fundamentalmente el padre en tanto función.
Esto permite entender por qué la castración tiene una importancia estructural completamente diferente. Más allá de que el sujeto descubra que no tiene algo, lo más perturbador es que hay un límite al goce del Otro y el sujeto mismo está sometido a una ley que introduce ese límite.
La castración es una operación simbólica sobre la relación del sujeto con el deseo.
La castración introduce la imposibilidad de una restitución completa, porque el deseo mismo se sostiene sobre una falta que no puede ser colmada mediante la obtención de un objeto.
¿Cómo se constituye el deseo a partir de la falta?
No se puede afirmar simplemente que porque hay falta, entonces hay deseo. Lacan necesita mostrar que hay diferentes formas de producirse una falta y, por lo tanto, diferentes posiciones del sujeto frente al deseo del Otro. la cuestión es: ¿De qué manera está constituida esa falta?
Por ejemplo, un sujeto puede estar sufriendo por algo que parece una pérdida de objeto, pero donde la cuestión estructural es otra. Entonces, este sujeto podría estar:
- esperando que el Otro le dé algo;
- confrontado con que algo está realmente ausente (privación);
- intentando obtener del Otro un signo de amor (demanda);
- confrontado con un límite a su deseo (castración);
- intentando obturar la falta;
- haciendo existir imaginariamente aquello que debería faltar.
Son posiciones subjetivas muy diferentes que no se agotan preguntando qué le falta.
La distinción permite que Lacan desplace el centro de gravedad desde el objeto hacia la relación entre falta, Otro y deseo.
El deseo no es simplemente deseo de un objeto que falta, sino que aparece en una estructura en la que el sujeto mismo está determinado por una falta, y esa falta se articula con la falta en el Otro.
La distinción entre privación, frustración y castración es una de las operaciones conceptuales que permiten que Lacan pase de una teoría del objeto perdido a una teoría del sujeto como efecto de una falta estructurada.
Entonces, ya tenemos un dato clínico: no es lo mismo interpretar una demanda, una frustración, una privación o una defensa frente a la castración.
Aplicación clínica
La que se me ocurre es pensar en aquellos casos donde una modalidad de falta puede estar funcionando como defensa frente a otra, sin pensar que la castración sea siempre el punto de llegada terapéutico.
Por ejemplo, imaginemos un analizante cuya posición es: “Mi vida sería otra si mi padre me hubiera reconocido”. Puede pasar años intentando elaborar esa falta como una privación: el padre no estuvo, no reconoció, no dio, no transmitió. En esta queja, el sujeto queda relativamente exterior a la falta: “A mí me falta porque el Otro no me dio”,
El análisis podría reintroducir al sujeto en esa escena: ¿Qué lugar ocupó usted en ese no-darle? La operación analítica puede hacer aparecer que la falta del Otro también es constitutiva de la posición del sujeto.
El fantasma ofrece justamente una manera de organizar la relación del sujeto con esa falta.
El sujeto puede quedar fijado a una escena en la que no recibió o fue abandonado. El fantasma permite estabilizar esa posición.
Por eso una intervención analítica puede no apuntar a “resolver” la falta, sino a descompletar la escena que hacía de esa falta una privación atribuida al Otro. A nivel de la castración, sería cuando el sujeto descubre que tampoco el Otro posee aquello que él suponía que el Otro tenía y le había negado.
En la Privación, el El Otro tiene y no me da, entonces yo quedo privado.
En la Castración, el Otro tampoco tiene, por lo que el objeto no puede ser restituido. El deseo se constituye alrededor de esa falta.
Pasar de un registro a otro resulta en una modificación de la posición subjetiva.
Con la frustración, hay que cuidarse de las intervenciones de "No hay que esperar nada de los demás" que apuntan al yo. En realidad, tratándose de la demanda, la cuestión sería hacer vacilar la equivalencia entre objeto y signo de amor.
Por ejemplo: “Usted dice que necesita que ella haga X. Pero ¿qué significa para usted que ella lo hiciera?” El paciente, supongamos, responde: "Si lo hiciera, significaría que soy importante.”
Acá vemos como el objeto real —una llamada, un regalo, una invitación, una disculpa— era apenas el soporte de otra cosa.
A veces, la frustración puede ser una defensa muy eficaz porque puede preservar algo precioso para el sujeto: la ilusión de que el Otro sí podría darle... "pero no quiere". Mientras el Otro tenga aquello que falta, el deseo puede mantenerse vivo bajo la forma de la reivindicación. La frustración conserva la esperanza de completud del Otro y conmoverla puede ser mucho más angustiante que resolverla.
Si el Otro no tiene aquello que se le reclama, ya no queda simplemente alguien a quien reclamarle: aparece la falta.
Un análisis puede conmover una determinada modalidad de falta cuando esa modalidad se vuelve un modo de fijación del sujeto.
Incluso puede ocurrir que alguien pase de una queja de privación a una intensa frustración: deja de decir “no tuve” y empieza a exigir “dámelo ahora”. Eso no necesariamente es un avance. Puede ser simplemente un desplazamiento de registro.
La pregunta propiamente analítica sería: ¿Qué sostiene para este sujeto la necesidad de que la falta tenga esa forma?
Los movimientos que Lacan diferencia parecen orientarse hacia la castración como el registro que permite situar propiamente al sujeto en relación con el deseo. No porque la castración sea un tercer grado, superior a privación y frustración, sino porque es el registro donde la falta deja de estar localizada fundamentalmente como una falta de objeto y pasa a concernir al deseo y al Otro como barrado.
Tratándose de la castración el deseo mismo, la conmoción de la privación y de la frustración puede tener como horizonte la castración. La castración tiene un estatuto privilegiado para la dirección de la cura: es la operación que permite que la falta deje de ser simplemente aquello de lo que el sujeto se queja y pase a ser aquello desde lo cual el sujeto desea.
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