viernes, 16 de octubre de 2026

Transferencia: ¿Motor de la cura u obstáculo?

El psicoanálisis es una cura que se realiza a través de la palabra. Freud lo establece desde el comienzo y, aunque Lacan lleve su elaboración más allá, nunca abandona esa perspectiva.

La palabra da el marco, el material y el instrumento de la cura analítica. Nos ocupamos en ella de un sujeto que es efecto de la palabra, la que a su vez nos permite arribar clínicamente a aquellos puntos en los cuales el sujeto se soporta en su relación con el Otro, y con los otros.

Pero prontamente Freud se encontró con una dificultad que se desprende de las vueltas dichas de la palabra, esa dificultad conlleva la puesta en forma de la transferencia.

Si bien por un lado la transferencia es el motor de la cura; por otro lado, se constituye en su obstáculo. Y ello en la medida en la cual el analista va a pasar a contar como un objeto más en el menú libidinal de los objetos del sujeto. Esto significa que algo en el analista, no la persona del analista concita ese vínculo por el cual alguna catexia libidinal, preexistente a la cura, será transferida al analista tomado como objeto. Y en ese punto la transferencia se transformará en un obstáculo.

Con lo cual podríamos decir que, planteado en estos términos, la práctica analítica es una práctica del obstáculo, de uno radicalmente insalvable. Implica la instalación de un conflicto a nivel de la cura misma, que se entrama en la cura y es inherente a ella misma como proceso.

La inherencia del obstáculo se debe precisamente a la función y la posición que el analista ocupa en la cura, por lo que pone en juego. Pero de lo que el analista está advertido, es que ese atolladero es la reedición de un obstáculo de otra índole, el cual se tratará, en términos de Freud, de vencer, para que la cura pueda ser llevada a cabo.

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