miércoles, 26 de noviembre de 2025

La escritura como excepción: un real en la lógica del nudo

La escritura se encuentra, sin duda, en la base misma de la cultura humana. Aun reconociendo el valor que tuvo la transmisión oral en los orígenes de la vida civilizada, la presencia de inscripciones —trazos, marcas, signos— testimonia que la escritura antecede a cualquier sistema formalizado. En ellas se abre una ventana hacia un pasado perdido, donde ya operaba la necesidad de fijar algo, de conferirle permanencia.

Escribir implica siempre delimitar: alojar un trazo, fijarlo y, por ello mismo, acotarlo. Lacan lleva esta dimensión a un punto decisivo dentro del psicoanálisis, retomando y transformando el uso que Freud también había hecho de la escritura en su teoría. Esto no significa, sin embargo, que ambos trabajen bajo el mismo estatuto de escritura. Si Freud vincula la escritura a las operaciones del aparato psíquico, Lacan la desplaza hacia un funcionamiento lógico topológico que interroga directamente la estructura del lenguaje y del inconsciente.

Es importante subrayar que la escritura lacaniana —en especial la nodal— no se confunde con los abordajes habituales de la escritura. Ella constituye, según sus propios términos, una “excepción”. No es un modelo, tampoco una metáfora. Es una forma singular de inscribir lo que, de otro modo, quedaría por fuera de toda representación.

Decir que esta escritura incluye un real supone un cuidado conceptual. No se trata de “lo real” en sentido absoluto, sino de un real, aquel que ex-siste al lenguaje y que la práctica analítica recorta como impasse. La ex-sistencia de este real es paradójica: está incluido en la escritura en tanto permite su borde, pero al mismo tiempo permanece por fuera de cualquier significación. La escritura —el nudo, el lazo, el trazo— opera entonces como una función que delimita este real para hacerlo operable.

Esta ex-sistencia es, a la vez, condición del nudo: allí donde surge la dificultad, se manifiesta también la lógica que sostiene el anudamiento. La escritura topológica lacaniana no sólo describe una estructura; hace visible el lugar del error, del lapsus del lazo, y por ello permite pensar cómo un real se anuda —o se desanuda— en la experiencia subjetiva.

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