viernes, 16 de enero de 2026

El Ideal, la identificación y la doble vertiente del significante

En el significante del Ideal culmina un vector que se inicia en el síntoma y que encuentra en la identificación su punto de apoyo. Es la identificación la que viene a sostener ese entramado significante fundamental para la constitución del sujeto y para la puesta en forma del deseo.

Esta identificación se sitúa en relación con la operación del Otro, en la medida en que este no aporta únicamente el pecho como objeto de satisfacción, sino también aquello que Lacan, en el Seminario 6, denomina la signatura: la marca, la firma o rúbrica que da cuenta de la función del orden simbólico como causa material del inconsciente. Desde esta perspectiva, es posible introducir una distinción entre dos niveles o sesgos del significante.

Por un lado, el significante en tanto que, al articularse, produce significación: esta vertiente cae bajo la rúbrica de la significancia y supone el funcionamiento de la cadena significante y sus efectos de sentido. Por otro lado, puede aislarse un sesgo lógico del significante, un modo diferente de la significancia, que incluye la operatoria significante pero disociada del efecto de sentido. Esta orientación se hará explícita cuando Lacan logre separar la letra de lo idealizante de la demanda, conduciéndola a la función de litoral.

Aunque esta formalización se desarrollará con mayor claridad varios años después, sus primeras formulaciones pueden rastrearse ya en el Seminario 3, dedicado a las psicosis. Allí Lacan introduce no solo la noción de significante asemántico, sino también la del acuse de recibo. Este concepto da cuenta de la inscripción que el significante imprime en el sujeto al margen de toda significación: la barra del algoritmo se sostiene aquí en la medida en que se pone en juego la acefalía propia del significante.

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