Schopenhauer (1778 - 1860) se piensa explícitamente como el verdadero continuador de Kant, pero no en el sentido académico sino casi clínico, porque toma una intuición kantiana y la lleva hasta sus últimas consecuencias existenciales. De Kant toma, sobre todo, tres núcleos:
Kant sostiene que solo conocemos fenómenos, es decir, la realidad tal como aparece mediada por nuestras formas de conocimiento. La cosa en sí existe, pero es incognoscible. Schopenhauer acepta esta escisión, pero introduce un giro decisivo:
La cosa en sí no es incognoscible: la conocemos desde dentro, y se llama Voluntad.
Este pasaje es clave para la clínica: el acceso a lo real no es por vía representacional, sino por una experiencia inmediata, corporal, afectiva.
Kant había descentrado al sujeto empírico para pensar un sujeto trascendental que organiza la experiencia (espacio, tiempo, categorías). Schopenhauer radicaliza esto:
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El mundo es representación (Vorstellung): siempre mundo-para-un-sujeto.
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El sujeto no es un yo psicológico, sino una función que hace posible que algo aparezca como mundo.
Esto tiene una resonancia clínica fuerte: El yo no es el centro soberano; la conciencia es secundaria respecto de fuerzas que no domina.
En Kant, la razón encuentra límites estructurales: no puede conocer lo absoluto sin caer en ilusiones.
Schopenhauer toma este límite, pero cambia el tono: la razón no solo es limitada, sino que además es instrumental, subordinada a algo más primario. Ahí introduce su tesis decisiva: La razón no gobierna al sujeto; sirve a la Voluntad.
Acá se produce el desplazamiento más interesante para pensar clínica. Para Kant, la cosa en sí es un límite epistemológico. Para Schopenhauer, la cosa en sí tiene un nombre, una dinámica y una lógica.
La Voluntad es ciega, no tiene finalidad racional. No busca el bien ni la felicidad, sino que se expresa como impulso, repetición, insistencia.
Desde ya, a los psicoanalistas contemporáneos esto empieza a sonar a pulsión, compulsión, empuje al goce y la repetición más allá del sentido (antes de Freud, antes de Lacan, pero no tan lejos…)
Otro punto clave de separación con Kant es la ruptura con el intelectualismo del último entre cuerpo y afecto. En Kant, el cuerpo es un objeto más en el mundo fenoménico. En Schopenhauer, el cuerpo es el el punto de cruce entre representación y cosa en sí. Se trata de aquello que conozco de dos maneras: como objeto (representación) y como voluntad vivida (dolor, deseo, tensión).
Esto es clínicamente potentísimo, en tanto "el cuerpo no miente". El sufrimiento no necesita ser “interpretado” para existir: hay un saber del cuerpo previo al sentido.
Si lo leemos con lentes clínicos, de este pasaje Kant a Schopenhauer se desprenden varias coordenadas:
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Descentramiento del yo. El sujeto no gobierna su vida psíquica.
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Primacía del sufrimiento No como accidente, sino como estructural.
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La razón como defensa. La racionalización aparece como subordinada a fuerzas más profundas.
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Acceso no simbólico a lo real. El afecto, el cuerpo, el dolor como vías privilegiadas.
¿Por qué? La Voluntad es carencia, empuje, tensión permanente, nunca satisfecha. Cuando deseo algo y no lo obtengo me causa sufrimiento (dolor, falta); si lo obtengo, obtengo un alivio momentáneo, seguido de vacío, aburrimiento, nuevo deseo.
De ahí su fórmula célebre (clínicamente muy fina): La vida oscila como un péndulo entre el dolor y el aburrimiento. Esto no es depresión; es estructura.
Acá aparece algo que, leído desde la clínica, es casi anticipatorio en términos de placer/displacer. Para Schopenhauer el placer es negativo (cesación del dolor), y el dolor es positivo (presencia efectiva). De esta manera, el sufrimiento no es una falla del sistema, es la señal más directa de la Voluntad actuando.
Diariamente en la práctica vemos que el dolor insiste donde el sentido falla. El sujeto puede narrar mucho, pero el sufrimiento vuelve y no se deja suturar por el discurso. En este autor encontramos que el sufrimiento es índice de lo real.
Esto lo vuelve muy distinto del optimismo ilustrado: no hay pedagogía, progreso moral ni tampoco armonización posible.
El pesimismo schopenhaueriano no propone “mejorar la vida”, sino desengañarse de ella. El engaño fundamental sería creer que el deseo puede colmarse, que la satisfacción traerá plenitud. Desde esta perspectiva, la promesa de felicidad es una trampa de la Voluntad para seguir reproduciéndose.
Clínicamente, esto resuena con los pacientes atrapados en ideales (“cuando logre X, voy a estar bien”), También con la repetición de proyectos que fracasan siempre del mismo modo y la caída del ideal como momento decisivo del análisis.
Hay un momento donde Schopenhauer se vuelve sorprendentemente clínico y poco cínico: cuando habla del sufrimiento, la compasión y el lazo con el otro. Si todos sufrimos estructuralmente, entonces, el otro no es rival, sino un semejante en la miseria.
La compasión en este autor no es algo moral, sino reconocer una identidad en el sufrimiento. Esto funda una ética sin ideal del bien, que no busca la felicidad; como mucho, disminuir el sufrimiento.
Para el consultorio contemporáneo, esto se parece más a una ética del límite, una posición del analista que no promete curación total y un acompañamiento que no engaña con ideales.
Ahora, ojo: Schopenhauer también abre "una trampa". El pesimismo puede devenir en fijación al sufrimiento, identidad doliente y goce melancólico del dolor. Algo del tipo: “Sufro, luego existo”. En clínica, esto lo vemos cuando el sufrimiento se vuelve un modo de ser o cuando renunciar a él sería perder consistencia subjetiva. Schopenhauer lo sabía, y por eso no se detiene en el diagnóstico.
Frente al sufrimiento, Schopenhauer propone tres “vías”:
Tal vez el aporte más actual de Schopenhauer para la clínica sea este: No engañar al sujeto con la promesa de felicidad.
El trabajo no apunta a eliminar el sufrimiento ni a producir bienestar permanente. Apunta, más bien, a desarmar las ilusiones que lo redoblan, permitir una relación menos mortífera con el deseo y a reducir el sufrimiento evitable (el que viene del engaño).
para pensar... ¿Cómo se compara este pesimismo con Freud (Más allá del principio del placer), o con Lacan: no hay relación sexual / el goce? ¿Cómo este pesimismo se juega en depresión vs melancolía?

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