lunes, 26 de enero de 2026

Amor, hiancia y discordancia: del fantasma a la experiencia analítica

En el Seminario 8, al interrogar la metáfora del amor, Lacan sitúa la hiancia que se juega entre el amante y el amado, desplazando la falta inherente al amor a otro nivel. Ya no se trata simplemente de una carencia, sino de algo del orden del desgarro y de la discordancia. Ahora bien, estos términos no pueden tomarse como equivalentes. Mientras que el desgarro remite, en un primer nivel, a una rajadura o ruptura, la discordancia exige una elaboración lógica: puede pensarse como solidaria de una aporía, como una hiancia de orden lógico más que como una fractura meramente imaginaria.

A partir de esta delimitación, Lacan circunscribe un campo del amor sostenido en la sustitución entre amante y amado, allí donde algo en el objeto amado produce una ilusión respecto de lo que falta. Es precisamente esta ilusión —ligada siempre a un objeto particular— la que introduce el sesgo fundamental de la contingencia. Lacan traslada entonces esta problemática al campo de la experiencia analítica: la intervención de tipo socrático habilita una significación del amor que vela el hecho de que el sujeto, en tanto objeto, es un deseante del deseo del Otro.

Esta orientación clínica comienza a esbozarse ya en La dirección de la cura…, texto en el que Lacan inicia la elaboración de la torsión necesaria en la transferencia para hacer posible el pasaje del sujeto desde la posición de deseado a la de deseante. No se trata simplemente de un cambio de lugar, sino de una modificación en la lógica misma que sostiene el lazo amoroso en la cura.

De este modo, la praxis analítica se orienta a poner en primer plano el impasse que el fantasma vela. El interrogante clínico que organiza buena parte de este recorrido puede formularse así: ¿qué sería el amor más allá del fantasma? Será a través de las articulaciones de lo modal y de lo nodal como Lacan logrará dar cuenta de esta cuestión y especificarla. Llevar el amor más allá del velo fantasmático constituye un paso necesario para interrogar aquello que, en el Seminario Aún, tomará la forma de un nuevo amor.

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