sábado, 11 de julio de 2026

La personalidad como máscara: una crítica lacaniana

 Lacan manifiesta una marcada desconfianza hacia el concepto de personalidad, al considerar que arrastra consigo una concepción ajena a la lógica del psicoanálisis. La cuestión no es meramente terminológica: se trata de interrogar si dicho concepto resulta pertinente para integrar el corpus teórico psicoanalítico.

Es significativo que esta discusión aparezca en un escrito en el que, al mismo tiempo, Lacan propone una orientación para la cura analítica fundada en la posibilidad de ir más allá del campo de los ideales. Desde esta perspectiva, la práctica analítica no se dirige a consolidar una identidad ni a fortalecer una personalidad, sino a poner en cuestión los puntos de fijación del sujeto en su relación con el deseo del Otro.

En este contexto, la exclusión del término personalidad del vocabulario psicoanalítico adquiere pleno sentido. Una de las razones que sostienen esta crítica reside en su propia etimología. La palabra persona proviene del ámbito teatral y remite originariamente a la máscara utilizada por los actores. Esta referencia no resulta accidental para Lacan, ya que la máscara constituye una figura privilegiada para pensar el estatuto de las identificaciones.

Por esos mismos años, la noción de máscara aparece también articulada al síntoma. No solo puede afirmarse que el síntoma enmascara, sino que el propio síntoma posee una dimensión de máscara. En ambos casos, la máscara funciona como una pantalla: algo que muestra precisamente para ocultar, que vela, disfraza y encubre aquello que no puede presentarse de manera directa.

Entendida desde esta perspectiva, la personalidad designa un entramado identificatorio mediante el cual el sujeto asume una posición que intenta suplir la imposibilidad de una identidad plena. Las identificaciones ofrecen una apariencia de consistencia allí donde el sujeto encuentra una falta estructural. En este sentido, la personalidad opera como una respuesta que remeda una identidad de la que el sujeto, en rigor, carece.

Sin embargo, la cuestión no se agota en su función de encubrimiento. Aunque la máscara resulta constitutiva de la economía del deseo y hace posible la inserción del sujeto en el lazo simbólico, también puede convertirse en un obstáculo. En la medida en que ofrece una respuesta identificatoria, obtura la formulación de la pregunta por el deseo. Es decir, impide que el sujeto pueda interrogarse por aquello que lo constituye en tanto sujeto deseante. En este punto se sitúa la orientación de la cura analítica: no reforzar la máscara, sino propiciar las condiciones para que pueda emerger la pregunta que la máscara, hasta entonces, mantenía velada.

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