En los pacientes neuróticos es frecuente observar cierta movilidad en la temporalidad del relato: un acontecimiento del presente puede conducir a una escena infantil, un recuerdo puede adquirir un nuevo sentido a partir de algo ocurrido recientemente, y una situación actual puede ser interrogada desde acontecimientos aparentemente alejados. Esta movilidad no constituye simplemente un rasgo narrativo, sino que permite que opere una temporalidad propia del inconsciente, en la que el pasado no permanece cerrado, sino que puede ser resignificado retroactivamente.
Sin embargo, algunos pacientes se presentan con un relato marcadamente lineal de su vida. Los acontecimientos aparecen ordenados de manera consecutiva: primero ocurrió esto, después aquello y finalmente aquello otro. Se trata de una temporalidad predominantemente diacrónica, en la que resulta difícil producir cortes, retornos y articulaciones retroactivas. El sujeto parece organizar su experiencia bajo una lógica de sucesión y causalidad: algo ocurrió, produjo una consecuencia y, a partir de allí, se pasó a otra cosa.
Esto no significa que se trate simplemente de personas "más conscientes" ni que pueda establecerse una equivalencia directa entre discurso lineal y predominio de la instancia yoica. Más bien, puede pensarse que, en determinados momentos del análisis, la dimensión de la temporalidad inconsciente queda poco desplegada y el sujeto se sostiene en una narración donde los acontecimientos aparecen demasiado fijados a su orden cronológico.
Podríamos sospechar, para estos casos, que opera allí el rasgo de carácter de la sobreadaptación, que maravillosamente describió Liberman.
Una de las consecuencias de esta modalidad puede ser cierta dificultad para volverse hacia la propia historia. El paciente puede orientarse fundamentalmente hacia lo que viene, hacia la resolución de los problemas actuales o hacia aquello que debe hacer a continuación. En otros casos, el pasado aparece como algo clausurado: "eso ya pasó", como si los acontecimientos anteriores hubieran dejado de tener incidencia sobre el presente.
Esta modalidad puede adquirir especial relevancia frente a situaciones que introducen una ruptura en la continuidad de la vida cotidiana. Una pérdida, una separación, un fracaso o cualquier acontecimiento que conmueva las coordenadas habituales del sujeto puede poner en evidencia la escasa plasticidad de esa temporalidad. No porque exista una relación mecánica entre relato lineal y desestabilización, sino porque aquello que hasta entonces podía mantenerse ordenado bajo una lógica de sucesión puede dejar de resultar suficiente para tramitar una experiencia que exige ser elaborada.
El trabajo analítico puede introducir entonces otra relación con el tiempo. No se trata simplemente de "mirar hacia atrás", como si el objetivo fuera reconstruir cronológicamente la biografía, sino de producir una articulación entre tiempos diferentes. El pasado puede dejar de ser aquello que "ya pasó" para comenzar a adquirir nuevos sentidos a partir de lo que sucede en el presente.
Por ejemplo, frente a una pérdida reciente, el analista puede preguntar por otras pérdidas: ¿cómo atravesó aquella separación?, ¿qué ocurrió entonces?, ¿qué hizo con aquello que perdió?, ¿qué lugar ocupó para él esa experiencia? La pregunta no apunta necesariamente a encontrar una causa en el pasado, sino a poner en relación distintas escenas para que pueda emerger algo de la posición del sujeto frente a la pérdida.
En este punto resulta importante distinguir la historización analítica de una simple reconstrucción biográfica. Historizar no consiste en ordenar mejor los acontecimientos, sino en permitir que el sujeto pueda establecer nuevas conexiones entre ellos. Algo que ocurrió en el pasado puede adquirir otro valor a partir de una experiencia actual; y, a la inversa, una situación presente puede ser leída de otra manera cuando se la articula con una escena anterior.
Podemos pensar, entonces, que el análisis introduce una temporalidad múltiple allí donde el sujeto se encontraba sostenido predominantemente por una temporalidad única. El objetivo no es llevarlo del presente hacia el pasado, sino favorecer ese movimiento de ida y vuelta en el que diferentes momentos de su historia puedan entrar en relación.
Esto permite retomar la cuestión de la estructura significante. En la enseñanza de Lacan, la cadena significante no debe pensarse únicamente como una sucesión lineal, sino también en términos de articulaciones, puntos de cruce y relaciones que hacen posible que un significante adquiera valor en función de otros. La metáfora de la red resulta particularmente fecunda: una red no es solamente una serie de elementos conectados, sino también un entramado constituido por intervalos, cortes y agujeros.
El trabajo del analista puede operar precisamente sobre esos puntos de articulación. Al introducir una pregunta, detenerse en un significante, retomar una contradicción o enlazar una escena actual con otra aparentemente distante, no se está simplemente agregando información a la historia del paciente. Se están moviendo los hilos de esa red.
Es en este sentido que puede entenderse la historización como una operación analítica: no consiste en recuperar un pasado perdido, sino en producir nuevas articulaciones significantes capaces de modificar la relación del sujeto con aquello que ha vivido.
La neurosis no implica, por lo tanto, estar necesariamente "atrapado en un único tiempo". Pero sí puede presentar, en determinados momentos, una fijación de la experiencia a ciertas coordenadas temporales y significantes. El análisis introduce la posibilidad de que esas coordenadas se desplacen, de que el pasado pueda dejar de ser pasado y el presente deje de aparecer como un acontecimiento aislado. Allí donde había una línea, comienzan a aparecer conexiones; donde había sucesión, retroacción; y donde había una historia aparentemente cerrada, la posibilidad de una nueva historización.
Neurosis y regresión lineal
El neurótico puede volver sobre su historia, pero volver siempre por el mismo camino. En este sentido, el sujeto efectivamente vuelve al pasado, pero lo hace siguiendo una secuencia ya establecida, como si retrocediera por las mismas estaciones de su historia.
Un paciente puede decir: “Cuando era chico pasó esto. Después mis padres se separaron. A los 15 pasó aquello. Después conocí a mi mujer. Entonces ocurrió esto y por eso hoy soy así.”. Está recorriendo su historia hacia atrás o hacia adelante, pero conserva una lógica de continuidad. El pasado aparece como una cadena de acontecimientos que explica el presente.
De esta manera, no toda historización es necesariamente analítica. Un paciente puede hablar hartamente de su infancia, establecer relaciones entre acontecimientos y hasta encontrar "las causas" de lo que le sucede, sin que por eso se haya producido una verdadera operación de historización. Puede estar haciendo una especie de arqueología lineal de sí mismo.
Ahí aparece una diferencia fundamental entre recordar e historizar. En la regresión lineal, el pasado funciona como explicación del presente. En la historización analítica, en cambio, el movimiento es menos causal.
El problema de la neurosis es que sus movimientos temporales permanecen capturados por una misma lógica. Puede ir hacia adelante, volver hacia atrás, detenerse en la infancia, recordar escenas, pero siempre dentro de un recorrido ya trazado. La intervención apunta a hacer que la línea deje de ser una trayectoria necesaria y empiece a adquirir ramificaciones, más propio de la red significante que de una cadena. ¿De qué manera? Ubicando la repetición en lugar del recuerdo.
La temporalidad retroactiva propia del trabajo analítico introduce una discontinuidad: el pasado no es recuperado, sino que se modifica su estatuto a partir del presente.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario