martes, 27 de octubre de 2026

Del mito a la estructura: el Edipo entre el semblante y lo real

La enseñanza de Lacan encuentra en la obra freudiana su punto de partida necesario, aunque no se limita a retomarla: en determinados aspectos, procura trascender sus dificultades y ofrecer nuevas vías para resolverlas. Uno de estos movimientos se condensa en una fórmula que aparece en el Seminario 17: se trata de ir «del mito a la estructura».

Esta orientación expresa una crítica que Lacan desarrolla a lo largo de su enseñanza: el recurso al mito para dar cuenta del surgimiento de la ley conduce a un impasse. Podemos reconocer los indicios de esta dificultad en el propio Freud, particularmente cuando se interroga por la instauración de una ley que haga posible la salida de la endogamia y el acceso a la exogamia. Sin embargo, el planteo freudiano no logra desprenderse por completo de las coordenadas míticas en las que se formula el problema.

La dimensión estructural le permite a Lacan encontrar una salida a este callejón sin salida del mito y de la pregunta por el origen. Desde esta perspectiva, la castración deja de quedar circunscripta a su formulación discursiva y pasa a concebirse, también, como un efecto correlativo a la entrada del sujeto en el lenguaje. No se trata, entonces, de localizar un acontecimiento originario que explique la instauración de la ley, sino de interrogar la lógica que hace posible su funcionamiento.

El pasaje del mito a la estructura permite, asimismo, abordar la cuestión del comienzo sin quedar atrapados en la búsqueda de un origen. En esta operación, el Padre puede dejar de ser pensado como un antepasado situado en el inicio de una secuencia histórica para adquirir el estatuto de un antecedente lógico: una excepción que, lejos de integrarse a la serie como un elemento más, constituye una condición de su organización. Lacan formaliza esta función mediante la lógica modal, desplazando así la pregunta por el origen hacia las condiciones estructurales que hacen posible la serie.

En este contexto, resulta significativa la caracterización que Lacan hace del Edipo freudiano como un sueño. ¿Qué implica esta afirmación? Fundamentalmente, permite establecer una distinción entre el semblante y lo real. El Edipo posee una dimensión ficcional y significante: organiza una trama mediante la cual se representa aquello que, en el plano estructural, no puede resolverse en términos de una prohibición. En este sentido, opera de manera análoga al fantasma, en tanto vela, bajo la figura de la interdicción paterna, una imposibilidad que no depende de una prohibición contingente: la imposibilidad estructural del acceso del sujeto al goce.

Ahora bien, ¿significa esto que el Edipo constituye una dimensión prescindible para el psicoanálisis? De ninguna manera. En primer lugar, porque el sujeto no encuentra su lugar en el Otro al margen de las operaciones significantes y de los semblantes que organizan su relación con él. En segundo lugar, porque la relación con lo real que se desprende de aquella imposibilidad nunca es inmediata ni directa: se encuentra necesariamente mediada por lo simbólico. El Edipo conserva, por lo tanto, su valor, no como explicación mítica de un origen, sino como una construcción significante que permite al sujeto inscribirse en una estructura y elaborar, en sus propios términos, aquello que dicha estructura hace imposible.

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