En otras ocasiones hemos señalado que el pasaje de lo modal a lo nodal responde a una cierta insuficiencia de lo primero. No se trata de afirmar que lo modal carezca de eficacia para delimitar el impasse que atraviesa la sexualidad del sujeto; por el contrario, su operatoria permite marcar un punto de quiebre, un avance en la circunscripción del problema. Sin embargo, Lacan logra situar con precisión que, aun cuando lo modal introduce un salto y produce un efecto de esclarecimiento, permanece anclado en el campo de la predicación. En este sentido, resulta un recurso limitado para pensar una incidencia efectiva sobre el impasse, más allá de su mera delimitación.
Una vez producido este pasaje, el Seminario 24 introduce una nueva torsión en el abordaje de la cuestión. Allí, lo real es tratado como un atolladero a partir de la consistencia de lo nodal. No obstante, algo de este planteo se revela insuficiente: “hace falta un poco más”, afirma Lacan. Entendemos que esta exigencia apunta a la búsqueda de una escritura de la no-relación que deba ir más allá del lapsus tal como había sido circunscripto en el Seminario 23.
El camino elegido consiste entonces en transformar el redondel de cuerda en un toro, operación que devuelve a un lugar central una superficie presente desde los inicios de su enseñanza. Lacan emprende así lo que denomina una “reversión de los toros”: un trabajo de exploración de los efectos de ciertos cortes que, al incidir sobre la estructura de los toros y su modo de anudamiento, trastocan la relación entre lo que incluye y lo incluido.
Se abre de este modo una discusión de largo alcance: ¿qué tipo de corte es necesario para deshacer la estructura del anudamiento?, ¿cuáles, en cambio, no producen esa ruptura? Estas preguntas le permiten a Lacan esbozar respuestas posibles a un interrogante decisivo, tan complejo como fundamental: ¿qué es un cuerpo real?
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