lunes, 26 de enero de 2026

Lo escrito como litoral entre lo real y la verdad

Un eje central del Seminario 18 es la contraposición entre lo real y la verdad, solidaria de la oposición entre lo escrito y la palabra. No se trata, en la perspectiva de Lacan, de una pérdida de importancia de la palabra, sino de situar a lo escrito allí donde la palabra deviene insuficiente. La palabra se enlaza a lo que Lacan denomina la Dichomansión, neologismo con el que nombra el lugar donde la verdad se pone en forma, aunque siempre bajo una lógica que es provista por lo escrito.

En este punto se introduce una paradoja decisiva: lo escrito opera como soporte de la palabra en la misma medida en que es consecuencia de ella. Es efecto de esa “función primaria de la verdad” que Lacan vuelve a señalar en La tercera, aun cuando permita formalizar aquello que la palabra no logra resolver en el nivel de la significación.

La palabra es, entonces, siempre primera. Lo escrito surge como una precipitación de la palabra allí donde su efecto no puede reducirse al efecto semántico, es decir, donde el decir produce algo que excede la significación. En ese exceso se abre la necesidad de lo escrito.

Lo escrito se configura, en este contexto, a partir de una pregunta esencial: ¿cuál es el litoral que delimita la distancia entre ambos campos? En las distintas modalidades que adopta desde el Seminario 18 en adelante, lo escrito viene a ocupar el lugar de la imposibilidad de un metalenguaje. No hay un decir que pueda decirlo todo sobre el decir, y es en ese punto donde lo escrito adquiere su función.

Llevado al campo de la sexualidad, esto implica que el lenguaje aporta una sola Bedeutung, lo cual conlleva la imposibilidad de la relación sexual, en tanto no dispone del término que haría par con esa significación. Lo escrito viene entonces a remendar —sin colmar— esa imposibilidad de escritura de la relación sexual. El sujeto se sexúa a través de una función que parodia lo que no hay, lo que vuelve necesaria la apelación a la lógica cuantificacional y a las modalidades.

En este sentido, lo escrito es el recurso mediante el cual Lacan aborda lo real como impasse, como atolladero que la palabra —es decir, lo simbólico— no resuelve. Lo escrito no escribe lo real, sino que lo deslinda: escribe la imposibilidad de escritura. Lo real, por su parte, persiste como aquello que no cesa de no escribirse.

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