En el grafo lacaniano, el Ideal es el punto donde culmina un vector que parte del síntoma y en el cual se establece una identificación. Esta identificación actúa como soporte del entramado significante esencial para la constitución del sujeto y del deseo. Se sitúa en relación con la operación del Otro, que no solo provee el objeto de satisfacción (el pecho) sino también la “signatura”: una marca que encarna la función de lo simbólico como causa material del inconsciente.
Este planteo permite diferenciar dos niveles del significante. Por un lado, su articulación genera significación, lo que se inscribe bajo la lógica de la significancia y la cadena significante. Por otro, existe un sesgo lógico del significante, que implica su operatoria desconectada del efecto de sentido. Este aspecto se hace evidente en el Seminario 3, donde Lacan introduce el concepto de “acuse de recibo”, señalando la inscripción que el significante deja en el sujeto, sin relación con la significación.
En esta línea, la barra del algoritmo lacaniano se sostiene en la medida en que esta dimensión pone en juego la acefalía propia del significante. Lacan ya había abordado la comunicación en el Seminario 1 como una de las formas en que opera la nominación. Concebirla como inscripción revela la estrecha relación entre el Ideal del yo y la identificación primaria, ya que implica una escritura, un acta fundante.
Así, el significante del Ideal opera en el sujeto como un acto creador, dotado de un valor instituyente. Al referirnos a este significante privilegiado, nos situamos en el ámbito de las operaciones primordiales que constituyen al sujeto del inconsciente. Específicamente, este significante es clave en la instauración de la demanda dentro de la relación entre el sujeto y el Otro, y sin demanda, no hay posibilidad de deseo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario