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martes, 25 de marzo de 2025

El sujeto de la certeza y el final del análisis

El Seminario 11 introduce una idea que, a primera vista, parece contradictoria dentro del desarrollo de Lacan: la noción del sujeto de la certeza. Esta formulación se enmarca dentro de coordenadas cartesianas y no anula lo previamente elaborado sobre el sujeto dividido y evanescente.

Diferenciar al sujeto de la certeza del sujeto del fading es crucial. Mientras que el segundo se diluye en la significación y es solidario del esquema Rho, el primero plantea un punto de afirmación. No se trata de la desaparición del fading ni de la negación de la evanescencia, sino de la introducción de una nueva problemática: la del sujeto en el final del análisis.

El inicio del análisis está marcado por la vacilación del sujeto ante el saber: no sabe, y por ello supone un saber en el Otro, estableciendo la transferencia. En cambio, la certeza en el final del análisis señala un recorte que no queda negativizado ni sometido al equívoco significante. Este punto inamovible es correlativo de la destitución del sujeto y de su rectificación, lo que implica una pérdida más que una modulación.

Así, el sujeto de la certeza lleva a Lacan a reformular la subversión del sujeto y a plantear no solo la realidad de su división, sino también su estatuto no ontológico. Esta perspectiva resuena con una nueva manera de pensar el inconsciente, donde el énfasis ya no está en la falta sino en la falla.

El pasaje de la falta a la falla es un tránsito clave dentro del pensamiento lacaniano. Este desplazamiento otorga un nuevo valor a la función del deseo, entendido como una función lógica que habilita el desasimiento y su posibilidad misma.

martes, 18 de marzo de 2025

¿Paciente o analizante?

 Es común el uso sistemático de la palabra "analizante" en lugar de "paciente", pero esta elección podría ignorar un punto clave: no todo consultante se encuentra ya en la posición de analizante. Llegar a ocupar ese lugar requiere un trabajo de posicionamiento subjetivo, un proceso que no es inmediato ni fácil de lograr.

Este trabajo es precisamente la función de las entrevistas preliminares, fundamentales para que pueda haber un análisis propiamente dicho. Lacan subraya su importancia en La dirección de la cura y los principios de su poder, destacando que el pasaje a la posición de analizante no es automático. Mientras ese pasaje no ocurra, la palabra "paciente" sigue siendo más precisa para describir la posición subjetiva del consultante.

En cuanto a ciertos malentendidos sobre el proceso analítico: en psicoanálisis no se trata de “instalar al analista”, sino de permitir que el análisis se despliegue. Tampoco se busca “instalar la transferencia”, ya que esta opera por sí misma sin necesidad de forzarla. Lo esencial es comprenderla, de modo que su interpretación posibilite el avance del análisis.

Por todo esto, es crucial distinguir las primeras consultas del proceso analítico propiamente dicho. Estas no son simples encuentros entre pacientes o impacientes, sino un momento preliminar decisivo. De entrada, debe haber un analista, pero un analizante aún no está dado: su emergencia es un proceso, no un punto de partida.

sábado, 8 de marzo de 2025

La duración y la naturaleza del tratamiento psicoterapéutico

 Muchas personas que buscan ayuda psicoterapéutica esperan que el tratamiento no solo sea efectivo, sino también breve. Sin embargo, el análisis ha demostrado que los padecimientos del sujeto se han construido y consolidado a lo largo de muchos años, por lo que difícilmente pueden resolverse sin un proceso minucioso que tome el tiempo necesario para abordar sus causas(1). Aun así, es común que el simple hecho de recibir atención genere un alivio momentáneo, que puede confundirse con una mejoría sostenida.

Por ello, es importante que quienes buscan ayuda profesional –ya sea con un analista o con cualquier especialista en salud mental– tengan una visión realista de sus problemas y comprendan la naturaleza del trabajo necesario para resolverlos.

La creciente difusión de la psicología y la psiquiatría ha llevado a que diversas prácticas, aun con diferencias significativas, sean percibidas popularmente como equivalentes. Además, las limitaciones económicas –tanto reales como imaginadas– han favorecido la proliferación de sistemas de atención de bajo costo, con la expectativa de que los tratamientos sean breves.

Siguiendo la recomendación de Lacan, antes de iniciar un análisis es fundamental que el paciente obtenga una primera ubicación de su posición en lo real(2). No se trata de enseñarle una supuesta “verdadera realidad”, sino de ayudarle a formular una primera comprensión de los conflictos y síntomas que lo llevaron a la consulta. Lacan llamó a este proceso, en línea con Freud, “sistematización de los síntomas”, un punto de partida que podrá ser posteriormente ajustado, ampliado o reformulado. Este paso inicial es clave para que el consultante comprenda la labor que deberá realizar y, si lo decide, asuma un compromiso consigo mismo.

Notas:

  1. Cf. Freud, Obras Completas, Amorrortu, Vol.12, pp. 130-131.
  2. Lacan, Escritos, Siglo XXI, p. 569.

viernes, 14 de febrero de 2025

Las condiciones para el inicio de un análisis

En las supervisiones de practicantes del psicoanálisis, surge con frecuencia una pregunta clave: ¿cuáles son las condiciones para que un análisis se ponga en marcha? Destaco el artículo indeterminado "un", ya que resalta el carácter irrepetible de cada proceso analítico.

Para abordar esta cuestión, es fundamental partir de un hecho clínico: a pesar de que Freud utilizó el término "técnica", el psicoanálisis carece de un procedimiento estandarizado. No existe un protocolo aplicable a todos los casos, y esto es un punto central a considerar.

Así, solo podemos hablar de las condiciones que permiten que un psicoanálisis sea posible. No obstante, la ausencia de un método fijo no implica que el psicoanálisis carezca de reglas para su desarrollo.

En las primeras entrevistas, el analista escucha y evalúa si se dan las condiciones necesarias para que el sujeto que consulta pueda transitar de la posición de paciente a la de analizante. Este proceso involucra dos aspectos fundamentales: por un lado, la disposición del sujeto a entrar en el trabajo transferencial, y por otro, la posición que adopta el analista en la relación.

Dichas condiciones incluyen no solo aspectos materiales como los honorarios y la frecuencia de las sesiones, sino también una dimensión subjetiva: el pasaje de la respuesta a la pregunta. Para que el sujeto pueda advenir en la experiencia analítica, es necesario que el analista escuche a qué Otro se dirige, es decir, de quién espera la respuesta.

El acto analítico, en este sentido, apuesta a producir un efecto de sorpresa: el analista escucha desde el lugar del Otro, pero no responde desde allí donde el sujeto lo espera. Es en esta torsión donde se abre la posibilidad de un análisis.

lunes, 27 de enero de 2025

El Análisis: Entre la Entrada y la Salida

Freud propuso que existen reglas que ordenan las entradas y salidas del análisis, y que lo que ocurre entre estos dos momentos está marcado por una singularidad que escapa a la comparación. Es lógico, en el planteo freudiano, que haya un trabajo más sostenido respecto a las entradas que a las salidas, dado que se trataba de la estructuración de un dispositivo inédito.

Lacan, por su parte, retoma estas cuestiones interrogando tanto los inicios como los finales del análisis. Al usar el plural, señala lo particular e incomparable de cada análisis, indicando que, más allá de lo que regula el trabajo en general, cada sujeto debe encontrar su propio modo de analizarse. Así, lo que ocurre en el “medio” del análisis, ese tránsito, se presenta como un proceso único e individual.

En el seminario 12, Lacan aborda un punto crucial sobre el final del análisis: lo “no resuelto”. ¿Se trata de lo que no se resolvió conceptualmente en ese momento, o de lo que resulta irresoluble en las conclusiones del análisis?

Este punto se enriquece cuando Lacan introduce el problema del olvido. Un análisis permite olvidar, un proceso muy distinto al simple olvido. Este olvido tiene un papel fundamental en el punto de partida freudiano, especialmente en lo que se refiere al olvido de los nombres propios.

Lo interesante de este olvido, a diferencia de cualquier otro, es que pone de manifiesto cómo la “memoria inconsciente” actúa, revelando lo imposible de recordar: aquello que no cae bajo la represión secundaria. Este olvido, entonces, está vinculado a la represión primaria, y el ejemplo de Signorelli resulta paradigmático, ya que da cuenta de la conexión entre la sexualidad y la muerte.

Respecto a esto, el trabajo sobre el nombre propio cobra una relevancia particular en el seminario, ya que se vuelve problemático si se aborda desde una perspectiva lingüística, o desde la “lúnula” que marca la frontera entre lo simbólico y lo imaginario. Lo que se subsume en ese espacio pertenece al orden de la letra, y se presenta como un litoral, una condición necesaria para un despertar.

viernes, 20 de septiembre de 2024

¿Es para todos el análisis?

La pregunta que enmarca estas líneas es una pregunta compleja. Puede resultar incluso antipática y más en una época donde parece que todo es para todos.

Las coordenadas simbólicas del Otro actual sostienen la ilusión en cuanto al alcance del “Todos”. Por ello en el Otro de nuestra contemporaneidad se sostiene un discurso que es solidario de ciertos semblantes, por los cuales el “todos” cobró una forma desmesurada.

El problema, político si se quiere (y me refiero a la política del psicoanálisis, o sea al régimen del síntoma) es que esta predominancia de un “todos” ilusorio conlleva una recusación de la diferencia. Y digo la diferencia y no las diferencias.

No recuerdo exactamente dónde, me parece que en un texto relativamente tardío de su enseñanza, Lacan plantea, tal vez como aspiración o como anhelo: que el análisis no sea para pocos.

Ahora que no sea para pocos, no significa que sea para todos.

¿Se trata aquí de una interrogación que apunte a la segregación? No, es un interrogante respecto de cuáles son las condiciones para que un sujeto pueda efectivamente entrar en el dispositivo analítico, o también: ¿de qué depende la posición analizante?

En primer lugar, podríamos afirmar que no alcanza con padecer. El padecimiento no solo es inherente a lo humano, sino que incluso no asegura ni garantiza la división del lado del sujeto.

Un sujeto podría efectivamente ser objeto de un padecimiento desmedido que le complejiza la vida en más de un sentido y, sin embargo, esto no significar alguna forma de barradura. Porque allende ese penar podría no solo encontrar argumentos, sino también culpables para su malestar.

Va de suyo sostener o resaltar que no hay entrada en análisis sin una pregunta, pero además una que no sólo concierna al sujeto, sino que implique a la causa, y no sólo a la del deseo. Lo complejo, problemático… y antipático, es que no sólo nada la garantiza, sino que no hay posibilidad de garantizarla. O sea que se trata del Otro.

martes, 16 de julio de 2024

¿Paciente o analizante? Distinciones

 Así como el analista no es la persona que lo encarna, sino una función que debe instituirse en el dispositivo analítico; algo equivalente podríamos plantear también del lado de quien consulta.

Alguien puede consultar por un padecimiento de diferente índole, por una circunstancia contingente de su vida o por algún problema de larga data. Estamos en ese momento inicial de puesta en juego de los primeros pasos del dispositivo.

Pero se hacen necesarias una serie de operaciones del lado del analista, y las consecuentes modificaciones para que, en ese paciente, esa persona que consulta pueda instituirse la posición de un analizante.

Precisamente sobre este término está puesto el centro de la cuestión: es la posición.
Lo que define un analizante, a diferencia de un paciente, es una posición en relación con una pregunta, un enigma, el que a veces el sujeto ya trae, pero la más de las veces se constituye en ese tiempo inicial de entrevistas.

Para que se produzca dicha posición analizante es necesario que se configure una pregunta, la que no necesariamente tenga que ser consciente para el sujeto; sino una interrogación, o sea que, en aquella demanda original, inicial de la consulta, se instale un interrogante que fundamentalmente le concierna al sujeto. O sea que lo implique o lo involucre de una manera íntima, podríamos decir.

Otro de los criterios que podríamos tomar para situar que la posición del analizante se puso en forma en el dispositivo, haciendo posible el pasaje de las entrevistas preliminares al análisis propiamente dicho es la instalación allí de un síntoma analítico. Este segundo criterio no carece de vínculos con lo anterior, por cuanto un síntoma analítico lleva entramada una pregunta por la causa.

Dificultades para cernir el síntoma: los pacientes que lo saben todo

Para salir de una perspectiva estrictamente fenomenológica, el psicoanálisis se interroga respecto de las condiciones necesarias, concernientes a la posición del sujeto, para que el dispositivo pudiera ponerse en funcionamiento.

Podríamos decir que, sumariamente, alguien puede consultar a un analista por algún malestar, un penar de más, un sufrimiento que le interrumpe la vida o le obstaculiza el lazo social. Pero, y fundamentalmente para que el dispositivo analítico se ponga en forma, después de un tiempo inicial de entrevistas, requerido, en cualquier caso, se hace necesaria la delimitación de una pregunta que de algún modo articule ese malestar con la posición del sujeto.

Estamos en un momento donde la demanda inicial, que motorizó la consulta, da paso a la demanda analítica propiamente dicha.

Con esto queremos decir que la pregunta implica entonces ese pasaje por el cual ese penar de más concierne a un sujeto. Y este concernimiento acarrea necesariamente una pregunta por cuanto el sujeto es solidario de ella, y no de la respuesta.

En oposición a esta situación es claro que podemos encontrar posiciones, en algunos pacientes (me cuido mucho de no llamarlos analizantes) que se presentan desde una posición de saber.

Titulamos a esta presentación como pacientes que lo saben todo. No porque lo sepan efectivamente, sino porque lo que no se encuentra allí, en el discurso, es la dimensión de una pregunta que agujeree su sistema de creencias, el conjunto de sus argumentos.

Son pacientes en los cuales encontramos toda una serie de argumentos y elaboraciones que funcionan no como respuesta a una pregunta, sino como aquello que les hace posible no formulársela.

martes, 2 de julio de 2024

¿Cómo se elige a un analista? y... ¿Elige un analista?

 La elección de un analista, en el momento en el que un sujeto quiera comenzar un análisis, la decisión de dirigirse a tal o cual analista, es un una cuestión que merece algunas interrogaciones.

Hay diferentes maneras de acceder a un analista. Se puede hacerlo a través de la sugerencia de algún otro a quien se le consulta o se le pregunta si puede dar el nombre de alguien con quien comenzar un análisis; o el analista puede ser fruto de un encuentro la más de las veces azaroso, en distintos ámbitos en los cuales se haya leído o escuchado a un analista sostener sus lecturas o los interrogantes que pone en juego en su práctica.

En principio se puede elegir un analista a partir de una inicial suposición de saber, la cual después deberá volverse operativa en el inicio de las entrevistas y la puesta en forma de la transferencia. Y este punto ya conlleva una vuelta respecto de ese encuentro inicial, algo más debe pasar.

Pero hay aún una dimensión mucho más opaca, si se quiere, en la elección de un analista, algo que no que no está, en principio, en el primer plano. Incluso es algo que esta entramado, disfrazado o velado detrás de esa suposición de saber.

Nos referimos a la cuestión de que el analista de un sujeto (que por supuesto no reducimos a quien lo encarna) implica un lazo que presupone la puesta en juego de algún rasgo o algún matiz.

Se trata de una singularidad que conecta con el Otro del sujeto. Con lo cual entonces, en la elección de un analista hay aquello que es posible de decir, de articular y significar; y hay también de lo que escapa la palabra, de lo que es reacio a ella. Y quizá se juega en esto una cuestión fundamental de un análisis: ¿cómo transmitir lo mas singular que allí pasa? Precisamente porque eso lo implica al analista.

La elección del analista.
Cuando alguien decide consultar por un padecimiento que lo aqueja, puede acceder a un analista a través de distintos modos. Puede llegar a uno porque lo conoce por alguna circunstancia de la vida o algún lugar por el que transita. Se puede también llegar a un analista a través de la recomendación de alguien; incluso, eventualmente es posible acceder a un analista a través de una consulta en un seguro médico o en un hospital.

En cualquier caso, el punto relevante de la pregunta: ¿porque se elige un analista? es el verbo elegir. ¿Qué quiere decir elegir a un analista?

¿Significa decidir acudir a la primer consulta o significa decidir quedarse?
Planteo estos interrogantes porque lo que me interesa remarcar, es que elegir a un analista es la decisión (no del todo voluntaria, ni del todo consciente) de quedarse en un análisis con determinado analista para emprender un trabajo.

A partir de ello entonces, y retroactivamente, en el trabajo mismo quizás se podrá dar cuenta de que la elección de ese analista no fue azarosa.

Sino que el sujeto pudo encontrar allí un determinado estilo, un cierto rasgo, algo que en ese analista hace resonancia de alguna cuestión de su historia o de su propio padecimiento. En ese punto, la persona que encarna al analista en cuestión no es más que el vehículo o el sostén de algo que pertenece a la historia del sujeto, y que la más de las veces es totalmente inconsciente hasta que el trabajo lo vuelve evidente, no en el sentido de lo que se ve, sino de la posibilidad de caer en la cuenta.

Y es relevante hablar de cuenta tratándose, quizás, de un cierto rasgo. Porque lo discreto del rasgo conlleva lo contable, y fue a través de ello que el sujeto entró en la cuenta del Otro. Es lógico entonces que algo de esto se juega en el vínculo con el analista, dado que el trabajo del análisis conlleva la transferencia y ésta no es algo que se pueda establecer con cualquiera, a diestra y siniestra.

¿Hay elección del lado del analista?
Hay dos dimensiones por las cuales me parece que se podría tomar esto. El analista elige en el punto en el cual es quien decide la modalidad y la temporalidad de sus intervenciones. Es cierto que estas están condicionadas por el discurso del sujeto y por el lugar que el analista le toca ocupar en la transferencia.

Sin embargo, hay algo del orden de una cierta elección que se juega en la modalidad de un estilo, en un cierto tiempo de intervenir. Hay diferentes maneras de practicar el psicoanálisis y se juega, en ese punto, algo del orden de una elección. Incluso porque podría pensarse esta elección asociada al estilo como la consecuencia del análisis del analista.

Pero también hay otra cuestión, mucho más delicada si se quiere. Es el hecho de que el analista elige si da o no lugar a la demanda que recibe. O sea, el analista recibe una demanda asociada a un cierto padecimiento, una demanda de escucha, la cual podrá eventualmente transformarse en una demanda de análisis.

Este punto es importante porque el analista decide si da lugar o no, o sea, decide si hace posible o no la entrada al dispositivo. Queremos decir con esto que el analista no está obligado a acoger todas las demandas. La pregunta es, ¿qué lectura llevó a cabo un analista que le haría factible decidir no dar lugar a una demanda?

lunes, 1 de enero de 2024

Desde la consulta al analista al inicio de un análisis

 ¿Podemos afirmar que la consulta de un sujeto a un analista está comandada lisa y simplemente por el malestar?

La entrada en la cultura conlleva una renuncia pulsional, ya que por el hecho de habitar la cultura y de estar inmersos en el campo del lenguaje, el sujeto padece de un déficit en cuanto al campo de su satisfacción.

Sin embargo, esta entrada ofrece remedos. Allí donde la captura por el lenguaje conlleva una pérdida, la estructura misma ofrece compensaciones a través de los ideales propios de la cultura o sus compensaciones sublimatorias, en las cuales cada sujeto podrá encontrar un modo de satisfacción.

Todo lo que queda dentro de este campo podría quedar subsumido en el dolor de existir. El solo hecho de existir produce en el sujeto un malestar y en la medida en la cual el sujeto responde a ese malestar con una satisfacción supletoria (el marco del fantasma) hay en el neurótico una recuperación vía un plus, vía un excedente.

Así como el solo hecho del malestar concomitante con el dolor de existir es propio de la naturaleza humana, la satisfacción o el plus que el sujeto encuentra en el fantasma tiene una función, defensiva diríamos. Y si ella vacila en cuanto a su función de pantalla, podría entonces cobrar la forma de un penar de más.

El sujeto, en este sentido, consulta un analista no simplemente porque sufre, sino porque está afectado por un penar de más, por un excedente en cuanto al dolor. Y esto responde al hecho de que aquella satisfacción supletoria con la cual el sujeto mantiene a distancia la castración del Otro queda afectada en su función y se transforma, entonces, en un penar de más y podrá a partir de ahí motorizar una consulta, una demanda.

Freud dijo que el análisis funciona, de alguna manera, al modo del juego de ajedrez, donde los inicios y los finales están reglados y todo lo que sucede en el medio está marcado por la contingencia, que depende de la particularidad de cada sujeto. Un análisis nunca puede ser igual a otro.

En ese sentido, entonces el inicio de un análisis debe ser demostrado y, en principio, no coincide con el comienzo de las entrevistas, ni con el llamado telefónico a un analista o tampoco con una entrevista donde eventualmente quien padece puede hablar de ese sufrimiento que lo lleva a la consulta.

El inicio de un análisis, desde la perspectiva de Freud, implica la instalación de la neurosis de transferencia, que es una neurosis artificial, ordenada en función de los significantes que comandan la neurosis de ese sujeto, pero que tiene como novedad una vinculación al analista. La neurosis de transferencia incluye al analista y el inicio de un análisis conlleva la instalación, ahora desde el planteo de Lacan, del Sujeto Supuesto Saber.

En la medida en que el sujeto está inmerso en el campo del lenguaje, toda palabra implica al Otro, por cuanto llama a una respuesta, convoca al oyente. En tanto y en cuanto la transferencia, o sea la suposición de saber, se haya instalado, la palabra del analista será tomada, entonces y necesariamente, como proveniente de ese lugar del Otro.

Esto es necesario, más no suficiente. Para poder pensar el inicio de un análisis se hace indispensable que el sujeto (no el moi) quede “implicado” en la pregunta o demanda que se le dirige al analista. Finalmente entonces, el inicio del análisis implica una reformulación de la demanda. Allí donde hubo un pedido de ser escuchado, la demanda analítica formula una pregunta, que no siempre toma una estructura gramatical interrogativa en el discurso corriente, pero que involucra al sujeto en aquello que le pasa.


viernes, 15 de diciembre de 2023

Las máscaras de la demanda

 La demanda implica necesariamente a la pregunta más allá del grado de su enmascaramiento, y es inseparable del surgimiento del deseo que nunca puede ser anónimo, y esto reviste un valor determinante puesto que exige de un Otro que responda de él. Si éste no es puesto en juego, la condición de constitución de una demanda de amor no opera.

Diana Rabinovich señala que el objeto a es aquello con lo cual el sujeto responde a la inconsistencia del Otro, y esto en sus dos dimensiones: causa de deseo y plus de gozar. Si el a obtura sólo como plus, el sujeto allí instalado en el lugar de una respuesta obstaculiza la puesta en forma de una pregunta, que es la condición de posibilidad de una demanda, también la analítica.

En este sentido, Rabinovich ejemplifica con esos casos cada vez más usuales, en los cuales un sujeto se presenta con una demanda difusa, poco clara y con grandes dificultades para poner en acto una pregunta que le permita alojarse en la posición del analizante. Se trata de sujetos que llegan con fenómenos clínicos, llamémoslos así, que no podemos poner bajo la égida del síntoma y que pertenecen más a la esfera de lo fantasmático. Son presentaciones clínicas necesariamente dominadas por las impulsiones, la prisa, la ausencia de pregunta o involucramiento subjetivo.


Sin dudas estas presentaciones clínicas de los sujetos que escuchamos a diario son la consecuencia de algo que opera a nivel de la estructuración, y proponemos en este punto una hipótesis: el Otro de nuestra contemporaneidad se caracteriza por un abandono de su función nominativa amparado en una serie de esloganes vacíos sobre la supuesta libertad. Y esto conlleva en el sujeto un déficit en cuanto a sus anclajes, por eso son presentaciones subjetivas dominadas por algún sesgo de la errancia.

lunes, 14 de febrero de 2022

¿Análisis ó terapia con escucha analítica?

Es una realidad, que no todos eligen un análisis a la hora de resolver sus cuestiones. Es verdad, que hay condiciones/circunstancias que alguien debe poder atravesar y estar dispuesto. Sin ello, por mejor analista que halla, no hay análisis. Dice Gabriel Rolón:
"El paciente del psicoanálisis es diferente al de otras terapias. Tiene que cumplir algunos requisitos para beneficiarse de nuestra práctica. Es alguien que está angustiado, que tiene una pregunta, un enigma que lo interpela. Debe tener, además, una hipótesis de por qué le pasa lo que le pasa, aunque sea equivocada. Es decir, debe tener la capacidad de pensarse. Tiene que asumir que algo tiene que ver con lo que le ocurre. Y además debe estar dispuesto a cuestionar todo lo que creía verdadero en su vida. Si no es así, creo que debería optar por otra alternativa terapéutica".

Si bien el analista deberá propiciar surja ese sujeto con el cual luego es posible el trabajo análitico, no todos los sujetos son analizables. Que haya un analista, que alguien se posicione como tal en la escucha y las intervenciones, no garantiza que el otro entre en análisis.

Sin embargo, no es un problema que no todos entren en análisis. La escucha de un analista tiene buenos efectos, incluso cuando el otro no entra en análisis estrictamente. Hoy, además de los obstáculos que hallaba Freud, hay otros, que pueden determinar, muchas veces, que no haya análisis, pero sí una terapia con escucha analítica.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Algunas consideraciones introductorias respecto de la Técnica Psicoanalítica

¿Cuándo comienza un análisis?

Allí, donde hay efecto sujeto, un síntoma, en un acto fallido, en un lapsus, un sueño, cualquier forma de manifestación del inconsciente es hacia dónde nos dirigimos en todo análisis cuando de neurosis hablamos.

En Introducción a los Trabajos sobre Técnica Psicoanalítica, Freud nunca dejó de insistir en que su apropiado dominio sólo podría adquirirse a partir de la experiencia clínica y no de libros, con los pacientes, pero ante todo la que el analista obtiene de su propio análisis.

En Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico (1912), aquí presenta los conceptos de atención flotante como recurso de escucha del analista, no querer fijarse en nada en particular sino todo por igual. También el de no tomar extensas notas que implicaría inevitablemente una selección arbitraria, salvo para los textos de sueño o ciertos datos dignos de nota, o para divulgación científica. 

Es el analista quien dirige la cura y no al sujeto paciente, como refiere Lacan en dirección de la cura. También nos habla que para el analista “Rostro cerrado y labios cosidos”, frialdad de sentimientos.

La palabra paciente se encuentra al modo de interrogación ya que lo primero que podemos conjeturar es que no se trata aún de un paciente y que tal vez nunca lo sea. 

El primer pedido en la experiencia analítica es la demanda de ser admitido como paciente. Es entonces él mismo quién avala su síntoma y solicita al analista que avale al mismo también.

¿Quién pide entonces análisis?

Este es ya un primer acto analítico y se pone en juego desde ese llamado telefónico que va a en búsqueda de una primera cita.

Por lo tanto las entrevistas preliminares implicarían éste comienzo aplazado, que a veces involucra el armado de un paciente, hasta tante se clarifique el tema de la demanda de análisis; se puede plantear un diagnóstico presuntivo que organice la dirección de la cura y se instale la transferencia que da lugar al inicio del tratamiento propiamente dicho, marcando la entrada en análisis y situado el campo propicio para las intervenciones e intrerpretaciones. Este momento previo del análisis puede durar tanto unas entrevistas como unos meses o años.

Las entrevistas preliminares son cuestión esencial a la hora de hacer un diagnóstico diferencial. Es prioritario determinar la estructura de que se trata sobretodo si estamos ante una pre-psicosis no desencadenada ya que un análisis podría desencadenarlo.

También hace referencia a la iniciación del tratamiento con un período de prueba así, fijado en algunas semanas, tiene además una motivación diagnóstica. La importancia es evitar el error diagnóstico y refiere que éste tratamiento de prueba sirve para percibir signos sospechosos que podrían determinar la continuidad del tratamiento.

Hay otros asuntos de encuadre, el tiempo y el dinero, respecto al tiempo una hora determinada asignada, en cuanto a la duración del tratamiento, es algo que no tiene respuesta pero sí prodríamos augurar que será un tratamiento prolongado ya que en la práctica trabajamos con otros tiempos, los del inconsciente y este es atemporal.

En relación al dinero sabemos de su relación con la sexualidad y de la necesidad de tratar el tema con naturalidad, debe haber un pago y por lo mismo habrá de pensar cuál es el pago posible en un ámbito gratuito, para establecer una regulación en ese vínculo asimétrico transferencial entre paciente y analista.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Nota sobre las entrevistas preliminares en psicoanálisis.

El presente ensayo tiene como objetivo introducir de forma panorámica al lector dentro del momento lógico de las Entrevistas preliminares (EP), trazando inicialmente un recorrido por los antecedentes freudianos, pasando por los cambios “técnicos” introducidos por la Ego-psychology. Las EP corresponden a la propuesta de Lacan para situar el diagnóstico estructural, la transferencia y la rectificación subjetiva. Se propone la necesidad de hacer existir lo inconsciente para el paciente, reconociendo el valor de las sus producciones y otorgándole un valor causal.

El tiempo es un factor determinante en este tipo de encuentros, una presión que me fuerza a presentar un trabajo que más que intentar agotar el tema busca generar una apertura, y precisamente de eso es lo que se tratan las entrevistas preliminares, de crear una apertura ¿a qué? a lo inconsciente.

El psicoanálisis es una práctica clínica que se ubica allá de una mera teoría y/o técnica; su praxis se enmarca en el campo de la ética. Esta defensa se encuentra claramente desde Freud, sólo basta revisar su artículo “Sobre la iniciación del tratamiento”, para percibir su interés en no ofrecer directrices ni reglas técnicas a los analistas jóvenes. Invita a que la única regla fundamental del análisis sea la asociación libre, principio rector de la terapia psicoanalítica.

Como se sabe, las entrevistas preliminares son una práctica propia de la enseñanza de Lacan, nacen en el contexto de la separación de Lacan con el órgano rector del psicoanálisis –la IPA–, en la época en la que se posiciona la Ego-psychology como paradigma teórico dominante, lo que trajo paralelamente un afán de estandarización de la técnica psicoanalítica.

Las entrevistas preliminares son entonces una práctica que permite convocar al paciente para la entrada al análisis. A diferencia del encuadre, no se cuenta con un número de sesiones determinadas, más bien se trata de presentar al paciente la indeterminación que propone el enfoque, a decir, la variación –escansión– del tiempo, la asociación libre y en últimas, a la falta control. Esto sirve de soporte para indicar que el psicoanálisis es una práctica que trabaja con la falta –la castración–.

Voy a presentar tres funciones que tienen las entrevistas preliminares, tres elementos que se desarrollan de manera paralela y simultánea; su clímax desemboca en el inicio del análisis.

La primera es una función diagnóstica. Este tiempo le servirá al analista para localizar las particularidades del goce y deseo del sujeto, de tal forma, que se logre situar en una estructura y más específicamente en un tipo clínico. Este diagnóstico pondrá en evidencia la forma de relación del sujeto con el Otro.

Para el ser humano el encuentro con la sexualidad es estructural, el Edipo será el estadio donde este encuentro se consolidará, es el momento inaugural del sujeto. Allí el sujeto tendrá que vérselas con los goces paternos, con la prohibición, la ley, la castración.

El sujeto tendrá diferentes maneras de resolver este encuentro; tres indica Lacan. Es posible que un sujeto pueda reprimir este encuentro, sin ningún tipo de garantía de su éxito, pues esta represión falla y lo reprimido retorna a manera de síntoma; esto para el caso de las neurosis.

Otro camino es la renegación de este encuentro con la diferencia sexual, apareciendo el objeto fetiche como aquello que llena la ausencia fálica denegando la diferencia de los sexos. Siendo este el mecanismo de la perversión.

Para el caso de las psicosis el sujeto rechaza –forcluye– el encuentro, así el psicótico estaría inmerso en un mundo simbólico donde no tendrá los elementos que posee en neurótico para responder, apareciendo el delirio como un intento de curación, un retorno en lo real.

Cada estructura se caracteriza por tener unos tipos clínicos determinados, herederos, en parte, de la nosografía de la psiquiatría clásica. Profundizaré un poco más en la neurosis. Freud consideraba que existían tres neurosis básicas, la histeria, la obsesión y la fobia.

Para Lacan, la fobia no cumple la condición de estructura, más bien, su mecanismo es análogo al del objeto fetiche en la perversión, aparece para tapar algo que falta a nivel de la función paterna. Así cada tipo clínico se caracteriza por tener una relación particular con el goce y el deseo.

Por su parte la transferencia será el motor de la cura analítica, sin embargo, una relación transferencial de alta intensidad podrá generar las más fuertes resistencias por parte del paciente; así que es necesario maniobrar la transferencia en la justa medida que requiera cada caso.

La instauración de la transferencia analítica será decisiva para el inicio del análisis. Es necesario resaltar, que la transferencia se empieza a perfilar incluso desde antes de la primera cita con el paciente, en la medida que lo que está a la base es el saber; el saber que supone el analizante al analista sobre su padecer.

Esta es la propuesta de Lacan, situando el Sujeto supuesto Saber cómo eje pivote de la transferencia. Por consiguiente, la transferencia es producto de esta demanda de saber y lo que se encuentra tras esta demanda es una demanda de amor; el amor que produce el saber, una demanda de amor que se dirige al analista.

Lacan va aún más allá, situando que lo que está en el fondo no es sólo el saber, sino el objeto causa del deseo, es decir el objeto a, del cual el analista es responsable es cuanto es el semblante de este. Este objeto a está en la misma posición, tal como lo indica Lacan, que el agalma que se atribuye a Sócrates en el Banquete de Platón.

En tercer lugar, las entrevistas preliminares deben contribuir construcción de un síntoma que se distinga claramente de la queja inicial que presenta el paciente, así se develará la estructura de su padecer, la cual en el mejor de los casos tendrá que ser dirigida al analista; implicando que el sujeto asuma una posición frente al mismo, que se haga responsable de su sufrimiento. Procedimiento que podemos titular como rectificación subjetiva.

Esta rectificación subjetiva varía del tipo clínico, para el caso de las neurosis se trata de posicionar al sujeto en las coordenadas de su deseo imposible, del lado de la neurosis obsesiva y del deseo insatisfecho del lado de la histeria.

En la teoría todo parece sencillo, pero los practicantes del psicoanálisis, sobre todo los jóvenes, saben que no es así. Por ejemplo, Colombia es un país donde no hay una cultura de la salud mental, quien asiste al consultorio de un analista muy pocas veces lo hace bajo una demanda explícita de un psicoanálisis. Las personas no saben de la existencia de lo inconsciente y precisamente la función del analista será dejarlo ser.

Para nada se trata de someter al paciente a un seminario sobre teoría lacaniana, pero sí de demarcar el sentido que tienen los lapsus, los olvidos, los sueños; demarcar la existencia del Otro, el goce, el deseo. Que allí está lo inconsciente, que habla y es un saber no sabido, que nace de la mano con el equívoco y el malentendido.

Se debe ser muy cauteloso en este punto, pues existe el gran riesgo de pasar de un discurso a otro. En el discurso del psicoanálisis el saber está del lado del sujeto, aun así el analista también posee un saber y deberá encontrar la forma precisa de usarlo para no generar una fascinación al saber.

Me atrevería a poner este último elemento como una cuarta función de las entrevistas preliminares, precisamente, hacer existir lo inconsciente para el sujeto, una posición epistémica contribuiría a una invención óntica, por medio de una apuesta ética.

Nota: Texto tomado de la ponencia titulada “Las entrevistas preliminares: la existencia de lo inconsciente”. Dicho trabajo fue presentado en el “Primer Encuentro Nacional de los Foros del Campo Lacaniano de Colombia”, organizado por el Foro de Psicoanálisis del Campo Lacaniano de Pasto y la Corporación Universitaria Minuto de Dios, en San Juan de Pasto, Colombia, el día 3 de noviembre de 2017.

Bibliografía Sugerida
Bekerman, J. (1986) “Estructuras Clínicas”. En Revista Espacio Analítico. Publicación del Centro de Estudios Psicoanalíticos Sigmund Freud de Tucumán. 3-4 Año III. Pág. 195- 200.
Freud, S. (1913) “Sobre la iniciación del tratamiento” Obras completas. Tomo XII. Amorrortu editores. Buenos Aires.
Quinet, A (1996) Las Cuatro Condiciones Del Análisis. Editorial Atuel, Buenos Aires.
Silvestre, M. (1986) “Al encuentro de lo Real en la clínica psicoanalítica”. Revista Espacio Analítico. Publicación del Centro de Estudios Psicoanalíticos Sigmund Freud de Tucumán. 3-4 Año III 1986. Págs. 9-17
Sinatra, E (2004) “Las entrevistas preliminares y la entrada en análisis”. Cuadernos del instituto Clínico de Buenos Aires -9. 1° Ed. Buenos Aires.
Soler, C. et al. (1984). “Standars no Standars”. En ¿Cómo se analiza hoy? Buenos Aires: Manantial; Pág. 100-123.

Fuente: Fabián Yesid García Valenzuela (2018) "Nota sobre las entrevistas preliminares en psicoanálisis.".

viernes, 12 de julio de 2019

Entrevistas preliminares: ¿Cuándo se pasa al dispositivo analítico?

Alguien nos deriva un paciente: un colega, un conocido, un familiar, un amigo u otro paciente y pide una entrevista. Acordamos un horario y comienza un tiempo. Tenemos que tener en cuenta que los significantes de la derivación van a tener su peso en la constitución de la demanda, que solo se arma en transferencia, que es algo que se va construyendo.

El tiempo de entrevistas preliminares, como las denominó Lacan, es un tiempo lógico y no cronológico. Es un tiempo de una operatoria donde se da inicio o no a un tratamiento. No todos los pedidos se pueden constituir en demanda de análisis, por eso es un umbral que hay que atravesar. Las entrevistas preliminares tienen por función el establecimiento de la transferencia, del sujeto supuesto saber, de la demanda y la construcción del síntoma analítico

Decimos que es un tiempo de operatoria donde se da inicio o no a un análisis. Justamente, porque depende de la respuesta subjetiva, de la estructura clínica de aquel que consulta. Medir la relación al lenguaje, la trnsferencia, el síntoma, el lugar del saber, nos permite saber si se trata de una neurosis, una psicosis o una perversión. 

Vamos a partir de las entrevistas preliminares para la neurosis. El análisis no es una relación de diálogo. es necesario, en este tiempo, que el que consulta se instale en el trabajo con el lenguaje. Es corte con las relaciones habituales, es un tiempo necesario de instalación de una rutina, que se construye. Las entrevistas preliminares permiten al que viene plantear su padecimiento, su dificultad de relación al otro, su fantasma. 

En los primeros encuentros, mediante la operatoria de trabajo con el lenguaje, el analista hace posible la ubicación del tropiezo de lo dicho: lapsus, un relato que no cierra, unas palabras que se empiezan a marcar como significantes. Esto va haciendo a la emergencia de relatos de que quien consulta no pensaba decir o no tenía idea que eso podía enunciar. El trabajo con el lenguaje va a permitir la distinción entre enunciado y enunciación. Esta distinción entre enunciado y enunciación es un efecto de la represión. 

El analista tiene que operar para hacer surgir allí en quien consulta lo que no dice. Desde el lado de quien consulta, en este tiempo de entrevistas, hay descubrimiento de que en lo que padece está implicado el sujeto del inconsciente. Es llevado por algo que lo sobrepasa y lo domina: los significantes. El analista desplaza la queja personal para hacer captar al sujeto comprometido con su historia en las generaciones, no como algo fatal, sino como algo del orden de una cadena, sujetado en una cadena, sujeto sujetado al orden del lenguaje. 

Voy a leerles un párrafo de Lacan de Subversión del sujeto y dialéctica del deseo:

Pero de lo que se trata en Freud es de otra cosa, que es ciertamente un saber, pero un saber que no comporta el menor conocimiento, en cuanto que está inscrito en un discurso del cual, a la manera del esclavo-mensajero del uso antiguo, el sujeto que lleva bajo su cabellera su codicilo que le condena a muerte no sabe ni su sentido ni su texto, ni en qué lengua está escrito, ni siquiera que lo han tatuado en su cuero cabelludo rasurado mientras dormía.

Las marcas significantes. Ahora un párrafo más, de Función y campo de la palabra:

El inconsciente es ese capitulo de mi historia que está marcado por un blanco u ocupado por un embuste: es el capítulo censurado. Pero la verdad puede volverse a encontrar; lo mas a menudo ya está escrita en otra parte. A saber: 
—en los monumentos: y esto es mi cuerpo, es decir el núcleo histérico de la neurosis donde el síntoma histérico muestra la estructura de un lenguaje y se descifra como una inscripción que, una vez recogida, puede sin pérdida grave ser destruida; 
—en los documentos de archivos también: y son los recuerdos de mi infancia, impenetrables tanto como ellos, cuando no conozco su proveniencia; 
—en la evolución semántica: y esto responde al stock y a las acepciones del vocabulario que me es particular, como al estilo de mi vida y a mi carácter
—en la tradición también, y aun en las leyendas que bajo una forma heroificada vehiculan mi historia; 
—en los rastros, finalmente, que conservan inevitablemente las distorsiones, necesitadas para la conexión del capítulo adulterado con los capítulos que lo enmarcan, y cuyo sentido restablecerá mi exégesis. 

Me parecen que son 2 párrafos importantes, en relación a la marca significante y dónde leer el capítulo censurado, que están marcados por un blanco u ocupados por un embuste. ¿Dónde leer la verdad? Eso toca el trabajo en análisis y la ubicación en las entrevistas, que es el comienzo del camino. Freud usaba la metáfora de un viaje. 

Al comienzo de la tarea analítica está la transferencia, nos dice lacan. Luego hay otro termino que se anuda, que es el de sujeto supuesto saber. Tiene 3 términos: sujeto, el saber y la suposición. Al analista se le supone un saber sobre el inconsciente. Es una significación de saber, no un saber del analista o del paciente. El analista es soporte de esa figura de sujeto supuesto saber. No lo tiene que creer. Si cree que es el que sabe, se desvía. Se despliega en transferencia, ya que se sitúa entre paciente y analista. La transferencia es un fenómeno que incluye juntos al paciente y al analista. Es un fenómeno fundamental ligado al deseo, así es como Freud lo descubrió. 

En el caso de Anna O., una paciente histérica que la atendía Breuer y llegó a cierto punto donde Anna había armado un enamoramiento con Breuer. Se pensaba embarazada del médico y él se asustó de este amor, porque seguramente tenía puesto su deseo ahí. Dejó de atenderla y le pidió a Freud que siguiera. A partir de ese momento Freud descubrió que el fenómeno no era con el médico, sino que se pone en acto algo allí que tiene que ver con Anna y no con él. Esto tiene su historia en el psicoanálisis, porque después Breuer emprendió un viaje con su mujer. Parece que él la veía a Ana todos los días y su mujer estaba bastante enojada, entonces se llevó de viaje a la mujer y la embarazó a ella. Andaba dando vuelta ahí la cuestión del embarazo. 

En cuanto hay un sujeto que supone ahí un saber sobre el inconsciente, hay transferencia. La instalación de sujeto supuesto saber permite al paciente el pasaje de la transferencia imaginaria a la transferencia simbólica. Es la posibilidad de que surja ese "Yo no sabía", institución del sujeto supuesto saber. No sabía o nunca lo pensé así, distintas maneras de enunciarlo. No solo en la relación analítica hay efectos de transferencia. 

En la experiencia analítica la presencia del analista es una manifestación del inconsciente. Esto quiere decir la consecuencia de la palabra en el sujeto. El pasaje de la transferencia imaginaria (es con lo que llega a la consulta, tiene que ver con la derivación, con el primer encuentro) con: 
  • la instalación del sujeto supuesto saber posibilita la transferencia a los significantes del psicoanálisis, en esa suposición de saber adjudicada al analista; 
  • la constitución de la demanda, que como dijimos no es pedir. La demanda es inconsciente y es de constitución de construcción. La demanda no tiene continuidad con el pedido ni con la queja. Es un efecto de trabajo, se trata de pasar a contar a contarse. 
  • La dimensión del síntoma y no de la queja. Cuando alguien consulta llega con su limitado bagaje de significantes, con su queja, con su padecimiento a un analista. Llega del modo que le es propio y único. Propio y punico porque toca la constitución de cada sujeto: como es la relación con el otro, con el Otro. Pasar de la queja a un pregunta.

El analista puede pasar a ocupar el lugar de ese sujeto al que se le supone un saber, en la medida en que es objeto de la transferencia. El sujeto que consulta, en un principio no le da este lugar. Es un efecto de la operatoria del analista en las entrevistas. Esto que hace surgir el analista y que marca en el decir del paciente, tiene este efecto del "yo no sabía que esto estaba en mi, que esto era así". Ama la dimensión de la pregunta, del enigma. El analista, nos dice Lacan, no se presenta como un Dios. No es un dios para su paciente.

La formación del analista exige que sepa por dónde conducir a su paciente y esto le es transmitido a él en la propia experiencia del análisis. En la medida en que se supone que el analista sabe, se supone que irá al encuentro del deseo inconsciente. Lacan nos dice en Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis que el deseo es el eje, el pivote, el mango, el martillo, gracias al cual se aplica el elemento fuerza, la inercia, que es tras lo que formula primero en el discurso del paciente como demanda, o sea, la transferencia. 

La transferencia simbólica es suposición de saber dirigido no al analista, sino a su posición. La posición del analista en relación al psicoanálisis o a los sinificantes del psicoanálisis. El psicoanalista semblantea ese lugar donde es soporte de ese saber supuesto. De lado del analista está en juego el deseo de analista, que tiene una función esencial, porque es una relación del deseo con el deseo. 

Para terminar hoy con este tiempo preliminar de las entrevistas, se arma la demanda. Lacan dice que esta demanda los fuerce a los que consultan a hacer un esfuerzo, esfuerzo que implica el comienzo de un análisis.  Cuando se construyen estos elementos que ubicamos hoy, es el momento de pasaje al dispositivo analítico. 

Les decía que aspi las entrevistas preliminares se dan para la neurosis, porque para la psicosis se presenta algo totalmente distinto. 

  • No está en juego la dimensión de la demanda ni del síntoma. Se trata de la irrupción de fenómenos de lo real que abruman, irrupción de un goce sin acotamiento, ya que el Otro está forcluido. 
  • Su relación al saber se presenta como certeza y no hay posibilidad metafórica en el trabajo con el lenguaje. No hay dimensión dialéctica.
  • El inconsciente está a cielo abierto, así que no está la dimensión del enunciado y la enunciación en juego
En este punto, el tiempo de las entrevistas es el momento en el cual se sitúan estos elementos para situar la dirección a la cura. 

lunes, 1 de octubre de 2018

Creencias y Psicoanálisis.

Por Arturo V. Frydman

En el último capítulo del Seminario 11, Lacan dijo que el cuestionamiento del psicoanálisis como impostura existe tanto en la opinión pública, como en la vida íntima del psicoanalista.

Esta cuestión es también la de la creencia, en tanto ésta es la que vuelve eficaz a la impostura. Una ficción que se viste de verdad requiere de una conformidad firme para darla como cierta.

Impostura y creencia implican la cuestión de una verdad de la cual el sujeto se halla separado y por la cual no deja de formular sus preguntas.

Es por el lado de la creencia y de la irreductibilidad del psicoanálisis a la ciencia que se autorizan ciertas clasificaciones que tienden a hacer entrar al psicoanálisis en el rango de una religión.

Diversos son los elementos que han sido expuestos y que distinguen los campos mencionados. De ellos, Lacan subraya en la religión una dimensión operatoria, el sacramento, afectado de un olvido: nuestra finitud. En cambio, el psicoanálisis no tiene nada que olvidar[1]. Es esto lo que llevó a hacer un recorrido por distintos lugares en los cuales la creencia tiene un lugar explícito e implícito en el psicoanálisis.

a) La creencia en las estructuras:

Los histéricos pueden comenzar su cura con excesos de entusiasmo y fe. No están en absoluto convencidos de lo acertado de las interpretaciones psicoanalíticas, creen en ellas[2].

Los obsesivos oponen una viva resistencia intelectual. Alternan en su duda la creencia con la incredulidad.

De los perversos dijo Lacan, que son creyentes en la barradura del Otro, de allí su dedicación a hacer reaparecer esa falta en el campo de Otro, o bien a sellarla mediante un objeto que la tapona.