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lunes, 22 de diciembre de 2025

La suposición de saber y la función de la no respuesta

Situar al psicoanalista en el lugar del sujeto supuesto saber implica que, por efecto mismo de esa suposición, el analista aparezca como detentando un saber. Se trata, sin embargo, de una suposición doble: no sólo se le supone un saber, sino también un sujeto a ese saber. El analista no encarna un saber positivo, sino que sostiene el lugar donde un saber es supuesto y donde ese saber se articula a un sujeto.

Este desplazamiento introduce una lectura novedosa del amor de transferencia y permite pensar que amar a alguien es, en cierto sentido, creerle, es decir, suponerle saber. El amor se separa así definitivamente del campo de lo puramente emotivo para inscribirse en el orden simbólico, en tanto efecto de la demanda. Amar no es aquí un afecto inmediato, sino una operación sostenida por la suposición de saber.

Precisamente porque se trata de una suposición, no corresponde al analista “hacer saber” al analizante que dicha suposición es ilusoria, que está equivocada o que ese saber no le pertenece. El analista sostiene el lugar del saber supuesto sin ejercerlo, y es esta detención sin uso la que hace del lazo transferencial un operador decisivo en la llamada “búsqueda de la verdad”. En ese movimiento se juega un intento de restitución de la consistencia afectada del Otro, y es allí donde la acción analítica introduce una torsión.

Allí donde el sujeto se dirige a la búsqueda de la verdad, la operación analítica lo conduce a una encrucijada pasional: al pathos propio del ser hablante, al punto en que el lenguaje, en tanto parásito, mortifica. Es en este marco donde adquieren relieve las pasiones del ser —amor, odio e ignorancia—, tal como Lacan las formaliza.

Entre ellas, la ignorancia ocupa un lugar central. No se trata de un déficit cognitivo, sino de un núcleo estructural del sujeto: un no-saber que le es constitutivo, un agujero en el saber, efecto de la falta del significante que sostiene la posición subjetiva.

¿De qué modo se pone en juego ese agujero en el saber? A través de la no respuesta y del no actuar del analista, en la oscilación entre neutralidad y abstinencia. El analista pone en acto que no responde a la exigencia de respuesta que se le dirige, sin que se trate de esclarecer o demostrar la inexistencia de esa respuesta. No responder implica llevar al sujeto al punto donde la soledad lo confronta con la no garantía del Otro: allí donde no hay respuesta posible y donde, paradójicamente, se abre un margen de libertad.

lunes, 8 de octubre de 2018

El analista y sus pasiones - Comentario de un párrafo del Seminario 17

por Silvia Elena Tendlarz
¿Qué relación guarda el analista con las pasiones? ¿Cómo situar las tres pasiones del ser –amor, odio e ignorancia– en relación a la llamada "neutralidad analítica? A partir del comentario el siguiente párrafo de Lacan de la clase del 15 de abril de 1970 del Seminario 17, titulada "La feroz ignorancia de Yahvé", intentaré dar cuenta de esta cuestión. Dice Lacan:

¿Es ésta la posición que debe tener el analiza? Seguro que no. El analista –¿llegaré a decir que he podido experimentarlo en mí mismo? –, el analista no tiene esta pasión feroz que tanto nos sorprende cuando se trata de Yahvé. Yahvé se sitúa en el punto más paradójico, con respecto a una perspectiva distinta como sería, por ejemplo, la del budismo, que recomienda purificarse de las tres pasiones fundamentales, el amor, el odio y la ignorancia. Lo que más nos cautiva de esta manifestación religiosa única es que a Yahvé no le falta ninguna. Amor, odio e ignorancia, he aquí en todo caso pasiones que no están ausentes en absoluto de su discurso.

Lo que distingue a la posición del analista –no voy a escribirlo hoy en la pizarra con la ayuda de mi esquemita, donde la posición del analista está indicada por el objeto a, arriba y a la izquierda, y éste es el único sentido que se le puede dar analítica, es que no participa de esas pasiones. Esto le hace estar en todo momento en una zona incierta en la que vagamente está a la búsqueda, siguiendo el paso, para estar en el ajo (en quête d'une mise au pas, d'une mise-au-parfum, en francés significa "estar en la corriente, estar en onda"), en lo que se refiere al saber que sin embargo ha repudiado.[1]

1. Las pasiones del ser: del analizante al analista
Lacan se ocupa de las tres pasiones del ser tempranamente en su enseñanza. En el Seminario 1, momento de prevalencia del paradigma simbólico, relaciona los tres registros con las pasiones [2]. En la unión entre lo simbólico y lo imaginario sitúa el amor; entre lo imaginario y lo real, el odio; y en la unión entre lo real y lo simbólico, la ignorancia.

Ahora bien, como lo indica Germán García en su curso sobre las pasiones dictado en el Centro Descartes [3], no todas las pasiones son imaginarias. En esta serie sólo lo es el amor; en cambio, el odio y la ignorancia no lo son.