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sábado, 27 de diciembre de 2025

De la economía psíquica a la represión primaria: el giro freudiano hacia la articulación entre inconsciente y pulsión

El progresivo predominio del punto de vista económico en la obra freudiana no implica el abandono de las perspectivas dinámica y descriptiva del inconsciente; más bien marca un desplazamiento necesario para poder articular —de manera más rigurosa— el inconsciente con la pulsión. Freud advirtió claramente que la clásica oposición entre inconsciente y conciencia no sirve para pensar lo pulsional. Ese límite teórico abrió el camino hacia la noción de represión primaria, operación inaugural sin la cual no habría aparato psíquico.

Desde los primeros textos, la noción de defensa ocupa un lugar central. Vista desde lo económico, la defensa se vuelve un mecanismo indispensable: el aparato se constituye para resguardarse frente a una energía móvil, irrup­tiva, que amenaza con desarticularlo. Si nada obstaculizara esa presión, la red representacional —ese tejido articulado que compone el aparato psíquico— correría el riesgo de deshacerse ante lo que no admite forma ni enlace. La defensa, por lo tanto, se organiza frente a la tensión entre lo articulado y lo que puede romper toda articulación.

Con el desarrollo de su trabajo, Freud afina el concepto de defensa y diferencia diversos modos de su funcionamiento. Entre ellos, la represión adquiere un valor decisivo, hasta el punto de ser elevada a un estatuto estructural. Freud lo afirma sin ambigüedades: La doctrina de la represión es ahora el pilar fundamental del psicoanálisis, su pieza más esencial.

En su formulación de 1915, entre La represión y Lo inconsciente, define la represión secundaria como la operación mediante la cual una representación es privada de su investidura preconsciente, quedando así impedida de acceder a la conciencia. Esta precisión implica algo decisivo: si la distinción entre consciente e inconsciente no está previamente establecida, la represión no puede operar.

De allí que Freud deba postular una operación primera: la represión primaria, que no reprime un contenido específico, sino que funda la propia partición del aparato psíquico en sistemas diferenciados. Es la instauración del inconsciente como tal y, con ello, la posibilidad misma de que algo pueda ser reprimido en un segundo momento.

jueves, 18 de diciembre de 2025

El borde del significante: rasgo unario, letra y límite

El problema del límite, pensado en términos de una función matemática aplicada al conjunto de los significantes, se articula desde la pregunta por su cardinalidad. Este interrogante remite directamente a la elaboración cantoriana de los números transfinitos, donde se establece que aquello que determina la extensión de un conjunto no puede, a la vez, ser uno de sus elementos. El borde del conjunto no es interior a él, sino que sólo puede ser circunscripto desde una exterioridad lógica. De allí que el límite no se presente como un elemento, sino como una función de designación: el borde sólo puede ser señalado por la letra, en la medida en que ésta lo nombra sin integrarse a lo nombrado.

Este modo de razonamiento implica necesariamente un salto, noción que encuentra su origen en Cantor, aunque también puede localizarse, desde otra vertiente, en la obra de Heidegger. El salto no es un pasaje continuo, sino una ruptura que permite delimitar un borde allí donde no hay sustancia que lo garantice.

En Lacan, el punto de partida de esta elaboración puede situarse en su trabajo sobre el rasgo unario, desarrollado inicialmente en el Seminario La identificación. Lacan retoma aquí un concepto freudiano —la identificación como operación de lazo entre el sujeto y el Otro—, pero lo desplaza hacia una lógica inédita. Este desplazamiento se produce a partir de un vaciamiento radical de toda dimensión cualitativa del rasgo: ya no se trata de lo predicable, de aquello que podría atribuirse como cualidad del sujeto, sino de lo imposible de predicar. La pregunta que se abre es entonces: ¿cómo pensar al sujeto por fuera de toda cualificación?

Esta operación introduce una distancia decisiva entre las diferencias de orden cualitativo, siempre connotativas, y otro tipo de diferencias que no se inscriben en ese registro. ¿Habría que llamarlas cuantitativas? ¿O más bien del orden de la singularidad? En cualquier caso, se trata de diferencias denotativas, en la medida en que el rasgo no califica al sujeto, sino que indica un punto de borde, una marca dejada por la ausencia de un referente último.

Desde esta perspectiva, el rasgo unario, pensado desde el sesgo de la letra, viene a designar un litoral: el borde de aquello que el significante sustrae al sujeto, tal como Lacan lo formula en “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”. El rasgo no representa al sujeto, sino que señala las consecuencias de la represión primaria, es decir, la pérdida estructural que funda al sujeto como tal.

lunes, 24 de noviembre de 2025

¿Qué son los mecanismos de defensa?

Los Mecanismos de Defensa son estrategias del Yo, en su vertiente inconsciente, que intentan preservar al sujeto de la angustia provocada por la irrupción de las Pulsiones provenientes del Ello y del Superyó. Cumplen una función esencial en la Economía Psíquica, dado que surgen para sostener la homeostasis del Aparato Psíquico frente a las exigencias internas demasiado intensas o inasimilables.

Como advirtió S.Freud, esa necesidad de defensa se funda en una verdad estructural, “el yo no es dueño en su propia casa”.

¿Qué son las Pulsiones?

S. Freud define las Pulsiones como montajes de energía libidinal, que se originan en los primeros tiempos de vida de absoluta indefensión, cuando el infans precisó de las asistencias del Otro de los primeros cuidados, quien interpretó sus necesidades: “tiene hambre”, “está con sueño”, “quiere más upa”.

La Pulsión es efecto de dicho desciframiento, nace como producto de la Demanda del Otro.

¿Por qué nos tenemos que defender de nuestras Pulsiones?

Nos tenemos que defender de las pulsiones porque al comienzo de la vida -debido a nuestra indefensión primaria- necesitamos del Otro para sobrevivir. En ese tiempo, es imposible interrogar la demanda que proviene del Otro de los primeros cuidados. Como infans nos alienamos al Otro y recibimos a cambio el baño del lenguaje y, con él, nuestra propia humanización.

Nos defendemos de esas marcas no interrogadas frente a la Demanda del Otro, que son incorporadas e inscriptas en el Aparato Psíquico, como imperativos provenientes del Superyó (mandatos crueles e insensatos) y/o compulsiones irrefrenables del Ello.

¿Cuáles son los Mecanismos de Defensa más frecuentes?

Los Mecanismos de Defensa más frecuentes con los que nos defendemos de los mandatos insensatos del Superyó o de las Compulsiones del Ello son: Represión
Proyección
Desplazamiento
Negación
Conversión
Racionalización
Cada uno opera de forma distinta, pero todos intentan proteger al Yo ante lo que resulta psíquicamente intolerable.

¿Cómo opera cada uno de los Mecanismos de Defensa en el Aparato Psíquico?

La Represión consiste en expulsar de la conciencia las representaciones irreconciliables, que luego retornarán en el sueño, síntoma, acto fallido.
La Proyección ubica fuera del sujeto deseos o afectos que no puede asumir como propios.
El Desplazamiento traslada la angustia hacia representaciones más soportables y menos amenazantes, característico del Síntoma Obsesivo: el conflicto se desvía hacia un sustituto.
La Negación admite el contenido, pero lo rechaza, permitiendo cierta tramitación. Se presenta con frecuencia en la Histeria y en el Duelo.
En la Conversión, el conflicto psíquico se manifiesta en síntomas somáticos.
La Racionalización construye explicaciones y justificaciones conscientes, a actos o decisiones determinadas por lo inconsciente.

¿Qué efectos producen estos Mecanismos de Defensa sobre la Subjetividad?

- El efecto propiciatorio de los Mecanismos de Defensa es que resguardan al sujeto de la angustia masiva en cualquiera de sus presentaciones: Ataques de Pánico, Acting Out o compulsiones incontrolables. Para dar respuesta a dichas manifestaciones, recurren a la Represión, el Encubrimiento o el Desplazamiento, y en su lugar aparece un Síntoma o una Inhibición, como respuesta frente al exceso.

- El efecto perjudicial de los Mecanismos de Defensa es que constituyen un obstáculo para que el sujeto acceda a su Deseo o incluso al saber sobre su posición deseante, impidiendo su despliegue. El Deseo queda desplazado, disfrazado o clausurado, como resultado de la defensa, y lo que se impone es una forma de malestar que limita el despliegue subjetivo

¿Cómo trabaja el análisis con estos Mecanismos de Defensa?
Interrogar los mandatos y revisar nuestras defensas

En un análisis, podemos revisar los mandatos que se volvieron imperativos superyoicos y se interponen al propio deseo, volviéndolos conscientes y propiciando su reinscripción.
El trabajo analítico se orienta hacia el reposicionamiento subjetivo logrando que las defensas sean compatibles con el deseo. Al decir de J. Lacan: “sólo se siente culpable quién cedió en su deseo”.

Se apunta a que los Mecanismos de Defensa que actúan en nuestro psiquismo sean los más propicios y benévolos para la subjetividad: que permitan transitar la vida con calma y favorezcan el lazo con los otros.

domingo, 6 de julio de 2025

La represión primaria: inscripción imposible y borde del cuerpo

La represión primaria es el concepto mediante el cual Freud logra formalizar una operación inaugural: aquella que deja en el inconsciente la marca de una pérdida constitutiva, la pérdida de naturalidad que afecta a la sexualidad del ser hablante.

En tanto la complementariedad sexual se presenta como estructuralmente imposible, la inscripción del representante de la representación inaugura para el sujeto un campo de satisfacción que solo podrá ser parcial. Lo paradójico es que este “representante de la representación” señala, con su sola existencia, una imposibilidad de representación plena: es el signo de aquello que no hay, una representación sin referente completo.

Esta inscripción conlleva entonces una lógica del no-todo, y se asocia en Freud a dimensiones que, como la literalidad y la opacidad, resisten a la simbolización. Allí Freud se enfrenta a un punto que se sustrae a la lógica de lo articulado, a algo que no entra en la cadena significante sin producir efectos de ruptura.

Un punto clave —subrayado por Freud y destacado por Juan Carlos Cosentino— es que la fijación pulsional, lejos de retornar como lo reprimido en forma de pensamiento o recuerdo, lo hace en otro registro: el del cuerpo. Lo no representado retorna como afecto, como marca o como irrupción somática. El cuerpo se vuelve superficie de inscripción de lo que no pudo articularse en la palabra.

Dos cuestiones fundamentales se desprenden de este abordaje:

  1. La hipótesis de la contrainvestidura primaria tiene un estatuto de supuesto lógico, necesario dentro del edificio teórico, pero no verificable empíricamente. Su función no es clínico-observacional, sino estructural.

  2. Su ubicación intermedia entre el inconsciente y el preconsciente define su función: defender al aparato frente a la irrupción pulsional, permitiendo que el campo representacional se organice sobre una exclusión originaria.

Así, la represión primaria no solo funda el inconsciente, sino también los límites de lo que puede decirse. En ese borde se gesta lo que, no pudiendo ser simbolizado, retorna como cuerpo.

sábado, 5 de julio de 2025

Defensa y constitución del aparato psíquico: de la economía del goce a la represión primaria

Desde los inicios de la obra freudiana, el concepto de defensa ocupa un lugar central. En el marco del punto de vista económico, Freud sitúa la defensa como una función esencial, sin la cual no sería posible concebir el armado del aparato psíquico.

Si entendemos lo económico como una dinámica de energías libres, móviles e irruptivas, la defensa aparece como una respuesta estructural del aparato ante ese flujo potencialmente desorganizante. En otras palabras, el aparato se constituye precisamente en el acto de defenderse: si tal defensa no operara, el conjunto de representaciones que lo constituye se vería amenazado en su coherencia.

Lo que está en juego aquí es la tensión entre lo articulado —la red simbólica de representaciones— y aquello que puede romper dicha articulación: el goce. Desde este ángulo, es posible leer que Freud está ya situando a la trama simbólica como un cierto “arreglo” que cumple la función de defensa frente a la irrupción del goce. ¿No es acaso en este punto que la neurosis puede entenderse como una “cicatriz de la castración”?

A partir del concepto general de defensa, Freud avanzará en una serie de precisiones que culminan en la formalización de la represión como uno de sus modos fundamentales. La represión adquiere así un carácter nuclear dentro del aparato teórico del psicoanálisis. Él mismo lo afirma:

La doctrina de la represión es ahora el pilar fundamental sobre el que descansa el edificio del psicoanálisis, su pieza más esencial”.

Inicialmente, será la represión propiamente dicha —o represión secundaria— el mecanismo privilegiado en las neurosis. Entre los textos La represión y Lo inconsciente, ambos de 1915, Freud define a la represión como el proceso por el cual una representación pierde su investidura preconsciente, viéndose así privada de acceso a la conciencia.

Esta definición permite a Freud establecer una condición lógica: si no hay distinción entre inconsciente y conciencia, la represión no puede operar. Es en este marco que introduce la noción de represión primaria, entendida como la operación inaugural que instituye, precisamente, esa diferencia. Sin esta operación fundante, el aparato no se bifurcaría entre un adentro y un afuera del saber, entre lo dicho y lo que insiste sin decirse.

viernes, 4 de julio de 2025

¿Hay articulación entre la Identificación primaria y represión primaria?

La hipótesis freudiana sobre el carácter traumático de ciertas cantidades de energía que irrumpen en el aparato psíquico plantea, de forma inevitable, la cuestión de la diferencia entre lo exterior y lo interior. Quizás esta distinción representa un verdadero impasse en el pensamiento freudiano.

En cierto modo, Freud ofrece una resolución parcial de este problema desde muy temprano: si el exceso energético proviene del exterior, el aparato responde mediante la huida. El obstáculo aparece cuando esta huida se revela ineficaz. Allí Freud formula una pregunta clave, tan concisa como decisiva: “¿De qué modo se entrama lo pulsional con la compulsión de repetición?”.

La articulación entre pulsión y compulsión de repetición no solo desplaza la repetición más allá del automaton simbólico; también deslocaliza el trauma, alejándolo de la mera contingencia empírica. En este marco, la sexualidad humana se revela estructuralmente traumática, no por las vicisitudes particulares de cada biografía, sino por la participación misma de la pulsión en su constitución.

Como se indica en la Conferencia XX, La vida sexual de los seres humanos, para los sujetos hablantes, la sexualidad no se organiza en torno a la reproducción, sino al goce. Esta desnaturalización señala el lugar donde la represión primaria deja su marca inaugural: no hay relación natural con la sexualidad, sino estructura de pérdida y borde.

A medida que Freud da creciente preeminencia al punto de vista económico, se observa una cierta toma de distancia respecto de las perspectivas dinámica y descriptiva del inconsciente. Este viraje no implica un abandono de dichas vertientes, sino una reconfiguración lógica necesaria para articular la pulsión con el inconsciente, aún cuando Freud mismo advierte que la oposición entre inconsciente y conciencia no resulta operativa para pensar la pulsión.

Es precisamente esta vía la que lo conduce a formular el concepto de represión primaria, operación inaugural que delimita un borde y posibilita la constitución del inconsciente. Sin embargo, este desplazamiento suscita —al menos para mí— una pregunta que se impone con fuerza: ¿es posible establecer una consistencia conceptual y clínica entre la identificación primaria y la represión primaria?

miércoles, 14 de mayo de 2025

El Nombre del Padre y la lógica del borde

La pluralización del Nombre del Padre en Lacan coincide con la emergencia de una serie de términos vinculados a la incidencia de un borde. Si la metáfora paterna permite explorar la lúnula entre lo simbólico y lo imaginario, el desplazamiento del Padre más allá de esta función conduce a la interrogación sobre el litoral entre lo simbólico y lo real.

En este marco, el Nombre del Padre pasa de ser una figura mítica a un operador estructural, lo que implica un nuevo abordaje sobre la diferencia entre represión primaria y represión secundaria.

Represión Primaria vs. Represión Secundaria
  • La represión secundaria se inscribe en lo discursivo, y sus efectos se manifiestan en las formaciones del inconsciente.
  • La represión primaria, en cambio, es constituyente del aparato psíquico. Su función es fundante, y su operación implica una inscripción que transforma una imposibilidad en existencia.

Esta inscripción, entendida como marca, señala algo que en el inconsciente no tiene representante. En otras palabras, lo que no puede ser escrito se inscribe como una imposibilidad de escritura, lo que excede la deuda simbólica de la castración y se sitúa en el orden de lo real.

El Litoral y la Estructura del Inconsciente

La represión primaria traza un litoral, un borde estructural que, desde el punto de vista del mito freudiano, delimita lo propiamente humano. Sin embargo, Lacan trasciende las dificultades inherentes a este abordaje mítico al servirse de una matriz algebraica, donde introduce la diferencia entre series convergentes y divergentes.

Esta distinción permite evidenciar que la función lógica de un límite es la que sostiene la inscripción de la falta y la estructura misma del inconsciente. Así, el Nombre del Padre deja de ser un mero principio mítico y pasa a operar como un marco estructural, definiendo los bordes entre lo simbólico, lo imaginario y lo real.

miércoles, 30 de abril de 2025

Fantasma, pulsión y límite: la economía significante en juego

En el Seminario 5, Lacan nos ofrece una lectura minuciosa del texto freudiano “Un niño es pegado”, no solo para esclarecer la estructura de esa fantasía, sino también para desplegar una elaboración más amplia sobre la vida fantasmática del sujeto. ¿Cuál es el valor de lo que Freud formula allí?

Podemos situar ese texto como un punto de llegada en la interrogación freudiana sobre lo económico en el sujeto. En él, Freud logra precisar una constante en la estructura de la fantasía inconsciente, al tiempo que introduce el valor estructurante de la gramática. Esto implica que tanto la neurosis como la perversión se sostienen en un entramado significante, es decir, en una ficción. Y como toda ficción, opera como velo, como recubrimiento de lo que no puede ser plenamente simbolizado.

Desde allí, Lacan retoma la tesis según la cual el significante es la causa material del inconsciente, lo que justifica su referencia a la represión como pilar del aparato psíquico en Freud. No es casual que los textos La represión y Lo inconsciente estén no solo cronológicamente vinculados, sino también lógicamente articulados. En este marco, es necesario afirmar que la represión en Freud —leída por Lacan— es de significante: es el significante mismo lo que se reprime, y no un contenido cualquiera.

Este punto puede resultar enigmático:
¿Quién reprime? ¿Quién exige reconocimiento?
No se trata de un sujeto agente, sino de un funcionamiento estructural en el cual el significante “exige” ser reconocido. Esta exigencia no se refiere a una intención consciente, sino a la articulación misma del lenguaje, en la cual queda un resto. Ese resto es lo que se enlaza con la vida pulsional del hablante, y es lo que da lugar al fantasma como escena de repetición, como inscripción de lo que retorna desde lo no reconocido.

Es precisamente en esa articulación entre fantasma y pulsión donde la demanda se vuelve exigencia —no de un sujeto, sino del lenguaje mismo. Por eso, la fórmula de la pulsión implica una acefalía del sujeto: no hay “alguien” que desea o que exige, sino una estructura que funciona por su cuenta, una automatización del deseo.

De este modo, los ejes de esta construcción se hacen visibles:

  • Significante y exigencia: coordenadas que marcan una orientación clínica y estructural.

  • Un límite: lo no reconocible, lo no simbolizable, lo no investible.
    Este límite, que luego Lacan tematizará como litoral, es el que justifica la necesidad de la construcción en psicoanálisis, más allá de la interpretación como simple escansión o puntuación significante.

En suma, el abordaje de Lacan sobre el texto freudiano no solo restituye el valor clínico del fantasma, sino que abre una vía hacia una economía política del goce, donde el sujeto ya no es dueño ni de su deseo ni de su demanda, y donde el analista deberá orientarse por las marcas de lo imposible.

lunes, 10 de marzo de 2025

Pulsión, repetición y la desnaturalización del Goce

La juntura entre pulsión y compulsión de repetición no solo expande la repetición más allá del automaton simbólico, sino que también desplaza lo traumático de una mera contingencia vital.

Desde esta perspectiva, la sexualidad humana es estructuralmente traumática, independientemente de las circunstancias individuales. Lo que la vuelve tal no es la historia particular de cada sujeto, sino la participación de la pulsión en ella. Como ya se plantea en la Conferencia XX, “La vida sexual de los seres humanos”, la sexualidad en los hablantes no está orientada a la reproducción, sino al goce.

Esta desnaturalización de la sexualidad es una marca de la represión primaria en el hablante, lo que nos lleva a considerar su relación con la identificación primaria. La pregunta se impone: ¿cuál es el litoral que separa y a la vez conecta ambas dimensiones?

El predominio de la dimensión económica en la teoría del aparato psíquico implica un desplazamiento de las vertientes dinámica y descriptiva del inconsciente. Este es el paso lógico para poder articular el inconsciente con lo pulsional, aun cuando Freud señala explícitamente que la oposición entre inconsciente y conciencia no opera para la pulsión. Es precisamente esta dificultad lo que lo llevó a postular la represión primaria.

Desde los inicios de su obra, Freud otorga al concepto de defensa un rol central. En su articulación económica, la defensa se configura como un mecanismo esencial para la constitución del aparato psíquico. Si la economía psíquica supone una energía libremente móvil, potencialmente disruptiva, el aparato psíquico debe estructurarse con ciertos mecanismos de resguardo frente a esa irrupción.

Si este proceso fallara, la estructura psíquica, entendida como red de representaciones, quedaría en riesgo. La tensión fundamental se establece, entonces, entre lo articulado y aquello que amenaza con romper esa articulación.

sábado, 22 de febrero de 2025

"Moisés y la religión monoteísta": Lo atemporal y la función del padre en Freud y Lacan

"Moisés y la religión monoteísta" es un texto crucial en la obra de Freud, aunque marcado por características inusuales. En su introducción, James Strachey señala "irregularidades" en el texto, como repeticiones y un notable desorden, rasgos poco habituales en los escritos freudianos. Este desorden puede entenderse como efecto del material trabajado por Freud en esta obra.

El texto guarda continuidad con "Tótem y tabú", compartiendo temáticas como el estatuto del Padre, aunque desde enfoques diferentes. Una diferencia central radica en los términos Untergang (hundimiento o desaparición) y Verdrängung (represión), conceptos que Freud ya había explorado en relación con el sepultamiento del complejo de Edipo. Aquí, Freud presenta al Padre como "ido al fundamento" por su asesinato, y al complejo de Edipo como disuelto por su inconsistencia.

Las traducciones de Untergang varían: Strachey habla de "sepultamiento", mientras Ballesteros emplea "disolución". En cualquier caso, no se trata simplemente de represión; la inconsistencia aludida señala algo resistente al entendimiento, algo no fechable, que deja una marca en el hablante sin haberse producido efectivamente.

Lacan retoma esta idea y profundiza en el borramiento “de ninguna huella previa”, enfatizando la dimensión lógica de lo atemporal. En este contexto, la pregunta freudiana clave es: ¿cómo retorna aquello que no ha sido biográficamente vivido, pero que opera como acto fundante?

Freud plantea que el asesinato del Padre no retorna como un hecho histórico, sino como una estructura fundante de la serie simbólica. Lacan, al analizar esta cuestión, introduce la noción de la excepción lógica: el asesinato del Padre funciona como un acto que establece una regla al tiempo que se sitúa fuera de ella.

De este modo, el texto freudiano aborda no solo el problema de la represión, sino el de la transmisión y retorno de aquello que no puede ubicarse en el tiempo ni en el saber, pero que, sin embargo, configura al sujeto y al orden simbólico.

viernes, 21 de febrero de 2025

Lo Traumático y el Inconsciente: La Huella de lo Irrepresentable

En el psicoanálisis, lo traumático se aborda a partir de la incidencia de lo económico en el sujeto hablante. Freud plantea la pregunta fundamental: ¿cómo retorna lo traumático? Hablar de trauma implica ya un intento de tramitación, que Diana Rabinovich vincula, en el contexto del Seminario 10 de Lacan, al significante de la falta en el Otro. Este significante escribe un componente económico despojado de cualidad y representación.

En "El hombre Moisés y la religión monoteísta", Freud afirma: Los traumas son vivencias en el cuerpo propio o bien percepciones sensoriales, las más de las veces de lo visto y oído…. Aquí se destacan dos elementos clave:

  1. El cuerpo como superficie donde irrumpe lo traumático.
  2. La asociación del trauma con restos pulsionales, específicamente vinculados a lo escópico y lo invocante.

Estos desarrollos determinan dos líneas sobre el estatuto del inconsciente:

  • Todo lo reprimido es inconsciente, situando el inconsciente en el plano de la existencia.
  • No todo lo inconsciente es reprimido, abriendo el sesgo hacia la ex-sistencia, donde el inconsciente conecta con lo real.

Freud establece un vínculo entre el inconsciente y el componente económico de lo traumático, mostrando que el inconsciente no se limita a lo representacional. A través del concepto de lo arcaico, Freud introduce un saber originario olvidado por el adulto. Para Lacan, este saber se inscribe como una huella o marca, donde el olvido es el efecto de un retorno al fundamento.

La pregunta de Freud se dirige hacia lo transmisible: ¿cómo se transmite aquello que carece de representación y no entra en el saber? En última instancia, este interrogante subyace al problema central de la formación del analista. Es decir, ¿cómo puede formarse alguien para operar en un campo definido por lo irrepresentable, por el trauma y sus efectos en el sujeto?

sábado, 7 de diciembre de 2024

El cansancio neurótico: trabajo y defensa frente al conflicto

La neurosis, indudablemente agotadora, implica un esfuerzo constante por parte del sujeto. En los planteos iniciales de Freud, se destaca que la represión opera en dos tiempos: primero, el desalojo de la representación conflictiva, y luego, en un segundo momento, el trabajo continuo para mantener dicha represión, evitando que aquello excluido de la conciencia retorne.

Desde una perspectiva estructural, este sostenimiento de la neurosis se asocia a un esfuerzo persistente por no ver o no enterarse de ciertas verdades fundamentales. La neurosis actúa como una barrera defensiva frente a lo económico en el aparato psíquico, ya que lo traumático requiere ser mantenido a raya.

El cansancio que acompaña a la neurosis puede entenderse como la consecuencia directa de este trabajo defensivo. A través de síntomas, inhibiciones y estrategias inconscientes, el sujeto opera constantemente para sostener la ilusión de una completitud en el Otro, una ilusión que disfraza las fracturas inherentes a la estructura.

Lacan lo plantea con claridad al describir cómo el fantasma opera como un “campamento” donde el sujeto se asienta, evitando confrontarse directamente con la castración del Otro. Este campamento es un espacio de distracción, una zona liminal donde el sujeto esquiva enfrentarse con la imposibilidad estructural.

Sin embargo, este trabajo defensivo no es sin costo. Se lleva a cabo con el cuerpo mismo, convirtiendo al cansancio en la manifestación tangible del esfuerzo neurótico. El cuerpo se vuelve el escenario donde se despliegan estas estrategias, haciendo evidente el peso de sostener, día tras día, la ilusión y el parapeto frente a lo real.

domingo, 1 de octubre de 2023

Obstáculos en la cura: la desmentida en la neurosis

Octave Mannoni, en su libro “La Otra escena: Claves de lo imaginario”, afirma que, en la práctica clínica, frecuentemente nos encontramos con pacientes que expresan su dicho de manera afirmativa, para luego proseguir con un “pero” que contradice o niega la afirmación anterior. Sujetos que evitan así la angustia y la posibilidad de alguna implicación subjetiva.
Son frecuentes expresiones, tales como:

. "Sí, sucedió tal cosa, pero no tiene ninguna importancia”.
. “Si, sucedió tal cosa, pero fuiste vos el que me dijo que lo hiciera”.
. “Si, tal cosa sucedió, pero también sucedió esta otra" (que contradice la afirmación anterior).

La Desmentida en la Neurosis

Cuando el paciente se expresa bajo la fórmula del “ya lo sé... pero aún así” nos encontramos ante un mecanismo psíquico defensivo que Freud denomina “Desmentida” (Verleugnung).

Si bien la Desmentida es el mecanismo distintivo de la estructura psíquica perversa, Freud nos aclara que también se presenta, con mucha frecuencia, en la clínica de los adultos neuróticos.

“Hechos que encontramos, por doquier, en la vida cotidiana y en los análisis” - Octave Mannoni

¿Cómo opera la Desmentida en la Neurosis?

La Desmentida como mecanismo de defensa se trata de hacer existir dos afirmaciones contrarias, sin que se afecten mutuamente. Ambas están en el plano consciente de la instancia Yoica.

Esta defensa ejercida ante una realidad que se “acepta” para después negarla, produce una Escisión en el Yo. Ocurre cuando la realidad externa que se desmiente le provoca al sujeto un encuentro actualizado con la castración. El mecanismo de la Desmentida le permite al sujeto anular la señal de angustia frente a la falta del Otro.

El resultado de esta renegación nunca es perfecto, sin residuo. Siempre siguen ahí -en la consciencia- las dos posturas opuestas” – Sigmund Freud

La Desmentida y su diferencia con la Represión (Verdrangung)

La Represión es un mecanismo psíquico que se opera sobre una representación de la realidad, a diferencia de la Desmentida que lo hace sobre la realidad misma. Otra diferencia con la Desmentida es que ella se produce al nivel del Yo, mientras que en la Represión se ponen dos instancias en juego: el Yo y el Ello.

En la Represión, el Yo se opone -porque le resulta intolerable- a una representación del Ello inconsciente, una verdad del sujeto que lucha por hacerse representar, no sin angustia. En cambio, en la Desmentida, el sujeto se “libera” de la angustia y el Yo se fortalece como único protagonista.

La Desmentida y su diferencia con el Rechazo (Verwerfung)

El Rechazo es un mecanismo psíquico propio de la estructura psicótica, en donde el sujeto niega la realidad en forma radical y la intenta sustituir, a diferencia de la Desmentida que la acepta a pesar de que luego la desmiente. Otra diferencia con la Desmentida es que lo rechazado (la Castración Primordial), retorna en la vida real del sujeto como delirios y/o alucinaciones intolerables, en tanto no puede ser inscripta ni simbolizada en el inconsciente.

¿Qué peligro puede desatar la Desmentida en la Neurosis?

Cuando un sujeto neurótico, atravesado por el mecanismo psíquico de la Desmentida, acepta pero luego niega la realidad exterior que percibe, crea las condiciones para que dicha realidad se exprese bajo la forma abrupta del Acting Out y/o el Pasaje al Acto.

La angustia que no ha podido tramitarse por la vía del síntoma, sube a escena para representar al sujeto en el Acting Out o, en muchos casos, para hacerlo desaparecer, como ocurre en el Pasaje al Acto.

La Desmentida neurótica: Un gran obstáculo en la clínica
Estrategias de abordaje para la práctica

. Deberemos tener una escucha fina y sumamente atenta para detenernos en el momento en que surge un movimiento oscilante y/o una incerteza en los decires del paciente, que en la Desmentida se intentarán congelar -a través del “ya sé que…pero aún así”-.

. Deberemos intervenir en las fisuras, en los quiebres del relato (que dejan fuera la angustia, la falta), vía el señalamiento de las contradicciones y/o algún silencio que pueda leerse como una duda encubierta, por parte del paciente, de aquello que su afirmación desmiente.

. Deberemos intentar -mediante las Construcciones en Psicoanálisis- historizar la vida del sujeto que se nos aparece congelada en el tiempo presente (a través de enunciados tales como: “ya sé, pero es lo que hay”, “ya lo sé, pero soy esto”). Apostamos a que el paciente registre que hay una causa psíquica en su subjetividad, posible de ser transformada. A modo de ejemplo, producir un pasaje del: “ya lo sé, tengo un carácter insufrible” a “es verdad, podría cambiarlo para tener una mejor vida personal y familiar”.

lunes, 1 de agosto de 2022

La represión... Según Schopenhauer

Schopenhauer, en 1819 :
"Si un conocimiento o reflexión dolorosa, alcanza un grado tal que resulta tan insoportable que el individuo podría sucumbir ante él, entonces la naturaleza alarmada de este modo, se refugia en la locura como último recurso para salvar la vida. La mente atormentada hasta tal grado, destruye el hilo de la memoria, llena los huecos con ficciones y busca así refugio en la locura cuando el sufrimiento mental excede sus fuerzas. Incluso con experiencias mucho menos intensas, como todos hemos experimentado, desterramos mecánicamente un pensamiento atormentador que nos sobreviene de improviso... para evitarlo y distraernos con fuerza"

Recordemos que Kant, ya habia definido también el mecanismo de Represión

domingo, 22 de agosto de 2021

El puritanismo del cuerpo en los encuadres psicoanalíticos

Wilhelm Reich dice que para reprimir, es decir, hacer inconscientes las emociones y los impulsos, empezamos por endurecer ciertas partes de nuestro cuerpo y así vamos conformando nuestro propio mapa corporal caracterológico (rigidizado). Concretamente, dice:
"Para reprimir (hacer inconscientes las emociones y los impulsos), empezamos a endurecer ciertas partes de nuestro cuerpo y vamos formando nuestro propio mapa corporal caracterológico"

Y agrega:
"El ser humano es más que palabras, símbolos o imágenes, es todo ello sustentado en el cuerpo, la postura y el movimiento.
Los síntomas físicos como los mentales, son parte de un sistema energético"

Lo que dice Reich es muy cierto, pero resulta solo una "parte", pues no logra explicar o comprender cómo opera el "todo" el conjunto como sistema. En otras palabras, la mera posición de los neumáticos no explica lo suficiente un choque o impacto (trauma) emocional.

Desde Reich, la crítica es que el Psicoanálisis intentó emular un estado Hipnótico Despierto (Asociación libre), cerrándole a los pacientes el canal motor y dejándole abierto el canal perceptivo. Esto condenó al cuerpo a ser receptáculo de huellas sin descargas corporales: la asociación muscular se pierde o se atrofian, según Reich.

Reich, a este nivel de crítica, es absolutamente Freudiano. Es decir, la asociación kinésica forma parte del complejo inconsciente y sus huellas mnémicas. El problema es que pocos psicoanalistas, salvo los psicomotristas, se han aventurado a dicha clínica. La mayor parte de los analistas siguen cómoda y limitadamente en fonocentrismo, retuécanos y juegos de palabras, rimas, como modas francesas.

Reich fue de los primeros es estudiar que hay defensas sensoriales y corporales que no responden a las clásicas conversiones histéricas, rumiaciones obsesivas o evitaciones fóbicas. El mapa caracterológico del cuerpo en algunos, es más preponderante que los síntomas neuróticos (en el caso de traumatizados y/o psicóticos).

¿Qué hizo que el Psicoanálisis, en su logocentrismo, desconfiara del canal motor? ¿Por qué se exige mantenerlo cerrado y se confía más en el Canal perceptivo y del Lenguaje como Talking Cure

Freud (1914) dijo que lo que se actúa no se recuerda, lo que no se recuerda se repite en el actuar. Por consiguiente, se busca trabajar los conflictos, impidiendo un actuar que no permita el recordar-asociando. Tal parece, el actuar-cuerpo es más impredecible, caótico y menos confiable a estudiar empíricamente. De esta manera, en el espacio clínico se impone un encuadre que sea puritano con el cuerpo, pero perverso polimorfo en su asociación libre.

Reich y Lagache dirían algo como: "Actuar y descargar kinésicamente es parte del asociar y elaborar conflictivas. De otro modo estás imponiendo un cinturón de castidad a la líbido".

Para cambiar el encuadre psicoanalítico, Reich empleó el masaje y el acting neuromuscular como forma de contacto o ayuda a la expresión de una emoción que no logra manifestarse por el mero "hacer consciente".

La descarga proviene de postura o tono corporal y no sólo desde lo puramente fónetico lenguajero. Las bases técnicas de W. Reich, con su formulación de la memoria muscular, tiene potencial para explorar casos de Neurosis Laboral (burnout) y Traumas. La rigidez en la tonificación de los segmentos musculares, es su guía para diagnósticos.

Recordemos que para el padre de la Psicología William James, percatarse del tono corporal es una parte fundamental para sentir la emoción misma. De otro modo se convierte en aleximitia y falla el contacto con la emoción y cómo vive su cuerpo-en-el-mundo.

Sinb ella decirlo ni reconocerlo, Melanie Klein fue fundadora de las terapias corporales kinésicas antes que Reich. Por el simple echo de motivar a los niños a moverse en el box clínico y jueguen espontáneamente usando todo su cuerpo sin limitarlo a tumbarse en un diván y solo hablar.

Buena parte del psicoanálisis se mudó a la tesis de que la catarsis emocional o la expresión emocional en terapia es pan para hoy y hambre para mañana. Esto es correcto, pero para algunos pacientes drogodependientes y/o con daño orgánico es algo muy importante a entablar y asociar. Vale decir, formar un cuerpo o contenedor (Bion) para generar trabajo clínico digestivo de representaciones.

El estudio más clásico de Reich fue respecto a la rigidez o contracción del Diafragma para evitar contacto con la angustia o expresión de llanto. Al tensar diafragma, el dolor se aquieta y al soltarlo emerge el dolor y el calor de la angustia. Mucha tensión allí generan problemas digestivo.

Reich divide las corazas o carácter-musculares en 7 segmentos. De los cuales, la memoria muscular retiene el impacto emocional. Al activar la memoria muscular, emergerán efectos reprimidos y recuerdos olvidados favoreciendo la abreacción. Tales movimientos favorecen la emergencia del material y la libre asociación.

En el segundo segmento carácter-muscular: la zona oral, el bruxismo se asocia con la expresión emocional de ira o rabia bloqueada y no metabolizada en el lenguaje.

Cuando la persona está capacitada para (re)vivir esa emoción de forma espontánea, sin que haya necesidad de meter más oxígeno al organismo o al masajear o accionar puntos rígidos, aparece la abreacción ligada y transferencial. En el análisis de las resistencias de Reich es imposible separar lo verbal de lo corporal.

Esto recuerda la Técnica Activa (1919) de Ferenczi en bloquear ciertos Canales de descarga, donde algunos son mecanismos defensivos de evasión emocional. Al impedirlos, hace que el impulso provocado hallara el camino hacia el material originalmente reprimido.

Además, nos recuerda también a los Esquemas de Contacto creados por el discípulo directo de W. Reich: F. Perls y la Gestalt. Ej: La desconexión entre acción-contacto (histeria) y consciencia-acción (obsesión).

La Psicología Humanista lleva mucha ventaja en estos temas, que los psicoanalistas de modas fonocéntricas no se atreven a leer ni a conocer (más allá si uno haga dicha clínica o no)

Aún así, sin decirlo ni reconocerlo, Klein fue fundadora de las terapias corporales kinésicas antes que Reich. Por el simple echo de motivar a los niños a moverse en el box clínico y jueguen espontáneamente usando todo su cuerpo. SIN limitarlo a tumbarse en un diván y solo hablar

martes, 15 de junio de 2021

En más de un siglo de psicoanálisis... ciertas aclaraciones.

En más de un siglo de psicoanálisis siguen siendo necesarias ciertas aclaraciones:

1) El psicoanálisis no tiende a adaptar al individuo a la sociedad ni fomenta la cultura.
2) El psicoanálisis no es sostén de ningún sistema político.
3) La represión es patógena, aleja al individuo de la realidad y dificulta el contrato social entre los miembros de una sociedad.
4) La represión no produce cultura.
5) La represión hace que los instintos reprimidos avasallen al yo.
6) Sólo el levantamiento de la represión permite dominar a los instintos y decidir si satisfacerlos o no, cómo y cuando hacerlo.
7) El analista no es el dueño del juicio de realidad.
8) El analista no debe imponer sus ideales al paciente.
9) El analista no es quién para decidir cuándo y qué represiones levantar.
10) El temor a levantar represiones encubre una concordancia con el superyó del paciente: factor fundamental de toda psicopatología.
11) La sublimación no es una meta del trabajo analítico, y además, es imposible dirigir los destinos de los instintos.
12) La neurosis que tratamos en un tratamiento psicoanalítico es el conflicto infantil olvidado que retorna en la transferencia y por lo tanto, todo análisis es un análisis de niños.
13) Los recuerdos infantiles que relatamos en el tratamiento son un material manifiesto, no son el origen de la patología. El origen de la patología está olvidado y por eso requiere del levantamiento de la represión, es decir, de la construcción.
14) No trabajamos para que el paciente no se vaya del análisis. Trabajamos para descubrir el misterio de su neurosis.
15) Atravesar la neurosis durante el análisis (durcharbeitung, Working through, transelaboración) requiere del analista su máxima demostración de que está analizado y poder soportar el papel transferido mientras mantiene un resto de palabra autorizada. En esos momentos el superyó y el narcisismo del analista tienen alfombrado el camino para hacerse presentes.
16) No es función del análisis lograr que la gente sea "más buena".

sábado, 12 de junio de 2021

Kant para psicólogos (2)

Ver entrada anterior: Kant para psicólogos (1)

En la entrada anterior habíamos visto que el campo de la objetividad lo constituye el sujeto. Ahora vamos a ver cómo es la estructura del conocimiento del sujeto. ¿Qué tiene el sujeto para constituir la experiencia? Dijimos que habían 2: sensibilidad y entendimiento. La sensibilidad es pasiva e inmediata y el entendimiento era activo y mediato. Ahora vamos a complejizarlo más.

¿Cómo se llaman los elementos de la sensibilidad? Intuiciones. Y los elementos del entendimiento, conceptos. Estas son las 2 facultades del sujeto trascendental. Acá tenemos el campo de la objetividad. El resultado de todo esto da por resultado la objetividad.


Vamos a analizar las 2 facultades del sujeto: intuiciones y conceptos. Si Kant divide tanto el ámbito de la experiencia, de los empírico, de lo a priori y posteriori, en cada una de estas facultades va a haber elementos a posteriori (dependientes de la exp.) y elementos a priori (indep. De la exp.). Las 2 facultades tienen elementos empíricos y elementos puros (a priori).



Los elementos empíricos de las intuiciones son los 5 sentidos. Ahora bien, siempre la empiria en Kant viene en 2ª posición. Para que yo pueda tener experiencia de algo, a priori tengo que tener una estructura que lo pueda recibir. Los elementos puros, o sea las intuiciones puras que el sujeto proyecta en el mundo y es propio y no del mundo, son el espacio y el tiempo. El espacio y el tiempo no son objetivos. Son moldes con el que el sujeto proyecta. Todo lo que el sujeto puede conocer tiene que estar en el espacio y en el tiempo. O sea que el espacio y tiempo no son objetivos, son las intuiciones puras. Todo lo que puede recibir el sujeto lo recibe con estos 2 moldes, el espacio y el tiempo. No se puede recibir algo que no sea espacio-temporal. Porque una idea es temporal, aunque no espacial. ¿Pueden existir cosas que no sean espacio-temporales? Como poder pueden, pero no las puedo conocer sino solamente pensar. Los datos de los sentidos dependen de que haya espacio y tiempo, por eso estos últimos son puros. Todo lo que uno recibe se ordena “atrás de”, “delante de”, “antes de”, “después de”. Pero recuerden que es una actividad inmediata.

En los conceptos también hay un contenido empírico y un aspecto puro. Los conceptos empíricos aparecen en el libro como “cierta generalización de la experiencia”. Recuerden lo siguiente: La sensibilidad por ser una facultad inmediata, recibe datos que el entendimiento procesa y enlaza. ¿Qué son las generalizaciones de la experiencia? Por ejemplo, el concepto de “perro”, el concepto de silla o de mesa… Recibo los datos de algo empírico, los proceso en el espacio y el tiempo. Ahora, me entero que es una mesa porque veo que es cuadrada, firme, etc. y digo mesa. El concepto empírico son “perro, mesa, etc”. El entendimiento con sus conceptos dice que es a partir de haber visto muchas veces lo mismo.

Los elementos puros del entendimiento son las categorías. Recuerden que entendimiento es la facultad activa cuyos elementos son los conceptos, que ordena, enlaza, me dice que toda esta masa de datos es una mesa poniéndole un molde conceptual empírico (es una mesa, un perro). Para que yo pueda hacer esto, recuerden que tiene que haber prioridad conceptual lo a priori que lo empírico, porque lo a priori es condición de posibilidad de la experiencia. Si no hay a priori, no hay experiencia. Tiene que haber un elemento puro en el entendimiento que ordene (moldes puros, estructuras de conocimiento puros) que sea mediata, que ordene los datos que me vinieron de afuera de la sensibilidad, de forma pura. Son las categorías. Hay 12, pero nosotros no vamos a verlas todas, tienen que saber solamente qué es una categoría. Categoría es predicado en griego. 

Para que pueda haber experiencia, dijimos, tiene que haber algo que sea condición de posibilidad de la experiencia. Eso es conocimiento a priori. Para que yo pueda decir “esto es una mesa”, tengo que tener a priori determinados moldes o estructura de conocimiento en el cual pueda decir “Esto es un perro” y no “esto es una mesa”. Por ejemplo, la noción de objeto, de sustancia, de singular, de plural. Todo lo que yo perciba, los voy a ordenar en esos moldes a priori que son objeto, sustancia, plural, individual; es decir, tienen que saber que hay moldes a priori en el cual todos los datos de la sensibilidad van a ser ordenados. Si yo veo una mesa, a priori tengo que haber visto un molde de esto. Todo lo que me viene de afuera lo voy a ordenar como objeto, como singular, sustancia, etc. Ningún objeto es en sí mismo sustancia, pero todos son sustancia: sustancia intelectual, sustancia física. 

A priori tengo 2 cosas: el espacio y el tiempo (intuiciones puras) y tiene las categorías. El sujeto recibe las cosas inmediatamente en el espacio y el tiempo y los ordena como sustancia individual, plural, como cualidad, como cantidad. Son moldes que ya el sujeto tiene. Es la estructura de conocimiento espontánea, mediata en donde los datos pasan a ser una calidad, una cantidad… (interrupción). No usar la palabra “moldes”, sino “estructura de conocimiento”. Las 2 funciones (intuición y conceptos) son necesarias y complementarias, aunque sean autónomas.

Ahora, con estas limitaciones en el conocimiento se me pierde Dios, y para un cristiano pietista como Kant, ¿Cómo iba a recuperarlo? Por la moral. Kant va a decir que hay un ámbito de cosas que no tienen que ver con el conocimiento, que es un conocimiento universal y necesario, pero que no es en el ámbito del conocimiento.

La moral en Kant

Hay un ámbito, el de la moral, que es también muy riguroso y puede ser para todos. No es el ámbito del conocimiento objetivo, que es lo que vimos recién, y también es un ámbito porque la pregunta ahora es “¿Qué debo hacer?” en lugar que “¿cómo conozco?”. Kant dice que en la razón, si uno indaga bien en ella, hay una ley que la razón misma se da, y que si se sigue, se actúa moralmente:

ACTUA DE MANERA TAL QUE LA MAXIMA DE TU ACCION PUEDA SER ELEVADA A LA LEY UNIVERSAL.

Este es el famoso imperativo categórico. Ya no es el ámbito del conocimiento sino de la moral. Para saber cómo actuar, no es necesario ver los libros de teología, porque el sujeto busca en sí mismo una ley con la cual no se equivoca. Esta no es la única manera de actuar, es la forma de actuar moralmente. Es incondicionado, lo que vimos antes era condicionado.

“Máxima” y “ley” son la clave de esto. Máxima es cómo obro yo. Yo quiero hacer algo, yo tengo ganas de… Ahí está mi máxima, el principio subjetivo de obrar. ¿Cómo me entero que está bien? Con la ley, que es principio objetivo del obrar.

Yo tengo ganas de hacer algo, ¿cómo me entero que está bien? Si digo, ¿por qué está mal tirar una maceta por la ventana? Porque si todos hiciéramos lo mismo, habrían problemas. Quizás en mi caso no pase nada, pero si yo lo hiciera acá (Corrientes y Callao), pasaría de todo. Kant sabe que la gente no se maneja así y que es muy difícil de lograr, pero es la forma de actual moralmente. Es una fórmula vacía en un sentido, porque nosotros no tenemos qué es lo que hay que hacer ni lo que hay que universalizar. Pero todo hombre puede encontrar esto en su razón y actuar bien. Si todos mentimos, la mentira es la verdad, con lo cual ya no hay más mentira. En cambio si todos decimos la verdad está bien, porque todos nos manejamos correctamente y no pasa nada. Por supuesto que a esto le van a caer todos, Hegel sobre todo, porque es una ley que vale para todos los contextos. Yo soy libre cuando hago esto, porque cuando yo hago lo que debo hacer, yo me di eso por tenerlo interiorizado. Yo soy libre si hago eso, porque yo me di mi propia ley.

Otros aspectos de Kant interesantes para la psicología

Si bien suele decirse que Schopenhauer fue el primero en definir la represión en 1819, Kant ya había hecho un desarrollo sobre el tema en 1798:
"cuando el espíritu tiene la fuerza de dominar los sentimientos que los forman sólo por un esfuerzo de voluntad, fuerza superior del animal razonable, son todos de naturaleza espasmódica (calambres); pero, a la inversa, no se puede decir que todos los casos de esta especie pueden ser evitados o suprimidos exclusivamente por firme resolución. Pues algunos son de tal naturaleza que intentar someterlos a tal resolución no es más que aumentar el dolor provocado por el espasmo (...) dificulta el pensamiento, cuando se trata de retener un concepto (representaciones ligadas a la unidad de la conciencia) da la impresión de un estado espasmódico del órgano del pensamiento (el cerebro), de una opresión que en realidad no debilita el pensamiento y la reflexión en sí, ni la memoria de lo que ha sido anteriormente pensado, pero en la exposición (oral o escrita), obliga a hacer un esfuerzo de conexión de las representaciones en su sucesión temporal, contra la distracción; produce un estado espasmódico involuntario del cerebro, una especie de incapacidad de mantener, durante el cambio de las representaciones consecutivas, la unidad en la conciencia de las mismas." (Kant, 1798)

Al igual que Rousseau, Kant también se preocupó de la educación en los niños, con su curiosa forma:
"Los niños rusos reciben, sin duda, de sus madres el mismo gusto que tienen éstas por beber aguardiente, y se observa que los rusos son sanos y fuertes. Bien es cierto, que los que lo resisten han de tener muy buena constitución; y así mueren muchos que no haciendo esto, hubieran podido vivir; pues tal prematura irritación de los nervios produce muchos desórdenes. Hay que preservarlos cuidadosamente hasta de los alimentos o bebidas calientes, pues también les debilitan.
Se debe evitar, además, no mantener al niño muy caliente, pues su sangre lo está ya por sí misma mucho más que en los adultos. El calor de la sangre de los niños pega a 110º Fahrenheit, y la de los adultos solo a 96°. El no se asfixia en una temperatura en que otros de más edad se encuentran perfectamente. La habitación fresca generalmente hace fuerte al hombre. No es bueno tampoco para los adultos abrigarse demasiado, cubrirse con exceso y acostumbrarse a bebidas muy calientes. Por tanto, hay que tener al niño en lecho fresco y duro. Los baños fríos son buenos también. No se debe emplear excitante alguno para despertar el apetito de los niños; ha de nacer sólo de la actividad y de la ocupación." (Kant, 1803)

Podríamos pensar que esta cuestión de la temperatura podría estar relacionada con su actitud hacia la abstención de los placeres. Lo cierto es que en los tratamientos de Psicosis e Histeria se usaban baños fríos en dichas épocas. Había todo un tema con la sangre y su temperatura.

sábado, 10 de abril de 2021

La negación (1925): punteo del texto.

En la interpretación prescindimos de la negación y acogemos sólo el contenido estricto de las asociaciones. El contenido de una imagen o un pensamiento reprimidos pueden abrirse paso hasta la conciencia bajo la condición de ser negados.

Ejemplos:

  1. “Va usted a creer ahora que quiero decir algo ofensivo para usted, pero le aseguro que no es tal mi intención”.» Vemos la repulsa, por medio de una proyección sobre nuestra persona, de una asociación emergente. 

  2. “Me pregunta usted quién puede ser esa persona de mi sueño. Mi madre, desde luego, no.” Y nosotros rectificamos: «Se trata seguramente de la madre.» Es como si el paciente hubiera dicho: «A la persona de mi sueño he asociado realmente la de mi madre, pero me disgusta dar por buena tal asociación.» 

  3. Preguntamos: «¿Qué es lo que le parece a usted más inverosímil de la situación de que tratamos? ¿Qué es lo que le pareció más extraño y ajeno a usted?» Si el paciente cae y designa aquello que más increíble le parece, habrá contestado, casi siempre, la verdad buscada. 

  4. El neurótico obsesivo iniciado en la comprensión de sus síntomas dice “He tenido una nueva idea obsesiva y se me ha ocurrido que podía significar tal y tal cosa. Pero no es posible, pues entonces no podría habérseme ocurrido.” Aquello que el sujeto rechaza es, naturalmente el verdadero sentido de la nueva representación obsesiva. 

La negación supone un alzamiento de la represión, aunque no una aceptación de lo reprimido. En este punto, la función intelectual se separa del proceso afectivo. Con ayuda de la negación se logra que el contenido de la representación logre acceso a la conciencia, una especie de aceptación intelectual de lo reprimido, en tanto que subsiste aún lo esencial de la represión. En el curso de la labor analítica conseguimos vencer también la negación e imponer una plena aceptación intelectual de lo reprimido, pero sin que ello traiga consigo la renovación del proceso represivo mismo

Negar algo en nuestro juicio equivale, en el fondo, a decir: «Esto es algo que me gustaría reprimir.» El enjuiciamiento es el sustitutivo intelectual de la represión, y su «no», un signo distintivo de la misma. Por medio del símbolo de la negación se liberta el pensamiento de las restricciones de la represión y se enriquece con elementos de los que no puede prescindir para su función. 

La función del juicio toma dos decisiones. 

  • Atribuir o negar a una cosa una cualidad: El yo primitivo, regido por el principio del placer, quiere introyectarse todo lo bueno y expulsar de sí todo lo malo. Lo malo, lo ajeno al yo y lo exterior son para él, en un principio, idénticos.

  • Conceder o negar a una imagen la existencia en la realidad. No se trata de si algo percibido (un objeto) ha de ser o no acogido en el yo, sino de si algo existente en el yo como imagen puede ser también vuelto a hallar en la percepción (realidad). Como puede verse es una cuestión de lo exterior y lo interior. 

Lo irreal, simplemente imaginado, subjetivo, existe sólo dentro; lo otro, real, existe también fuera. En esta etapa del desarrollo ha dejado ya de tenerse en cuenta el principio del placer. La experiencia ha enseñado que lo importante no es sólo que un objeto de satisfacción sea «buena» y, por tanto, que merece ser incorporada dentro del yo, sino también que exista en el mundo exterior, de modo que pueda uno apoderarse de ella en caso necesario

Todas las imágenes proceden de percepciones y son repeticiones de las mismas. La existencia de una imagen es ya una garantía de la realidad de lo representado. La reproducción de una percepción como imagen no es siempre su repetición exacta y fiel, puede estar modificada por omisiones y alterada por la fusión de distintos elementos. El examen de la realidad debe comprobar hasta dónde alcanzan tales deformaciones. Pero descubrimos, como condición del desarrollo del examen de la realidad, la pérdida de objetos que un día procuraron una satisfacción real. El juicio es el acto intelectual que decide la elección de la acción motora, pone término al aplazamiento debido al pensamiento y conduce del pensamiento a la acción. 

El juicio es la evolución adecuada del proceso primitivo por el cual el yo incorporaba cosas en su interior o las expulsaba fuera de sí, de acuerdo al principio del placer. Su polarización parece corresponder a la antítesis de los dos grupos de instintos por nosotros supuestos. 

  • La afirmación —como sustitutivo de la unión— pertenece al Eros; 

  • La negación —consecuencia de la expulsión— pertenece al instinto de destrucción. 

El negativismo de algunos psicóticos debe interpretarse como signo de la de fusión de las pulsiones, por retracción de los componentes libidinosos. La función del juicio se hace posible por la creación del símbolo de la negación que permite al pensamiento un primer grado de independencia de los resultados de la represión y con ello también de la compulsión del principio del placer. En el análisis no hallemos ningún «no» procedente de lo inconsciente, pero lo inconsciente por parte del yo se manifiesta por medio de una fórmula negativa. La prueba: el analizado reacciona con las palabras: «En eso no he pensado jamás.» el análisis ha llegado al descubrimiento de lo inconsciente.