Mostrando las entradas con la etiqueta significante. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta significante. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de enero de 2026

¿Qué empuja a Lacan del modelo de cadena al de red significante?

 ¿Qué hizo que Lacan pase a hablar de cadena significante a red significante en Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis? ¿Qué consecuencias clínicas tiene? No se trata de un pasaje terminológico sino epistemológico, lógico y clínico. 

La cadena significante (S1–S2–S3…) supone una temporalidad lineal, una lógica de deslizamiento metonímico y una causalidad que se deja leer principalmente en el eje del discurso. Este modelo fue fundamental para pensar el inconsciente estructurado como un lenguaje, por ejemplo al formalizar la metáfora y la metonimia y ubicar la producción de sentido y el efecto sujeto.

Pero Lacan se topó con un límite: hay fenómenos clínicos que no se dejan reducir al encadenamiento lineal ni al sentido producido por la cadena. Veamos cuáles son:

La repetición sin sentido (automaton / tyché) no se despliegan en la cadena ni se modifican por la interpretaciónEjemplos clínicos: el mismo fracaso amoroso una y otra vez, el mismo acto que retorna, la misma escena que se reitera aunque “ya se entendió”.

Esto obliga a Lacan a distinguir el automaton es decir la repetición regida por la cadena significante, de la tyché, definida como el encuentro con lo real, lo que no se encadena. La cadena significante  que explica el automaton; no alcanza para la tyché.

Existen modalidades de goce que no se simbolizan, de manera que no entran en el sentido, no se traducen en palabras, ni se alivian por el decirClínicamente, encontramos esto en el terreno de las adicciones, las compulsiones, ciertos fenómenos corporales y satisfacciones opacas al sujeto. Ese goce no está “entre significantes”, sino que está localizado en puntos, bordes y zonasPara eso hace falta una lógica de localización, no de encadenamiento.

En esta línea, encontramos que existen síntomas que "no hablan". Mientras en la primera enseñanza el síntoma es “mensaje cifrado en la cadena”, Lacan encuentra síntomas que: no cifran nadano se interpretan y funcionan como soluciones más que como mensajes. Ejemplos de esto son rituales vacíos de sentido, inhibiciones masivas, síntomas “tontos”, repetitivos, fenómenos psicosomáticos. Estos síntomas no se “leen” como texto, sino que se ubican como puntos de goce en una red.

Por otra parte, Lacan se encuentra con significantes aislados, es decir "S1 solos", que toman la forma de palabras sueltasfrases sin encadenamiento, nombres propios, insultos, marcas, números, letras. Estos S1 no llaman a un S2, no producen sentido, porque más bien funcionan como marcas.

Clínicamente, se trata de insultos que fijan una posición subjetiva, apodos que organizan una vida, o palabras que “pesan” sin saberse por qué. Vamos viendo por qué habla de red: la cadena necesita S2; la red puede alojar S1 sin cadena.

Existen fenómenos corporales donde el cuerpo responde, pero el sentido no aparece. Los dolores sin causa médica, desmayos, síntomas sexuales y fenómenos psicosomáticos que no se ordenan ni por metáfora ni por metonimia. Toda esta serie de fenómenos exige pensar el inconsciente como escritura en el cuerpo, no como discurso.

Quizá sean las psicosis las que mayormente debilitan (no invalidan) la idea de cadena significante. Esto es porque en la psicosis no hay Nombre-del-Padre que organice la cadena pero sí hay lenguaje, goce e invenciones. ¿Cómo explicar, desde la idea de cadena, las suplencias o los anudamientos singulares? La red, y luego el nudo, permiten pensar arreglos, conexiones parciales y soluciones no metafóricas.

Un final de análisis pensado desde la cadena significante sería que el paciente “entienda”. Todo analista puede constatar que hay sujetos que entienden y no cambian, que son esos análisis que no concluyen por sentido. Al hablar de una red significante, el final se redefine como una nueva localización del goce, un saber-hacer con ciertos puntos y no un saber totalizante.

De esta manera, podemos decir que la cadena falla allí donde aparece lo real. La red se introduce para poder escribir ese falloHay fenómenos que no piden interpretación, sino ubicación.

Si uno se queda con la idea de red significante, ¿cómo da cuenta de aquello que insiste sin entrar en la cadena, de lo que no se articula en el decir pero determina al sujeto? El pasaje hacia la red significante se produjo cuando Lacan profundizó la repetición (más allá del sentido), el estatuto del objeto a, la función de la hiancia y de la falla, y el carácter discreto, contable del rasgo.

La red permite pensar no solo una sucesión, sino una estructura de conexionesespacialidad topológica y no solo sentido, sino puntos de insistencia, agujeros y bordes.

En Los cuatro conceptos…, cuando define el significante como red, Lacan está diciendo: el inconsciente no funciona como un hilo que se sigue, sino como un campo estructurado por cortes, enlaces y vacíos.

Para realizar este desplazamiento, Lacan tuvo que apoyarse en la lógica matemática (Frege, Russell), la topología (superficie, borde, corte), y la noción de escritura. De esta manera, la red es una escritura del inconsciente, no una narración.

¿Qué cambia conceptualmente al pasar de cadena a red?

Cadena significanteRed significante
LinealEspacial / topológica
Primacía del sentidoPrimacía de la estructura
Metonimia y metáforaCorte, borde, punto
DiscursoEscritura
Sujeto efecto del decirSujeto efecto de una localización

Consecuencias clínicas fundamentales

En la red, un significante no vale solo por el anterior o el siguiente, sino por su posición, sus conexiones y sus vacíos.

Clínicamente, el analista deja de apuntar solo a hacer hablar, desplegar la cadena y a producir sentido. Pasa a orientarse por los puntos de fijación, las repeticiones sin sentido, los significantes aislados y los modos de goce que no se encadenan. No se trata de seguir la cadena, sino de leer la red.

La interpretación toma una nueva función: ya no apunta principalmente a revelar un sentido oculto y a completar la cadena, sino a introducir un corte, producir un efecto de desanudamiento o reanudamiento, o tocar un punto real del goce. Por eso la interpretación puede ser mínima, equívoca, incluso una letra.

Otro cambio es el estatuto del síntoma. El síntoma ya no se piensa solo como mensaje cifrado en la cadena. La red invita a pensar su punto de anclaje en ella, una solución singular de anudamiento entre los registros R–S–I, y el modo de escribir un goce.

Esto abre directamente a la clínica de las psicosis ordinarias, los síntomas contemporáneos sin sentido, y las suplencias.

El pasaje de la cadena a la red marca el paso del inconsciente como sentido al inconsciente como escritura.

miércoles, 21 de enero de 2026

Lógica, topología y corte: el inconsciente como concepto escrito

Muy tempranamente, en el escrito La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud, se perfila una orientación que concierne a la consideración topológica del lenguaje, articulada con un abordaje lógico que se sostiene en el carácter discreto del rasgo. Este carácter discreto se funda tanto en el corte que lo instituye como en la posibilidad de lo contable que dicho corte habilita.

En Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, este horizonte se formaliza a través de la definición del significante como una red. Tal definición no es sino la puesta en forma del sustrato topológico antes señalado, en el que se constituye un campo donde la falta puede ser contada a partir de la unicidad del rasgo.

Estas dos coordenadas —lógica y topología— delimitan el marco del concepto de inconsciente. Conviene subrayar aquí el término concepto, entendido ya no como algo que se dice, sino como algo que se escribe. Begriff, pero también Un-Begriff: el pasaje de lo incomprensible al concepto de la falta, o bien de aquello que no se comprende a lo que, por carecer de inscripción, no ingresa en el saber.

Este conjunto de elaboraciones exige una operación inaugural de corte, operación que es a la vez inherente al sujeto y efecto del significante. De allí que no haya sujeto sin corte, articulación que lo sitúa más del lado de la certeza que de la evanescencia.

Considerado desde la perspectiva del inconsciente, este corte se articula con la noción de borde, que se actualiza en la pulsación temporal de apertura y cierre. Es en esta dinámica donde se pone en juego la ranura por la cual un real huidizo se escabulle. La pregunta que se impone entonces desde la praxis es: ¿cómo asirlo?, ¿cómo “cristalizarlo”?

Este interrogante introduce la semilla de una interpelación fundamental, que atraviesa tanto la teoría como la práctica analítica: ¿cómo salir de la necedad?

viernes, 16 de enero de 2026

El Ideal, la identificación y la doble vertiente del significante

En el significante del Ideal culmina un vector que se inicia en el síntoma y que encuentra en la identificación su punto de apoyo. Es la identificación la que viene a sostener ese entramado significante fundamental para la constitución del sujeto y para la puesta en forma del deseo.

Esta identificación se sitúa en relación con la operación del Otro, en la medida en que este no aporta únicamente el pecho como objeto de satisfacción, sino también aquello que Lacan, en el Seminario 6, denomina la signatura: la marca, la firma o rúbrica que da cuenta de la función del orden simbólico como causa material del inconsciente. Desde esta perspectiva, es posible introducir una distinción entre dos niveles o sesgos del significante.

Por un lado, el significante en tanto que, al articularse, produce significación: esta vertiente cae bajo la rúbrica de la significancia y supone el funcionamiento de la cadena significante y sus efectos de sentido. Por otro lado, puede aislarse un sesgo lógico del significante, un modo diferente de la significancia, que incluye la operatoria significante pero disociada del efecto de sentido. Esta orientación se hará explícita cuando Lacan logre separar la letra de lo idealizante de la demanda, conduciéndola a la función de litoral.

Aunque esta formalización se desarrollará con mayor claridad varios años después, sus primeras formulaciones pueden rastrearse ya en el Seminario 3, dedicado a las psicosis. Allí Lacan introduce no solo la noción de significante asemántico, sino también la del acuse de recibo. Este concepto da cuenta de la inscripción que el significante imprime en el sujeto al margen de toda significación: la barra del algoritmo se sostiene aquí en la medida en que se pone en juego la acefalía propia del significante.

martes, 13 de enero de 2026

Significante, repetición y pérdida: del autor al fantasma

Afirmar que “un significante, en tanto tal, no significa nada” le permite a Lacan separar su doctrina del significante del campo de la lingüística. Este gesto implica un vaciamiento: el significante queda reducido a su pura materialidad. Pero, al mismo tiempo, introduce una condición mínima —un “al menos dos”— a partir de la cual la lógica se vuelve posible. Desde ese umbral puede comenzar a leerse la intención en el sujeto, vía la repetición. Se trata de la intención en sentido fuerte, no de las pequeñas miserias del moi. Allí donde hay repetición, ya no es sostenible ninguna ingenuidad.

En 1969, ante la Sociedad Francesa de Filosofía en París, Foucault pronuncia su célebre conferencia ¿Qué es un autor?. El texto despliega múltiples cuestionamientos, pero, de manera sintética, interroga el lugar del autor como agente, apoyándose en los planteos de Roland Barthes y oponiéndolos a una teoría de los discursos que atraviesa su obra. Es un texto notable. No se trata de sostener la propiedad de las ideas —algo que colisionaría con la acefalía del lenguaje—, sino de afirmar la existencia de un trabajo. Puede pensarse al autor como un emergente que vehiculiza algo que lo excede, en tanto responde a un marco epistémico en el que está inmerso. Salvando las enormes distancias entre un autor que puede —o no— hacer escuela y el resto de nosotros, pequeños mortales, la lógica se mantiene: aquello que cada quien logra elaborar es efecto de un trabajo. Eso trabaja al sujeto, y todo trabajo implica un gasto, una pérdida. A diferencia del fantasma, que sostiene la ilusión de una recuperación.

El fantasma es, justamente, el lugar donde se fija eso que el hablante “cree” llevarse del Otro/otro: poca cosa, en verdad. Lacan se ocupa de interrogar ese objeto tan particular. De sus cuatro “enformas”, quizá sea la excrementicia la que vuelve más patente el carácter de resto con el cual el sujeto sostiene su mundo. De allí la pregunta que se impone: ¿qué es necesario perder para poder escuchar? Porque en el fantasma el sujeto es sordo, entre otras cosas, porque aquello que “se lleva” opera como obturación. ¿Qué consecuencias clínicas y éticas podrían desprenderse de esto?

viernes, 7 de noviembre de 2025

Tres letras y un cuerpo: la torsión de lo escrito en Aún

La torsión que introduce Lacan en Aún respecto de lo escrito le permite distinguir con precisión tres modos de la letra: la a, el falo como letra, y el significante de la falta en el Otro. Cada una de ellas delimita un borde distinto, heterogéneo, por lo que el cuerpo deja de pensarse como superficie homogénea: se trata de una topología discontinua, tejida por fallas.

La letra a se enlaza con la falta estructural que funda el deseo, índice del lugar donde el sujeto se constituye como efecto de pérdida.
La letra fálica, en cambio, inscribe la función desde la cual un hablante puede sexuarse, formalizando el modo en que el goce se regula simbólicamente.
La letra que marca la falta en el Otro, finalmente, es la más subversiva, porque introduce una hiancia en el conjunto mismo del Otro, escribiendo allí donde el campo del saber se desgarra.

Estas tres letras, en su diferencia, verifican lo que Lacan definía como la función de borde propia de la letra: escribir un límite, producir una contigüidad entre lo simbólico, lo imaginario y lo real, sin confundirse con ninguno.

Aquí se reactiva una oposición clásica pero siempre fértil en el psicoanálisis: la del significante y la letra.
  • La letra pertenece al orden de lo fuera de sentido; es lo inequívoco que se oye y que a veces obliga a tomar el discurso “a la letra”.
  • El significante, por su parte, es el que encadena: produce serie, sentido, negación, equívoco.

El interés de Lacan no reside en sustituir uno por otro, sino en hacer operar su pasaje: del significante a la letra. En esa torsión se abre la posibilidad del acceso a la enunciación, dimensión que se vuelve patente desde el inicio de L’Étourdit. La letra, tomada del discurso científico, se vuelve aquí un instrumento para diferenciar al psicoanálisis de la lingüística, rompiendo definitivamente la correspondencia entre significante y significado.

En suma, Lacan desplaza lo escrito hacia una función que ya no representa, sino que borda; una escritura que no dice, sino que hace lugar.

sábado, 1 de noviembre de 2025

De la palabra a la escritura: la función lógica de lo escrito en el psicoanálisis

Para hacer posible el pasaje desde lo atributivo hacia lo cuantificacional o modal, Lacan se ve llevado a reformular el campo de la escritura dentro del psicoanálisis. Aunque esta dimensión aparece tempranamente en su obra, asociada a la letra tal como la introduce en “La instancia de la letra en el inconsciente” —donde ya se habla del texto inconsciente—, será necesaria una torsión ulterior que permita diferenciar más radicalmente la escritura del significante.

Podría decirse que existe un eslabón intermedio en este proceso: la interrogación sobre la naturaleza y la estructura del discurso. Lacan cuestiona allí la idea de que el discurso se reduzca a lo decible, para abrir un campo que exceda la palabra.

A partir de ese movimiento —junto con otros desarrollos paralelos—, Lacan logra destacar la distancia entre lo escrito y la palabra.
Del lado de la palabra quedan el campo de la verdad, aquello que se instituyó sobre el fondo de una ficción en el Otro, así como la serie y el discurso entendidos como concatenación significante.
Del lado de lo escrito, en cambio, se produce un viraje decisivo: la letra es retomada desde una perspectiva más lógica que lingüística, lo que habilita la posibilidad de una litoralización, es decir, la inscripción de un borde entre el saber y lo real.

En el Seminario 18, Lacan recurre al ideograma chino como modelo de esta operación: allí la escritura no se pliega a la semántica, sino que interroga la propia función de la significancia. Lo escrito no representa, sino que traza; no dice, sino que hace borde.

Esta reelaboración permite distinguir entre lo real y la verdad, así como entre lo real y lo demostrable. Una cosa es lo que se articula —el campo del decir— y otra muy distinta es lo que se demuestra, el campo de lo escrito. En ese hiato, Lacan sitúa la función de la escritura como una lógica suplementaria, una forma de suplir la ausencia de estructura allí donde el lenguaje, por sí solo, no alcanza.

miércoles, 22 de octubre de 2025

La marca del significante: entre el Ideal y la identificación

En el significante del Ideal culmina un vector que parte del síntoma y en el cual se inscribe una identificación.
Esta identificación funciona como soporte del entramado significante esencial para la constitución del sujeto y del deseo.
Se ubica, estructuralmente, en relación con la operación del Otro, quien no sólo aporta el pecho como objeto de satisfacción, sino también la signatura —esa marca, firma o rúbrica— que manifiesta la función de lo simbólico: ser la causa material del inconsciente.

Este planteo permite distinguir dos niveles del significante.
Por un lado, el significante articulado, que al combinarse produce significación; este nivel corresponde al campo de la significancia y al despliegue de la cadena.
Por otro, se puede reconocer un sesgo lógico del significante, que concierne a su pura operatoria, desligada del efecto de sentido.

Esta segunda dimensión se hace patente, de modo contundente, en el Seminario 3, donde Lacan introduce la noción de “acuse de recibo”.
Con ella designa la inscripción que el significante imprime en el sujeto, completamente desconectada de la significación.
La barra del algoritmo se sostiene precisamente en este punto: la acefalía del significante.
Dice Lacan: El acuse de recibo es lo esencial de la comunicación en tanto ella es, no significativa, sino significante.

No es menor recordar que la comunicación, ya desde el Seminario 1, figura entre las formas de nominación, y que definirla como inscripción permite esclarecer la relación íntima entre el Ideal del yo y la identificación primaria.
Ambas remiten a un mismo orden de escritura o acta, donde el sujeto queda fijado en el punto donde el significante lo nombra y, al mismo tiempo, lo borra.

martes, 14 de octubre de 2025

El sujeto, el número y la hiancia: lógicas de la alienación

La pulsión circula entre el sujeto y el Otro, posibilitando tanto reciprocidades en el plano del enunciado como reversibilidades cuando se considera la demanda en su sesgo pulsional. Recordemos su matema:

$◊D

El significante se produce en el campo del Otro, y este punto remite a lo trabajado por Lacan en De un discurso que no fuese del semblante: la producción del significante delimita un campo que, al mismo tiempo, lo demuestra.

Un primer movimiento surge de esa producción: el inconsciente se inaugura al cerrarse. En el mismo gesto, por efecto de la alienación, el sujeto se petrifica en un significante —adviene al ser en la medida en que desaparece.

El S1, al fijarlo, introduce el fading subjetivo: el significante, en su dimensión letal, produce la desaparición del sujeto al mismo tiempo que lo constituye. Así, el inconsciente se abre en el punto mismo de su clausura; el sujeto surge en el acto mismo de su desvanecimiento.

Conviene entonces interrogar la relación entre afánisis, fading y desvanecimiento: ¿dónde se superponen y dónde divergen estas figuras del borramiento subjetivo?

La novedad que Lacan introduce con el vel alienante consiste en despojar a la alienación de todo matiz filosófico o ideológico. Se trata de una operación lógica: una elección forzada en la que uno de los términos está siempre perdido, y la única pregunta posible es si se conserva o no el que resta.

El sujeto queda así condenado a advenir dividido por el significante, en el pasaje que separa al viviente del sujeto barrado.
Llevar la alienación al terreno de la lógica —vaciarla de sentido, inscribirla como escritura— permite pensar al sujeto y al Otro como conjuntos.
Si la operación que los relaciona es la de la reunión, lo que ambos comparten es el conjunto vacío, figura que expresa la potencia causal de la hiancia.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Del fading al corte: la división del sujeto y su soporte lógico

La división constituye el nudo mismo del sujeto, en tanto lo enlaza a la castración y, esencialmente, a la barradura del Otro. Resulta entonces crucial subrayar la correlación estructural entre sujeto dividido y Otro barrado.

Más allá —aunque nunca prescindiendo— del fading significante, el sujeto puede pensarse como corte, como discontinuidad en lo real. En esta perspectiva, el sujeto no es sólo efecto del significante, sino también respuesta de lo real, una irrupción producida por la huella significante que introduce una ruptura en un campo originalmente homogéneo.

La “acomodación” a esa discontinuidad, tal como Lacan la formula en el Seminario 13, se propone como una prescripción ética para el analista: una exigencia de rigurosidad frente a las formas en que el sujeto aparece.

Ahora bien, ¿cómo se pasa de concebir la división entre significantes a definirla como corte en lo real? Esto se hace posible gracias al armado de una serie que recorre la línea que va desde Descartes, pasando por el surgimiento de la ciencia moderna, hasta llegar a Frege. Dicha serie descansa en el vaciamiento que constituye al sujeto incluso antes de la invención del psicoanálisis, y se sostiene en la inscripción lógica del 0 como 1.

Se trata de la simbolización de un agujero —o de una falla— que, al inscribirse, puede operar como causa material. Ese pasaje va de la connotación a la denotación: se denota la falta, el referente imposible, lo cual introduce el principio de lo no-idéntico consigo mismo. En este marco, el tránsito del fading al corte exige necesariamente una operación que torne inconsistente a la verdad.

sábado, 30 de agosto de 2025

El sujeto en el corte: de la sorpresa a la lógica del significante

Afirmar que no hay sujeto sin corte implica reconocer que la sorpresa le es inherente. Pasmo, desconcierto, extrañeza o incluso confusión no son accidentes, sino testimonios de ese corte que lo constituye, tornándolo solidario de lo inesperado y de lo incalculable.

Situar al sujeto en el corte equivale a desplazarlo desde el estatuto de mero efecto hacia el de discontinuidad en lo real. Y este desplazamiento exige, necesariamente, una reformulación del lugar del significante.

Mientras que la lingüística considera al significante como el término decisivo para la producción de significación, el psicoanálisis se orienta de otro modo: revela la verdad de la relación entre significante y sujeto, porque muestra cómo las vacilaciones del sentido constituyen el punto axial sobre el que se sostiene el discurso. En esta perspectiva, el discurso se apoya menos en lo que transmite como sentido, y más en las discontinuidades que delinean el lugar del sujeto.

Con este gesto, Lacan inaugura una teoría del significante distinta a la de la lingüística. Para esta última, el discurso se ordena en función de la producción de sentido, es decir, bajo un sesgo semántico. Para el psicoanálisis, en cambio, el discurso se organiza por la función lógica del significante, situada más allá de la semántica: primero en relación con la sintaxis, más tarde con la escritura.

Estos dos estatutos del significante, sin los cuales el concepto de sujeto resulta inabordable, conllevan también dos modos divergentes de pensar la significancia. Una vía entiende su horizonte como efecto de sentido; la otra, en cambio, como la implicación de un cuerpo en una economía política del goce.

No obstante, ambas dimensiones pueden anudarse. Al carecer de un significante que lo nombre, el sujeto se aloja en la significación, lo cual queda formalizado en el esquema Rho. Aunque conviene señalar que, en ese momento de la enseñanza, el pasaje del sujeto como efecto a la discontinuidad todavía no se había consumado.

miércoles, 13 de agosto de 2025

Lo femenino, la inconsistencia del campo fálico y la letra más allá del número

Para abordar lo femenino desde la dimensión de un campo, Lacan necesitó poner en valor una inconsistencia que afectara al campo fálico. Esto no es posible sin trascender lo imaginario del atributo, base de todas las imaginarizaciones de la castración. Uno de los sesgos desde los que se aborda esta cuestión es lo que denomina “inexistencia”.

El recurso elegido para pensarla es el conjuntista. ¿Por qué Lacan llama significante tanto al conjunto como al elemento que en él se inscribe? Esto introduce una distancia entre el Uno del conjunto y el Uno del elemento. Usar el mismo nombre para dimensiones tan distintas permite interrogar al conjunto desde su propia autoaplicación, lo que implica un trabajo sobre el impasse.

Su estudio sobre el conjunto, con el fin de delimitar aquello que le sirve de tope —inconsistiéndolo e indemostrándolo— se apoya en la teoría de conjuntos aplicada a los números enteros y naturales. A través de la diagonal de Cantor, es posible situar un término imposible de numerar, es decir, que no puede incluirse en la serie. Surge así la pregunta: ¿lo no enumerable y lo no contable son lo mismo? Cantor muestra que se puede precisar el lugar de un número que, sin embargo, no figura en la serie. Se trata, en definitiva, de interrogar si un conjunto infinito puede o no ser enumerado.

Este trabajo, apoyado en la genialidad de Cantor, se traslada a la estructura del conjunto entendido como el Otro —sede del significante— para demostrar la imposibilidad de asignar una cardinalidad que lo cierre. Si el elemento recibe el mismo nombre que el conjunto, ¿puede ese elemento clausurarlo y hacerlo universo?

La respuesta es negativa. Por ello, Cantor recurre a la letra para cerrar aquello que el número no puede. Es la letra más allá del significante la que abre una vía de respuesta a la pregunta de por qué Lacan se apoya en ella, más allá de lo serial de la cadena.

viernes, 25 de julio de 2025

El surgimiento del significante: entre huella, borramiento y lectura del Otro

Existe una paradoja —fecunda pero esquiva— en el pensamiento de Lacan: afirmar al mismo tiempo que el significante preexiste al sujeto y, a su vez, que es el significante lo que constituye al sujeto. Por un lado, el significante preexiste como materialidad del lenguaje, que espera al sujeto incluso antes de su llegada. Por otro, el significante se vuelve causa material tanto del inconsciente como de la división subjetiva, en la medida en que se inscribe en el campo del Otro y funda allí su eficacia.

Entonces, ¿de dónde surge el significante? ¿Qué hace posible su inscripción en el lugar del Otro? Lacan aborda esta cuestión a partir de un recorrido que va desde la idea de una simbolización entendida como desnaturalización —producto de la preexistencia de lo simbólico— hasta una concepción en la que el significante deviene del trazo, consecuencia de un borramiento inaugural.

Este pasaje desde la huella hacia el significante requiere de una operación lógica: el borramiento que delimita un lugar. La huella, inicialmente equiparada al trazo o la marca, comienza a diferenciarse en la medida en que se conceptualiza la función del significante no solo desde su inscripción, sino desde su posibilidad misma de surgir.

Así, el significante no simplemente "está ahí", sino que adviene: emerge como tal a partir de una operación de lectura por parte del Otro. No hay borramiento sin palabra; es decir, no hay constitución del significante sin una instancia que lea y articule esa marca.

En términos sincrónicos, esta operación de borramiento produce una división fundamental dentro del campo de la repetición. Por un lado, está la repetición de una diferencia radical —una pura diferencia que inaugura—, y por otro, la repetición que se articula en torno al síntoma, es decir, una repetición estructurada, significada y atrapada en un circuito determinado.

martes, 15 de julio de 2025

Del sin sentido al fantasma: estrategias del sujeto ante la caída del Otro

Cuando se hace foco en la contingencia, el efecto del significante se revela inseparable del sin sentido, noción clave en la concepción lacaniana del orden simbólico. La idea de significancia fue introducida por Lacan para señalar que el significante, por su mera articulación, produce significación. Sin embargo, también advierte que ese mismo significante, por su ambigüedad constitutiva, puede significar más de una cosa e incluso engañar. Es decir, el sentido no es garantía sino efecto, y su proliferación se sostiene sobre un fondo de opacidad.

Este sin sentido no es un accidente, sino algo inherente al funcionamiento mismo del significante. El sujeto queda así atrapado en esta lógica, especialmente cuando el Otro —en tanto garante de verdad y consistencia— vacila o se desmorona. Es precisamente en este punto donde Lacan ubica la función del fantasma y del objeto a que lo sostiene.

Allí donde el sin sentido abre un abismo, el fantasma aporta una ficción que estabiliza. El objeto, en tanto soporte imaginario del fantasma, ofrece un anclaje que rescata al sujeto del fading. Como dice Lacan en el Seminario 6:

...en el fantasma, el objeto es el soporte imaginario de esa relación de corte en que el sujeto ha de sostenerse dentro de ese nivel, lo cual nos induce a una fenomenología del corte”.

El objeto funciona entonces como soporte ficcional, anudando al sujeto en una posición desde la cual puede situarse a orillas del inconsciente. Es en este borde —que no es interior ni exterior— donde opera la nominación como acto que delimita un lugar posible para el sujeto, aún cuando este no pueda ser plenamente nombrado. La nominación, así entendida, no clausura la falta, sino que la inscribe como corte, marcando un punto de inscripción que hace posible el alojamiento subjetivo.

En este marco, el fantasma se constituye como una especie de campamento simbólico desde el cual el sujeto se resguarda ante la caída del Otro y la irrupción pulsional que dicha caída trae consigo. Funciona como una matriz de sentido que permite elaborar estrategias defensivas frente a la angustia estructural y a la inconsistencia del Otro.

jueves, 10 de julio de 2025

El valor performativo de la palabra y la lógica del significante en psicoanálisis

La palabra tiene sentido en tanto se articula con el Otro, entendido como el lugar en el que puede enunciarse la verdad. Sin embargo, este enunciado no se reduce a una afirmación descriptiva, sino que se define por el efecto performativo del significante: en la medida en que se inscribe en el campo del Otro, la palabra se sostiene como verdadera.

Este enfoque fundamenta varias de las elaboraciones de Lacan, desde sus primeros textos —como Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis— donde se plantea que la verdad es aquello que ha atravesado al Otro, hasta las formulaciones posteriores sobre los valores discursivos de verdad y la articulación de los enunciados en un sujeto.

¿En qué consiste entonces la tarea del análisis? Precisamente en desestabilizar esta relación, permitiendo que emerja el soporte significante que subyace, a través de los mecanismos de la metáfora y la metonimia. Aquí adquiere especial importancia la noción de punto de capitón —o “almohadillado”—, ese nudo necesario que anuda los significantes con ciertos sentidos, precisamente porque no existe una correspondencia natural entre significante y significado.

Ahora bien, si retrocedemos un paso más, nos encontramos con un axioma fundamental que sostiene no sólo el discurso, sino el campo mismo del significante: ningún significante puede significarse a sí mismo. Esta afirmación permite distinguir de forma clara el estatuto del significante en psicoanálisis respecto del que ocupa en la lingüística. Mientras que en la lingüística el significante se ordena en la cadena discursiva para producir sentido —es decir, tiene un valor semántico—, en psicoanálisis adquiere un valor lógico, más próximo a la letra, que roza lo fuera de sentido.

Desde esta perspectiva, se justifica la aparición de ese elemento adicional, ese +1, que marca la imposibilidad de una totalización. Este elemento no puede ser incluido plenamente en el conjunto; solo puede bordearlo, y es precisamente en ese borde donde adquiere su valor nominativo.

viernes, 30 de mayo de 2025

La escritura como suplencia del referente: entre significante y castración

En el campo del psicoanálisis, el concepto de significante adquiere un estatuto particular que permite marcar una distancia con otras tradiciones. No es equivalente afirmar que la relación entre significante y significado es arbitraria —como en la lingüística— a sostener que el significante carece de referente. Si bien ambas formulaciones son válidas, responden a contextos distintos y problemáticas disímiles.

La primera se inscribe en el campo de la significancia como efecto de sentido: es la producción de sentido por encadenamiento de significantes. En cambio, cuando se plantea que el significante no tiene referente, se introduce una dimensión que pone en cuestión la posibilidad misma de inscripción de lo real. Allí donde el discurso apela a un referente, lo que responde es un vacío. Esa ausencia es precisamente lo que Lacan formaliza con el axioma: “No hay relación sexual”.

Ante la falta de esta cópula imposible, ¿qué puede operar como suplencia? La escritura.

La escritura, en su carácter “peliagudo” —difícil, escurridiza, problemática—, se presenta como una operación que desborda tanto el sentido como la ontología. En la tradición ontológica, el ser ocupa la función de la cópula: une sujeto y predicado, da consistencia a lo que es, permite afirmar una propiedad. Pero en la enseñanza de Lacan, la escritura rompe con esa lógica de la atribución. No sólo afecta la consistencia del ser, sino que también socava la estabilidad del predicado. Se produce así un vaciamiento: no ya la esencia de las cosas, sino las cosas en tanto significantes.

Este giro, que también funda el acto performativo de la ciencia, encuentra en el discurso analítico una torsión radical. ¿Qué produce el discurso analítico al escribir? Una demostración de lo imposible. Las fórmulas de la sexuación no son descripciones, sino producciones que muestran que la relación sexual no cesa de no escribirse.

Desde esta perspectiva, hombres y mujeres no existen como entidades plenas, sino como valores simbólicos, efectos del significante. La falta de referente con la que comenzamos se revela como la huella de lo que escapa al discurso, de aquello que no puede ser sostenido por el semblante.

miércoles, 30 de abril de 2025

El campo analítico y el anudamiento del sujeto en la cadena significante

El campo analítico se define como el territorio de una praxis, no como una teoría abstracta ni una técnica estandarizada. Sus coordenadas se sostienen a partir de un tratamiento específico del significante, concebido no en su valor semántico (de sentido), sino en su función lógica y estructural.

Desde esta perspectiva, el significante no representa algo, sino que estructura un lugar: el del sujeto. Así, el sujeto no se define como una identidad estable, sino como un efecto de la cadena significante, es decir, de una secuencia donde lo que se despliega es lo intervalar, la lógica de la diferencia, y sobre todo, de la falta.

Lacan lo formula con claridad al inicio de su construcción del grafo del deseo:

…[el grafo] nos servirá para presentar dónde se sitúa el deseo en relación con un sujeto definido a través de su articulación con el significante.”

Uno de los puntos estructurantes de dicho grafo es el llamado punto de capitón (point de capiton), que cumple una función decisiva en los vínculos entre el significante y el significado. Se trata de una operación de anudamiento, gracias a la cual se detiene el deslizamiento indefinido de la significación. Es decir, esos puntos sirven como nudos, que estabilizan provisoriamente el sentido y permiten que el sujeto haga pie en el campo del Otro.

Este punto de capitón o punto de “basta” puede pensarse desde dos perspectivas complementarias: diacrónica y sincrónica.

  • En su dimensión diacrónica, el punto de basta se sitúa a nivel de la frase, como ese término final que cierra el campo de la significación. Allí actúa como una puntuación simbólica, que da forma y sentido retroactivo a lo dicho, y remite directamente a la función del Otro como garante del sentido.

  • Desde una perspectiva sincrónica, en cambio, su función es menos visible, más próxima al campo del lenguaje. Aquí se trata de una atribución originaria, un momento en que se efectúa una sustitución simbólica entre la necesidad y el significante. Lacan retoma este mecanismo de la formulación freudiana de “La negación”, y lo reinterpreta más adelante en términos de nominación: un acto por el cual algo recibe existencia simbólica al ser nombrado.

En suma, lo que el grafo y el punto de capitón ponen en juego no es solo un esquema técnico, sino una lógica del sujeto: el modo en que éste puede inscribirse en el campo del Otro, encontrar un punto de anclaje en una cadena que, por estructura, lo excede.

viernes, 11 de abril de 2025

Del significante a la letra: el giro lacaniano hacia el borde

Una de las preguntas centrales que orienta los desarrollos de Lacan es: ¿qué límite encuentra el significante que lo lleva, ya tempranamente, a virar hacia la letra? La respuesta no se deja esperar: hay en la estructura significante algo que falla, y ese fallo se vuelve insostenible cuando se trata de abordar lo real. Es en ese punto donde la letra irrumpe como un recurso que excede la cadena significante.

Lacan, en el Seminario Aún, asocia la letra con lo axiomático en tanto abusivo. Habla incluso de un “abuso de autoridad” que puede pensarse en relación a la función de designación propia de la letra. A diferencia del significante, que remite por deslizamiento, la letra marca, designa, instaura. Hay algo en ella que no busca significar, sino fijar.

Tres matemas distintos —el objeto a, el Φ (falo simbólico) y el significante del Otro barrado (S(Ⱥ))— permiten pensar esta función de la letra en el inconsciente. Cada uno de estos elementos inscribe un borde distinto, y lo hace de maneras diferentes. Pero todos coinciden en que la letra no pertenece al campo del sentido, sino que opera como borde, como escritura del límite.

A diferencia del significante, que se encadena, forma series, y en ese movimiento produce equívocos y malentendidos, la letra es literal, inequívoca. Es, como dice Lacan en L'Étourdit, aquello que se escucha en lo que se dice, sin necesidad de ser interpretado.

Este giro hacia la letra no sólo agrega un nuevo recurso teórico, sino que reformula la manera en que Lacan lee al significante mismo. Ya no se trata simplemente de dos órdenes (significante y significado) separados por una barra —como en el algoritmo saussuriano—, sino de pensar esa barra como escritura de un corte, como inscripción de una falta.

Por eso, no es equivalente afirmar que el vínculo significante/significado es arbitrario, que decir que el significante carece de referente. Lo primero remite a la convención del lenguaje; lo segundo, a una imposibilidad estructural. Es esa imposibilidad la que se escribe en el axioma "No hay relación sexual": una falta estructural de relación que requiere de una función que haga de cópula allí donde no la hay. Y esa función es precisamente la de la letra.

jueves, 3 de abril de 2025

El sujeto y la cadena significante: una estructura en movimiento

La praxis analítica se sostiene en la función estructurante del significante, lo que introduce una noción clave: la heteronomía. Este concepto señala que el sujeto no puede separarse de la cadena significante, la cual se articula en el lugar del Otro.

De hecho, cuando algo en esta cadena se desengancha, se produce una conmoción subjetiva que muchas veces motiva una consulta con un psicoanalista. Este desajuste revela la imposibilidad de abordar al sujeto del inconsciente sin considerar su entramado significante, pues su identidad se constituye en relación con el discurso del Otro.

Lacan lleva esta idea aún más lejos, mostrando que el inconsciente no es solo una sucesión lineal de significantes, sino que responde a una lógica discursiva más compleja. Es decir, la articulación significante no solo se inscribe en el lenguaje, sino que también lo desborda, permitiendo la emergencia de algo que no es enteramente verbalizable.

Para explicar esta estructura, Lacan introduce dos dimensiones fundamentales:

  • La sincronía: Un eje de simultaneidad, donde los significantes coexisten en una red de relaciones estructurales.

  • La diacronía: Un eje de sucesión, donde los significantes se despliegan en el tiempo y adquieren sentido por contraste con otros.

Esta articulación puede compararse con un pentagrama musical, donde la estructura no tiene un único centro fijo, sino que depende de la relación entre distintos elementos en diferentes niveles. La diacronía, además, introduce la dimensión de la historia, permitiendo que cada significante se defina por lo que los demás no son, es decir, por su valor diferencial dentro del sistema.

Así, el sujeto del inconsciente no es un ente estático, sino una estructura en movimiento, atrapada en la red significante que le da forma y que, al mismo tiempo, puede trastocarse, provocando efectos tanto de sentido como de goce.

sábado, 29 de marzo de 2025

El significante del ideal y su función fundante

En el grafo lacaniano, el Ideal es el punto donde culmina un vector que parte del síntoma y en el cual se establece una identificación. Esta identificación actúa como soporte del entramado significante esencial para la constitución del sujeto y del deseo. Se sitúa en relación con la operación del Otro, que no solo provee el objeto de satisfacción (el pecho) sino también la “signatura”: una marca que encarna la función de lo simbólico como causa material del inconsciente.

Este planteo permite diferenciar dos niveles del significante. Por un lado, su articulación genera significación, lo que se inscribe bajo la lógica de la significancia y la cadena significante. Por otro, existe un sesgo lógico del significante, que implica su operatoria desconectada del efecto de sentido. Este aspecto se hace evidente en el Seminario 3, donde Lacan introduce el concepto de “acuse de recibo”, señalando la inscripción que el significante deja en el sujeto, sin relación con la significación.

En esta línea, la barra del algoritmo lacaniano se sostiene en la medida en que esta dimensión pone en juego la acefalía propia del significante. Lacan ya había abordado la comunicación en el Seminario 1 como una de las formas en que opera la nominación. Concebirla como inscripción revela la estrecha relación entre el Ideal del yo y la identificación primaria, ya que implica una escritura, un acta fundante.

Así, el significante del Ideal opera en el sujeto como un acto creador, dotado de un valor instituyente. Al referirnos a este significante privilegiado, nos situamos en el ámbito de las operaciones primordiales que constituyen al sujeto del inconsciente. Específicamente, este significante es clave en la instauración de la demanda dentro de la relación entre el sujeto y el Otro, y sin demanda, no hay posibilidad de deseo.

viernes, 28 de marzo de 2025

El significante y su paradoja

Uno de los fundamentos del pensamiento lacaniano es la preexistencia de la estructura del lenguaje. Sin embargo, esto introduce una paradoja esencial: aunque el significante ya existe, debe también emerger en el sujeto.

Para abordar esta paradoja, Lacan propone una temporalidad triple, estructurada en tres momentos lógicos que se organizan a partir de dos operaciones fundamentales:

  1. Primer tiempo: la marca.
    En este estadio inicial, el lenguaje deja una huella, un trazo que aún no es un significante, pero que comparte con él una característica esencial: puede ser borrado. Este borramiento es una operación significante, pues permite la aparición del significado.

  2. Segundo tiempo: el lugar.
    Cuando la marca es borrada, queda su lugar. Aquí emerge una dimensión topológica clave: el lugar del Otro, que antecede y espera al sujeto.

  3. Tercer tiempo: la emergencia del significante.
    El significante surge cuando ocupa un lugar en el Otro. De este modo, la paradoja se reafirma: el significante es producto del borramiento, pero al mismo tiempo, el borramiento es en sí mismo una operación significante.

Desde esta perspectiva, si entendemos el borramiento como una forma de vaciamiento, podemos definir el significante como aquello que tiene la consistencia de un vacío. No posee sustancia ni significado propio, sino que se enlaza con otros significantes en una cadena, formando anillos que constituyen el entramado simbólico del sujeto.