lunes, 31 de marzo de 2025

La función fantasmática de la repetición

Allí donde la complementariedad del goce sexual es imposible, el fantasma surge como una satisfacción supletoria. Lacan, en su esfuerzo por formalizar esta imposibilidad, retoma el concepto freudiano de Lustgewinn (ganancia de goce) para explicar cómo el fantasma opera como un plus que compensa dicha carencia.

Esta ganancia de goce está íntimamente ligada al recorte significante y a la repetición, lo que lleva a una cuestión fundamental: ¿cuál es la función del fantasma en la repetición?

Por un lado, esta repetición puede transformarse en un exceso, una carga que sobrepasa al sujeto y que, en algunos casos, lo lleva a consultar a un psicoanalista. Es en este punto donde el psicoanálisis interviene: mediante el equívoco y el malentendido propios del significante, se puede desmontar la fijeza del fantasma y su rol en sostener lo imposible de la relación sexual.

Sin embargo, hay otra dimensión de la repetición que escapa a lo que puede conmoverse por la interpretación. Se trata de la repetición estructural, aquella que responde a lo que el significante “no cesa de no escribir”, es decir, a lo que persiste más allá del principio de contradicción.

Lacan se sumerge en esta problemática entre los Seminarios 14 y 15, trabajando con las tablas lógicas de verdad para encontrar una lógica que pueda abordar lo real. Desde esta perspectiva, el fantasma no es una simple formación del inconsciente, sino una escritura en sentido lógico, una articulación que sostiene dos dimensiones simultáneas:

  • Un valor de verdad, al inscribirse en la estructura del sujeto.

  • Un valor de goce, al operar como soporte de una economía política del goce, distribuyendo y fijando el exceso de satisfacción.

En este sentido, el fantasma no solo organiza el deseo, sino que también captura y obtura el goce, delimitando los modos en que el sujeto se engancha a su repetición.

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