viernes, 30 de enero de 2026

Privación, falta en el Otro y el camino hacia la castración real

Lacan constata en la praxis analítica que la falta no concierne únicamente al sujeto, sino que alcanza también al Otro. A partir de esta verificación, formaliza el modo en que la hiancia incide en la estructura del Otro, haciendo aparecer la noción de privación, la cual ocupa un lugar pivote en la estructura de la identificación. La identificación resulta así condición de posibilidad para el emplazamiento de ese lazo que sostiene al sujeto en su existencia.

La privación introduce, a su vez, una torsión específica del estatuto del falo, que se sitúa más allá de la operación obturante de la significación fálica. Desde esta perspectiva es posible distinguir, al menos, dos registros: por un lado, φ en tanto valor y entramado fantasmático; por otro, el falo como significante, en tanto objeto de la privación, homologable al significante de la falta en el Otro e indisociable del deseo como presencia real.

Cabe entonces interrogar si este anudamiento entre el falo como significante y el significante de la falta en el Otro no constituye el punto de partida que conduce a Lacan a la formulación de la castración real. En efecto, allí se establece una oposición decisiva entre lo real y aquello que Lacan denomina las “amarras” del sujeto: una tensión estructural entre lo imposible y el artificio que le sirve de sostén.

En relación con esta cuestión, parece delinearse en la elaboración lacaniana una bifurcación en dos vías o series de articulaciones. Por un lado, se encuentra la incidencia de lo simbólico en la privación, esa “inherencia de un −1” que Lacan formaliza en Subversión del sujeto…, y que permite escribir, en términos de falta, aquello que no entra en la cuenta. Por otro lado, se perfila una radicalidad distinta, condensada en el matema del significante del Otro barrado: una dimensión económica que, retomando a Freud, se inscribe como factor traumático.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario