Una de las preguntas centrales que Jacques Lacan formula en el seminario El Seminario, Libro 10: La angustia concierne a la naturaleza de la castración. En ese marco, propone una reformulación que busca situarla más allá de sus formas metaforizadas. Interrogar su estatuto implica, precisamente, desprenderla de esas mediaciones simbólicas para aislar lo que en ella opera como tal: un corte.
Un primer modo de precisar este corte aparece en la distinción entre el menos phi y el objeto a. La castración, en esta perspectiva, ya no se reduce a la falta fálica representada por el menos phi, sino que encuentra en el objeto a el producto mismo de esa operación de corte.
Esto permite establecer una diferencia fundamental entre el objeto a y el campo de los objetos en su pluralidad. En este último se incluyen, por ejemplo, los objetos implicados en el estadio del espejo, las identificaciones al otro imaginario, los fenómenos de transitivismo infantil, así como los objetos libidinales y de amor. Se trata de objetos que pueden ser compartidos, intercambiados y contabilizados, quedando así inscriptos en una lógica dialéctica que introduce rivalidad y competencia.
En cambio, el objeto a —aun en sus diversas modalidades— es previo a la constitución del “objeto común”, lo que da cuenta de su heterogeneidad respecto de ese campo. No se trata de un objeto intercambiable ni plenamente simbolizable, sino de algo que responde a otra lógica.
Su articulación con el corte se hace visible en las formas en las que se presenta: el pecho, el escíbalo, la mirada, la voz y el falo. Estas configuran distintas modalidades de una pérdida, de un recorte que puede pensarse a partir del término alemán Verlust, que remite a la idea de pérdida, daño o merma.
Esta serie anticipa, además, el tratamiento de la castración que Jacques Lacan desarrollará en Aún, donde la sitúa en relación con una anomalía que afecta al campo del goce.
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